Martha Ortiz Gómez llegó al MAMBO -Museo de Arte Moderno de Bogotá- hace dos años, para suceder a Claudia Hakim en la dirección. Venía de desempeñarse como directora del Laboratorio de Innovación, directora Editorial y VP Editorial Ejecutivo del Grupo El Colombiano de Medellín.
Para hablar de su gestión al frente de la entidad, concedió esta entrevista a EL TIEMPO, vía Teams, en la que anunció que próximamente lanzará ‘MAMBO para siempre’, una estrategia orientada a la consecución de recursos para garantizar la sostenibilidad financiera del museo y asegurar su funcionamiento a largo plazo.
¿Cómo se ha transformado el MAMBO desde su llegada en 2024, qué destacaría de su labor?
El objetivo para mí es que el MAMBO sea una institución sólida, relevante y sostenible. Esa es la razón por la que a mí me traen al MAMBO, precisamente por la experiencia que yo tengo en estrategia y hacer ‘turn arounds’ (que consiste en revertir situaciones y mejorar escenarios). El MAMBO arrastra desde su fundación desafíos legales, financieros y administrativos estructurales y mi meta es resolverlos con mucho rigor, ética y transparencia en compañía de todo el equipo. Entonces venimos trabajando desde esa herencia del pasado conviviendo con el presente y soñando con el futuro. La noticia más especial es que el 10 de marzo lanzamos un ‘endowment’, que es un fondo perpetuo que se llama ‘MAMBO para siempre’. ¿Cuál es la intención de ese fondo? Tras analizar a fondo la situación de los museos en el mundo y en Colombia, se evidencia que solo en el país han cerrado 48 museos en los últimos cuatro años.
Entonces, encontramos dos líneas importantes para la sostenibilidad del MAMBO. Una es un ‘endowment’ y la segunda es el desarrollo de un programa educacional importante. ¿Qué quiere decir eso? Que todo el tema expositivo y curatorial es la joya de la corona, es el imán que atrae las miradas, pero ese sueño necesita esa sostenibilidad alrededor.
Martha Ortiz Gómez, directora del MAMBO (Museo de Arte Moderno de Bogotá). Foto:Cortesía del museo
¿Y en el aspecto financiero?
Financieramente hemos logrado hacer un ejercicio de modernización y transparencia financiera que permita mirar el museo también desde ángulos gerenciales para poder tomar decisiones inteligentes. Legalmente, yo heredé dos demandas del museo, una con ocho años de antigüedad, que resolví el año pasado. Esa demanda le implicó al museo estar embargado prácticamente por 11 meses y convivimos y cumplimos con el público con esta realidad. Ya esta se ha resuelto y la otra espero poderla resolver este año con facilidad. Desde el punto de vista organizacional teníamos un reto importante. El equipo del museo está compuesto por tres tipos de perfiles: personas que son temporales, personas que son empleadas y personas que son contratistas. El número de personas que son empleados cuando yo entré en el 2024 era muy pequeño. Entonces, con la junta directiva hemos entrado en un proceso de formalización de estos contratistas y hoy por hoy yo te puedo decir que de las 30 personas que colaboramos en el museo, si te saco los guardasalas, somos 17 y solo tengo, en este momento, a un contratista porque su contrato aún no se ha terminado para empezar su renovación. ¿Qué te quiero decir con esto? Que hoy el museo tiene prácticamente el mayor volumen de los profesionales bajo un contrato de empleados. Ese es otro tema organizacional importante de formalización.
¿Este año van a tener tres o dos ciclos de exposiciones?
El museo tiene ingresos del gobierno nacional y local, de las becas y de los ingresos propios. Parte de la huella de estos dos años es cómo hacer el museo menos frágil frente a la volatilidad de las tendencias mundiales de financiación de estas entidades. El Museo de Arte Moderno de Bogotá hacía tres ciclos expositivos, en los que se tenía, en principio, un artista local, un artista latinoamericano y un artista internacional, y había un hilo conductor que los unía. Este ejercicio, en un museo que alberga un edificio tan lindo como el de Rogelio Salmona, no es fácil, porque 5.500 piezas de la colección están bajo tierra. Mientras tanto, el museo tiene retos legales, financieros y administrativos serios. Con base en eso, y en que el museo, para hacer estos ciclos, entre ciclo y ciclo cerraba un mes, eso quiere decir que el museo estaba cerrado tres meses al año para que el equipo de curaduría trabajara, lo cual significa que se le estaba quitando el 25 % de los ingresos propios al museo. Eso hizo que tomáramos unas decisiones sin meternos en el tema de a quién sí o a quién no invitar a exponer en el museo. ¿Y cuáles son esas decisiones?
