No es necesario saber el nombre de Gabriel Romero para reconocer su pasión por el fútbol. Al menos eso me ocurrió hace varias décadas cuando llegué a la universidad a revisar la lista de admitidos en la Facultada de Comunicación. Al ver mi satisfacción por haber pasado, un personaje que estaba detrás de mí y que a todas luces se dio cuenta de mi condición de primíparo, me preguntó: ¿Pasó? Sí, le dije y luego volvió a indagar: ¿Juega fútbol?
No es necesario saber el nombre de Gabriel Romero para reconocer su pasión por el fútbol. Al menos eso me ocurrió hace varias décadas cuando llegué a la universidad a revisar la lista de admitidos en la Facultada de Comunicación. Al ver mi satisfacción por haber pasado, un personaje que estaba detrás de mí y que a todas luces se dio cuenta de mi condición de primíparo, me preguntó: ¿Pasó? Sí, le dije y luego volvió a indagar: ¿Juega fútbol?
¿De dónde surge la idea de escribir este libro?
Esto tiene pedazos de literatura, pero no es una novela sino un libro de relatos, una autobiografía relacionada completamente con fútbol. Abarca mi niñez, adolescencia, cuando aspiré a ser jugador profesional, mi entrada al periodismo deportivo, y finalmente cuando tuve que mirar el fútbol desde otra perspectiva al dedicarme a otras materias periodísticas.
El libro tiene una gran ventaja: el fútbol se ha contado desde la perspectiva de jugadores, entrenadores, directivos y periodistas, pero no desde la mirada de los hinchas. Creo que la mirada más genuina y sincera es la del hincha, porque no tiene intereses económicos. El hincha ama el fútbol puro, como cuando alguien dice “el arte por el arte”.
¿Hubo alguna inspiración específica para este enfoque?
Sí, estaba viviendo en Australia y una exnovia me mandó el libro Fiebre en las gradas, de Nick Hornby. Llegó de forma curiosa: lo habían dejado en la basura porque no encontraban al destinatario, y alguien del edificio me lo entregó sin conocerme. Al leerlo, pensé: “Hay que hacer un libro así, pero en el contexto colombiano y más amplio”, no solo como hincha de un equipo específico.
¿Cómo fue el proceso de escritura?
Escribí una primera versión en 2003, la llevé a una editorial y fue rechazada. Pero la evaluación que recibí fue tan buena, con observaciones tan acertadas sobre lo que debía corregir, que siempre lo agradecí. Dejé el libro quieto y me dije: “Solo voy a escribir cuando tenga tiempo para pensar las 24 horas del día en el libro”.
Cuando me pensioné, retomé el proyecto. El libro original era muy futbolero, para entendidos, pero le faltaba amplitud y más relato. Tuve que suprimir capítulos, agregar otros, actualizarlo porque se había quedado en el fútbol del 2003.
¿Cómo fue su primer encuentro con el fútbol?
No tengo una fecha exacta. De niño escuchaba a mis hermanos mayores viendo el Mundial del 70, pero era algo distante para mí. Mi verdadero inicio fue en 1969, cuando mi tío Roberto me llevó al estadio a ver a Amadeo Carrizo, un arquero argentino de más de 40 años que jugaba en Millonarios.
Me maravillaba verlo, alto con su boina lila, hacía cosas que otros arqueros no hacían: devolvía la pelota de cabeza, se burlaba de los delanteros, los retaba. Para mí era un ídolo enorme. Mi tío decía: “Camine, vamos a ver al payaso de Carrizo”, y ahí me encantó el fútbol.
Gabriel Romero es una apasionado del fútbol CEET Fotógrafo: MILTON DÍAZ Foto:CEET/ Milton Díaz
¿También jugaba fútbol?
De niño teníamos competencias en las cuadras: los de la calle 25 contra los de la 26, 27, 28. Era muy competitivo. Siempre jugué con gente más grande, a los 14 años ya estaba en cancha grande con personas de 18 a 28 años. No era extraordinario, pero siempre traté de entender a los mayores. Jugué hasta los 42 años en cancha grande, después fútbol 5 hasta el año pasado, que me retiré a los 63.
¿Cuántos mundiales cubrió como periodista?
El Mundial de Italia 90 lo viví como hincha puro. Hice un plan de ahorro para ir cuando Colombia clasificó tras ganar la Copa Libertadores con Nacional. Vi los cuatro partidos de Colombia, incluyendo el empate con Alemania, uno de los recuerdos más hermosos de mi vida.
Cuando Alemania hizo el gol ya faltaba un minuto, bajé la cabeza triste, pero cuando la levanté, Valderrama le tiraba el pase a Rincón. No vi la jugada completa desde mi ubicación, solo cuando quedó solo para empatar. Creo que fue el mejor partido de una selección colombiana en la historia de los Mundiales.
Después estuve en Francia 98, pero ya como periodista. Es diferente. La primera impresión te obnubila tanto por el entorno, los estadios, los aficionados de diferentes países, que no sabes qué escribir. Era ver la reunión del mundo, algo asombroso para alguien acostumbrado a ver solo Brasil o Argentina en Bogotá.
Confesiones de un hincha es una publicación de Editorial Intermedio Foto:Archivo personal
¿Cómo fue llegar al periodismo deportivo sin ser del gremio tradicional?
Cuando llegué como editor de Deportes causó extrañeza porque no me conocían, no me habían visto seguido en los estadios. La prensa deportiva me percibía como alguien que no era de la estirpe tradicional de periodistas deportivos, aunque había soñado con armar algo parecido al Gráfico tanto visual como literariamente.
¿Qué estructura tiene el libro?
Tiene dos partes: una épica, recordando lo anecdótico de mi vida, y otra más filosófica donde me desprendo de la narración personal. Por ejemplo, analizo cómo Zidane hace un gol maravilloso en la final 2006, pero después da un cabezazo; el heroísmo causa destrucción, sube como los dioses pero se autodestruye. La idea es activar al lector, que se pregunte si lo que digo es cierto. No todo lo que escribo es absoluto, es mi perspectiva, pero puede ser contradicha. Quiero que más hinchas se lancen a escribir sus historias, porque cada uno tiene la suya.
¿Qué opina del fútbol femenino?
Las mujeres colombianas han hecho cosas muy buenas. Son más aferradas al orden, a las reglas, más ordenadas tácticamente. Además, cuando enfrentan a equipos grandes como Brasil, a ellas no les da miedo.
¿Cómo ve las perspectivas para el próximo Mundial?
Los favoritos están en Europa. Marruecos será una maravilla, fue cuarto en el mundial pasado. Colombia tiene ventaja con el calor, los jugadores tendrán espacio porque es difícil que el contrario presione sin dejar pensar. En la medida que dejen pensar a Colombia, les puede ir bien. Pero como siempre, es una incertidumbre: podemos ser maravilla o salir en primera vuelta como en el 94.
















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