Cientos de aviones de combate, bombarderos y aeronaves de abastecimiento en vuelo, miles de drones y decenas de plataformas lanza-misiles, dos gigantescos portaviones, una docena de destructores y media más de buques de combate se han sumado en los días recientes al dispositivo militar establecido de tiempo atrás en las ocho grandes bases estadounidenses del Medio Oriente. Se trata del mayor despliegue aeronaval en la región desde la invasión a Irak, ordenada en 2003 por el entonces presidente George W. Bush.
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Para la mayoría de los expertos, no falta mucho para que Donald Trump ordene un ataque. El 19 de febrero, el mandatario fijó un plazo de entre 10 y 15 días para que el régimen de los ayatolas acepte sus exigencias y suspenda el programa nuclear, lo que incluye dejar de enriquecer uranio, así como parar la reconstrucción de las instalaciones atómicas bombardeadas por las fuerzas estadounidenses en junio del año pasado.
Los servicios de inteligencia occidentales creen que si bien esos ataques destruyeron emplazamientos claves para el enriquecimiento de uranio y el montaje de proyectiles con ojivas nucleares, Irán trabaja a marchas forzadas para recuperar esas bases y, lo más grave, guarda bajo singular protección “uranio enriquecido para armar hasta 10 bombas atómicas”, tal y como le reveló hace algunos meses a EL TIEMPO una fuente diplomática en París.
Aunque la operación actual es comparable con la de 2003, “esta vez Washington privilegia fuerzas aéreas y navales, y no parece estar desplegando unidades terrestres importantes”, según la opinión dada este fin de semana a la agencia AP por Seth Jones, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por su sigla en inglés), basado en Washington.
Unas patrulleras y un buque iraní participan en unas maniobras navales en las aguas del sur de Irán. Foto: EFE
Análisis y seguimientos desarrollados por diarios como The New York Times, los franceses Le Monde y Le Figaro, así como por la revista europea Le Grand Continent, concluyen que el número de aviones militares estadounidenses en la zona se ha multiplicado en pocas semanas. Solo en la base Muwaffaq Salti, en Jordania, los aviones Growler, F-15 y F-16 pasaron de 30 el 18 de febrero a 59 el día 20.
Los aviones de abastecimiento en vuelo disponibles en la región, y en bases cercanas en Europa y el océano Índico, suman ya 108, tres veces más que a inicios de mes, al tiempo que se han unido al despliegue 15 aparatos de apoyo en aeronavegación —estaciones de radar volantes—, fundamentales para guiar a los aviones caza y a los bombarderos.
(…) esta vez Washington privilegia fuerzas aéreas y navales, y no parece estar desplegando unidades terrestres importantes
Seth JonesCentro de Estudios Estratégicos e Internacionales
Según Le Monde, decenas de aviones de transporte C-17 vuelan en ida y regreso entre las bases estadounidenses de Ramstein en Alemania y Lakenheath en el Reino Unido, y los aeropuertos militares que Washington tiene en Arabia Saudita, Baréin, Catar, Kuwait y Emiratos Árabes.
El portaviones USS Gerald R. Ford, que permaneció varios meses estacionado en el Caribe, frente a las costas venezolanas, está ahora en el Mediterráneo oriental, acompañado por tres destructores que transportan más de 5.000 soldados. Otro portaviones, el USS Abraham Lincoln, navega en el golfo de Omán, no lejos del estratégico estrecho de Ormuz, con otros tres destructores de apoyo. Cuando menos otros dos destructores y tres buques de combate patrullan el estrecho y las aguas del golfo Pérsico.
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Costo difícil de asumir
No hay duda: por orden de Trump, la primera potencia militar del planeta está haciendo una descomunal demostración de fuerza. Pero aun así, un ataque contra Irán comporta enormes riesgos para Washington. Así lo concluía un análisis del New York Times a fines de la semana pasada: intervenir en Irán sería “mucho más complejo y prolongado que en Venezuela”.
Lo más delicado, anotaba este fin de semana Juliette Laffont, analista del semanario L’Express, es que la operación “conllevaría necesariamente pérdidas humanas del lado estadounidense, que podrían costarle mucho a Donald Trump de cara a las elecciones de mitad de mandato (en noviembre)”. Laffont interrogó a Alí Vaez, experto del International Crisis Group, quien sostuvo que, para Estados Unidos, “no existe opción militar alguna que sea simple, poco costosa o limpia en el caso de Irán”.
Aunque el régimen iraní no tiene cómo ganarle a Estados Unidos una guerra, su poderoso arsenal de misiles balísticos de corto y medio alcance (algunos como el Sajjil van más allá, hasta 4.500 kilómetros de trayectoria máxima) puede causar graves daños a las bases de Washington en la región y matar a decenas de soldados y de civiles. Teherán también podría lanzar ataques contra Israel, el gran aliado de Trump, y generar allí pérdidas humanas y materiales. “Irán dispone de uno de los arsenales de misiles más amplio y diversificado de Medio Oriente, incluidos drones y poderosas armas antibuques”, detalló Laffont.
