La apuesta del presidente Donald Trump al ordenar aranceles a todos los países del mundo era que, con ellos, Estados Unidos iba a reducir las importaciones, cerrar el creciente déficit comercial en bienes y estimular un renacimiento manufacturero en el país.
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A casi un año de su polémico giro, las cifras oficiales sugieren que el experimento no está produciendo los resultados esperados.
De acuerdo con nuevos datos divulgados por el buró para el Censo y el buró para el Análisis Económico de EE. UU., a lo largo de 2025 las importaciones, lejos de reducirse como se anticipaba, se expandieron 4,7 por ciento frente a 2024, cuando aún no estaban plenamente en vigor los nuevos aranceles, que fueron anunciados en abril de 2025 y aplicados progresivamente a lo largo del año pasado
En términos absolutos, las compras externas de bienes y servicios alcanzaron 4,3 billones de dólares, un salto significativo para una política cuyo objetivo central era justamente frenar el flujo de productos extranjeros.
Las exportaciones también crecieron 3,4 billones de dólares. Foto:Getty Images via AFP
Las exportaciones también crecieron (6,2 por ciento, hasta US 3,4 billones de dólares), pero ese incremento no obedeció al impulso manufacturero que buscaba la Casa Blanca.
El motor de esa mejora fue, sobre todo, el sector de servicios, donde EE. UU. mantiene una ventaja estructural en áreas como la tecnología, las finanzas y la propiedad intelectual. En otras palabras, si el déficit total bajó levemente, no fue porque el país produjera y exportara más bienes sino porque vendió más servicios, un rubro que no está en el centro de la cruzada arancelaria.
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Déficit en mercancías marca un récord histórico en EE. UU.
En el ámbito de los bienes físicos, el panorama fue distinto.
En 2024, antes de que la nueva política arancelaria estuviera plenamente desplegada, el déficit comercial total de bienes y servicios fue de 903.000 millones de dólares. En 2025 cerró en 901.000 millones de dólares, con una variación mínima.
Pero el dato clave está en la composición.
El déficit en bienes, la métrica que el presidente ha señalado repetidamente como símbolo de vulnerabilidad económica, alcanzó los 1,24 billones de dólares en 2025, el nivel más alto registrado en términos nominales desde que existen series comparables modernas.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Foto:AFP
Es decir, con respecto al año inmediatamente anterior, y pese al endurecimiento arancelario, el desequilibrio en mercancías no se redujo, sino que se amplió hasta marcar un récord histórico.
¿Por qué ocurrió lo contrario de lo prometido por Trump tras declarar guerra comercial?
Una parte de la explicación es estructural. Las cadenas globales de suministro no se desmontan de la noche a la mañana. Ante el aumento de aranceles, muchas empresas no trasladaron la producción de regreso a EE. UU., sino que reconfiguraron proveedores.
Mientras las importaciones desde China cayeron casi 30 por ciento, hasta su nivel más bajo desde 2009, el comercio con Vietnam, India, México y otras economías del sudeste asiático alcanzó cifras récord. Dicho de otra manera, el comercio no se contrajo, cambió de ruta.
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A ello se sumó el “efecto inventario”. Tras la elección presidencial y ante la amenaza de aranceles más altos, muchas compañías adelantaron sus importaciones, lo que generó picos temporales. Luego hubo ajustes, pero el nivel estructural de compras externas se mantuvo sólido.
Y también influyó la propia composición de la economía estadounidense. Electrónicos, semiconductores y equipos ligados a centros de datos, impulsados por la expansión de la inteligencia artificial, siguieron ingresando al país, en parte porque recibieron exenciones o quedaron fuera de los gravámenes más severos.
Lo mismo ocurrió con ciertos productos farmacéuticos. Es decir, la demanda interna de insumos estratégicos no desapareció con los aranceles.
Mientras tanto, el renacimiento industrial prometido no se materializó a corto plazo. De hecho, el sector manufacturero perdió más de 80.000 empleos durante el 2025 y no se produjo una relocalización masiva de plantas productivas.
El renacimiento industrial prometido no se materializó a corto plazo. Foto:Carlos Arturo García M.
El impacto para el consumidor tampoco fue marginal. Un estudio del Banco de la Reserva Federal de Nueva York concluyó que la mayor parte del costo de los aranceles fue absorbida por empresas y hogares estadounidenses.
La tasa arancelaria promedio, según el estudio, terminó en un 16,9 por ciento, la más alta desde 1932.
En el frente bilateral con China, la administración puede mostrar buenos resultados, pues el déficit se redujo hasta 202.000 millones de dólares, el menor en más de dos décadas. Sin embargo, economistas señalan que esa caída fue compensada por el aumento del déficit con otros socios asiáticos, lo que refuerza la idea de que la política no eliminó las importaciones, sino que las redistribuyó.
El fallo que complicaría aún más cálculos comerciales de Trump
Hay un factor adicional que complica aún más tanto los cálculos como el futuro de la política comercial de Trump.
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La Corte Suprema de Justicia dictaminó este viernes que el presidente excedió su autoridad al imponer aranceles a muchos países del mundo utilizando la ley de emergencia económica.
Una decisión deja en vilo parte del andamiaje arancelario de la administración.
Funcionarios de la administración han anticipado, sin embargo, que recurrirían a otras bases legales para imponer nuevos aranceles que sustituyan a los anulados, lo que prolongaría la incertidumbre para empresas e importadores.
A casi un año del giro arancelario, el balance es incómodo en términos de la promesa original, pues EE. UU. sigue importando más de lo que exporta en bienes, y el renacimiento manufacturero nada que se materializa.
De momento, lo que se desprende de las nuevas cifras oficiales es que, más que una contracción del comercio mundial o un fortalecimiento de la producción estadounidense, lo que ha ocurrido es una reconfiguración de sus rutas con incrementos en los precios que han terminado pagando productores y consumidores estadounidenses.
SERGIO GÓMEZ MASERI – Corresponsal de EL TIEMPO – Washington – @sergom68
















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