En el teatro, las palabras de Electra no resuenan como un eco del pasado. Al contrario, su diálogo se transmite como una reliquia antigua pero vigente, cargada de duelo, memoria y rabia. Aunque Sófocles escribió esta tragedia griega hace más de 2.000 años, su fuerza permanece intacta en el teatro Ditirambo, donde renace un personaje que se niega a olvidar el asesinato de su padre y que espera, como única salida, la justicia.
Este 12 de febrero, el montaje de ‘Electra’ por Ditirambo Teatro completa 100 funciones, desde 2023, una marca única para un clásico de la tragedia griega en la oferta teatral colombiana.
La historia de Electra forma parte de la más valiosa esencia del teatro occidental; de las más de 100 tragedias a las que Sófocles dio vida, esta obra parte del mito de la Casa de Atreo, un linaje marcado por la violencia heredada y el crimen familiar.
Este relato fue abordado por grandes autores trágicos de la Grecia clásica: Esquilo, Sófocles y Eurípides, quienes ofrecieron distintas versiones de este mismo núcleo. Sin embargo, es la ‘Electra’ de Sófocles — la que inspira esta puesta en escena — la que ha perdurado como una de las tragedias más intensas sobre dolor, memoria y venganza.
Jairo López interpreta a Ayo y OIga Cecilia Mendoza a Clitemnestra. Foto:Paula Valentina Monroy.
En esta obra, Sófocles construye el drama de Electra y Orestes, quienes buscan vengar el asesinato de su padre, el rey Agamenón, cometido por su madre, Clitemnestra, y el amante de ésta, Egisto.
La tragedia no solo expone un conflicto familiar, sino que abre una pregunta radical: ¿cuál es el límite entre justicia y violencia?
En la puesta en escena dirigida y adaptada por Rodrigo Rodríguez, este trágico núcleo dialoga con el contexto contemporáneo, haciendo de Electra no una estampa del pasado, sino una experiencia viva que atrapa al espectador actual.
Electra, Orestes y Clitemnestra protagonizan una de las escenas más impactantes. Foto:Paula Valentina Monroy
Otras adaptaciones de ‘Electra’ en Colombia
Esta escenificación se inscribe dentro de un número reducido de adaptaciones registradas en el país. Antes de esta versión, existieron al menos dos montajes documentados que retomaron la tragedia de Sófocles en distintos momentos del teatro nacional.
En 1965, el Teatro Experimental de Cali (TEC) presentó una propuesta en escena dirigida por el argentino Roberto Arcelux, en un contexto donde el teatro colombiano comenzaba a abrirse a propuestas experimentales con un fuerte contenido simbólico.
Dos décadas después, en 1985, la obra volvió a escena en el Teatro El Local, bajo la dirección de Dina Moscovici.
Hoy, Rodríguez retoma este clásico en el Teatro Ditirambo de Bogotá, y el próximo 12 de febrero alcanzará este hito importante: su función número 100, consolidándose como uno de los montajes contemporáneos de mayor continuidad alrededor de este clásico en el país.
La puesta en escena de esta obra se sostiene sobre un elenco conformado por cuatro actores: Gabriel González interpreta a Electra, Rodrigo Rodríguez asume el papel de Orestes y coro, Olga Cecilia Mendoza da vida a Clitemnestra, Crisótemis y coro, además de Jairo López que encarna a Ayo, Egisto y coro
(Esta obra) trabaja mucho las pasiones humanas, que no tienen sexo ni época. El amor, el odio, la traición, el comportamiento del ser humano en general».
Rodrigo rodríguezDirector de la obra
Dentro de esta propuesta, uno de los sellos más particulares del montaje es que Electra es interpretada por un hombre, una decisión que remite directamente a los orígenes del teatro griego, cuando las mujeres no podían actuar y los hombres asumían los papeles femeninos, camuflados tras máscaras neutras.
Esta particularidad no solo recupera un hecho histórico, sino que refuerza el carácter simbólico que tiene el personaje: una herida viva acompañada de duelo y venganza.
Para Rodríguez, ‘Electra’ no es solo una pieza clásica representativa del género de la tragedia griega, sino una obra que, como él mismo lo manifiesta, “trabaja mucho las pasiones humanas, que no tienen sexo ni época. El amor, el odio, la traición, el comportamiento del ser humano en general, que aunque ya han pasado más de 2.500 años de escritura original, siguen siendo vigentes.”
Esa lectura se articula con la metodología escénica de Ditirambo denominada “teatro popular mestizo y analógico”, una forma que trabaja desde “la poética de lo popular” que no busca mostrar lo clásico como una pieza solemne, sino transformarlo a través de la analogía y el símbolo.
Con esa premisa, Rodríguez explica que su montaje no intenta recrear un antiguo espectáculo griego, sino mostrar un conflicto emocional que todavía está presente entre nosotros, más allá de épocas y geografías.
Esto se conecta directamente con la resonancia de la obra en Colombia, un país que según el director, las heridas sociales son demasiado visibles. Para Rodríguez, ‘Electra’ pone en escena “lo difícil que a la gente le cuesta perdonar, y al contrario, se vuelve una cadena de más violencia”.
Esta conexión no ha quedado en lo abstracto: la recepción del público lo confirma.
Desde su estreno en 2023, ‘Electra’ ha permanecido en cartelera hasta alcanzar su función número 100, algo inusual para un clásico en la escena local: en un contexto teatral donde muchas obras no pasan de unas pocas funciones, este número habla de una puesta en escena que no solo se ve, sino que se siente.
Al bajar el telón, se corrobora que la vigencia de esta obra no queda solo en el teatro. Al salir, el público no habla de una tragedia lejana, sino de una experiencia.
Electra y Crisótemis, interpretados por Gabriel González y Olga Cecilia Mendoza. Foto:Paula Valentina Monroy. EL TIEMPO
Para John Cárdenas, quien hizo parte de los asistentes, afirma que la obra “fue un viaje bien explicado y fundamentado” que lo sumergió en los personajes; manifiesta que le dejó sensaciones de pánico, angustia y tristeza. Viviana Suaréz, por su parte, destaca “un talento desbordante de cada uno de los integrantes” y confiesa que, aunque se llegue aferrado al libro, el montaje logra explicar “detalle a detalle”.
‘Electra’ no es solo una tragedia antigua: es un espejo emocional que obliga a mirar de frente la violencia heredada, la memoria que no se apaga y la justicia confundida con la venganza.
La obra está en el Teatro Ditirambo el 6 y 7 de febrero a las 7 pm, y el 12 de febrero celebrará su función número 100, a las 2 pm.
Quizás, al salir de la sala, la pregunta que resuene sea: ¿qué hacemos con aquello que no hemos logrado perdonar?
PAULA VALENTINA MONROY SAMACÁ
Escuela de Periodismo Multimedia EL TIEMPO
sampau@eltiempo.com
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