El Gerald R. Ford está ahora en el Mediterráneo oriental, acompañado por tres destructores. Foto: EFE
No hay que olvidar que a fines de junio, tras los bombardeos de Estados Unidos a instalaciones atómicas iraníes, los ayatolas respondieron con una lluvia de misiles sobre la base estadounidense en Catar. Todos los cohetes fueron interceptados, salvo uno, que cayó en las instalaciones militares, pero solo causó daños materiales. En esa ocasión, fue un ataque limitado y previamente advertido por Teherán, que deseaba responder a los bombardeos estadounidenses de modo más bien simbólico, y quería evitar que el conflicto escalara.
Pero Irán no solo dispone de armas convencionales: los ayatolas cuentan con una red terrorista de apoyo en toda la región, que incluye organizaciones como Hezbolá, las milicias chiitas de Irak y los grupos hutíes de Yemen, que en el pasado han causado graves daños a objetivos civiles y militares estadounidenses en Medio Oriente.
Otra complejidad del caso iraní es que su régimen lleva casi medio siglo en el poder y, a más de controlar a las Fuerzas Armadas, fundamentales para reprimir cualquier levantamiento popular como ha quedado demostrado a lo largo de al menos dos décadas, cuentan con la fe religiosa de millones de chiitas, con un alto nivel de adoctrinamiento. Aún si en los años recientes miles de jóvenes de los grandes centros urbanos se han alzado contra el gobierno, el régimen mantiene una base popular relativamente significativa.
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Hay grandes diferencias con lo ocurrido en Venezuela con la extracción de Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores. “Una operación copy-paste de la de Venezuela sería más difícil de realizar si el objetivo es la decapitación del régimen”, le explicó a L’Express Sanam Vakil, directora del programa de Medio Oriente del centro de pensamiento Chatham House, basado en Londres. Incluso si fuese posible capturar y extraer al ayatola Alí Jamenei, eso no plegaría al régimen como sí sucedió en Venezuela.
Una operación copy-paste de la de Venezuela sería más difícil de realizar si el objetivo es la decapitación del régimen
Sanam VakilDirectora del programa de Medio Oriente del centro de pensamiento Chatham House
Petróleo al alza
“Irán posee medios de defensa y de respuesta más importantes que los de Venezuela, lo que convierte las operaciones (de Estados Unidos) en algo potencialmente más peligroso, y con el riesgo de desencadenar un conflicto prolongado”, anotaba este lunes, en Le Figaro, el analista Adrian Jaulmes.
Y un conflicto que se alargue elevará considerablemente y por tiempo indefinido los precios del petróleo, algo que podría convertirse en una pesadilla para Trump, porque dispararía la inflación en Estados Unidos en los meses previos a las elecciones legislativas de noviembre, donde los republicanos corren el riesgo de perder el control del Congreso.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Foto:AFP
¿Qué tanto podría subir el precio del petróleo? Desde la primera amenaza de Trump a Irán, a mediados de enero, la cotización del crudo Brent aumentó de 60 a 73 dólares. Pero esa es apenas una muestra. En sus evaluaciones sobre los riesgos de este conflicto, el CSIS de Washington planteó hace algunos días cuatro posibles escenarios de guerra y su impacto en los precios del crudo, que fueron resumidos y analizados por la revista Le Gran Continent.
En el primero, Estados Unidos podría atacar las instalaciones iraníes de exportación de petróleo, como la isla de Kharg en el golfo Pérsico, lo que sacaría del mercado 1,6 millones de barriles al día y podría subir el precio entre 10 y 12 dólares, no solo por el efecto en los mercados, sino por el aumento de las primas de las aseguradoras.
Más complicado sería el segundo escenario, en el que, en respuesta a un ataque de Washington, Teherán afectara las exportaciones de crudo que salen por el estrecho de Ormuz, unos 18 millones de barriles al día. Si Irán lograra afectar un tercio de ese volumen, los precios podrían subir hasta los 90 dólares.
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El precio treparía por encima de 100 en el tercer escenario, en caso de ataques estadounidenses que destruyan de manera durable la capacidad de producción de crudo de Irán. El cuarto escenario es de catástrofe y se daría si, en respuesta al ataque, Teherán optara por destruir instalaciones petroleras de otros países del golfo y golpeara la gigantesca producción de gas de Catar: eso llevaría el precio del crudo a niveles jamás vistos, y elevaría tanto los de gas que, a nivel mundial, subirían los precios de la energía.
Delegados de Trump y del régimen iraní negocian desde hace días, en Ginebra, Suiza. La semana pasada, ambas partes hablaron de “progresos”, pero las respectivas posturas están muy alejadas: mientras Trump ha puesto un plazo de entre 10 y 15 días, los representantes de Teherán quieren comprar meses de lenta negociación.
Altos mandos militares de Irán observando a miembros del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria. Foto: AFP
Este lunes, el editorial de Le Figaro decía, a propósito del despliegue aeronaval estadounidense, que “nadie moviliza un dispositivo militar así de masivo sin intención de utilizarlo”. Y aunque el represivo régimen de los ayatolas indigna a muchos en el planeta, la pregunta es si Trump está dispuesto a pagar el alto costo económico, así como militar e incluso en vidas humanas, de un ataque a gran escala.
Mauricio Vargas Linares
Especial para EL TIEMPO – mvargaslina@hotmail.com / IG: @mvargaslinares
















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