La primera es que, desde finales del año pasado, uno de los tres momentos que tiene el museo es de la colección, porque la gente llegaba al museo y nos dejaba en la recepción constantes preguntas sobre dónde estaba la colección.
La segunda es que la apertura de exposiciones se va a traslapar. ¿Por qué? Para que la gente que vaya al museo nunca encuentre la puerta cerrada y el museo no deje de recibir ese 25 % de ingresos.
La tercera es que se pasa a dos ciclos expositivos, porque la carga logística y financiera es la que ha hecho que ningún otro museo en Colombia hiciera esa osadía. Nosotros simplemente nos alineamos con las tendencias que están tomando todos los museos de nuestro país para ser sensatos con la realidad.
A propósito, el MAMBO acaba de arrancar su primer ciclo de exposiciones con un grupo de cuatro artistas. Cuéntenos sobre los criterios de esta muestra.
Claro que sí. Ya fue la inauguración de Ana María Rueda, que tiene una mezcla muy especial: ella nace en Cartagena y tiene esa libertad que da el mar; se traslada a París y allá es donde se educa en el mundo de las artes, con esa sofisticación que puede representar esa ciudad, y regresa a Colombia en los años 80, donde se encuentra con un país en una de sus peores épocas en cuanto a violencia. Entonces, su proceso artístico obviamente se ve afectado por lo que está viviendo, y esta exposición es una antología de más de 40 años de obra, en la que ella toca estos temas tan difíciles de nuestro país, pero con poesía. Yo creo que esa es una de las razones más espectaculares para visitar esta exposición: porque no es dejar los temas difíciles de lado, sino hablarlos desde un lugar que nos une, desde un lugar que nos conecta, como ese hilo rojo que ella tanto usa.
¿Qué otros temas hay para destacar?
En el tema educativo, el museo tiene una sala educativa preciosa, pero suele mantenerse cerrada porque está muy enfocada en los niños y se abre bajo reserva para algunos colegios. Sin embargo, ahora estamos en un proceso de renovación para que la sala esté disponible de cero a siempre, porque yo insisto en que la gente es muy dulce con los niños, pero no es tan simpática con los mayores. Es una sala que se busca que esté abierta al público mientras el museo esté disponible al público, de tal manera que ese oasis que representa la cultura, o esa oportunidad de aprender que representa la cultura, esté siempre disponible para la ciudad de Bogotá.
Además de eso, hemos hecho alianzas muy especiales. Por ejemplo, en el caso de la tienda hicimos una alianza con la Librería Prólogo, que se está encargando de mantener en el Museo de Arte Moderno de Bogotá un lugar que hable de las artes puras hasta las artes aplicadas, incluyendo a los niños. Lanzamos una línea MAMBO con más de 30 productos propios y hemos traído a más de 30 nuevos proveedores, que estamos presentando no como un objeto, sino como una narrativa; entonces los estamos visibilizando y los estamos invitando. Además de esto, hemos hecho el 100 % de las exposiciones que el departamento de curaduría tenía planteadas para estos días. Hemos lanzado un área nueva, que es el área de alianzas, para estructurar y formalizar, con innovación y procesos de design thinking, la creación de alianzas con personas que pueden ayudar en la sostenibilidad del museo. Esa área hoy es responsable de la Gala del MAMBO, pero también de muchas otras cosas más, que son ideas nuevas que se han creado.
Fachada del Museo de Arte Moderno de Bogotá, MAMBO Foto:ARCHIVO EL TIEMPO
¿Qué otro asunto es importante mencionar o agregar en esta conversación?
Me gustaría contarte, para que veas la sensibilidad de los ingresos. En el 2011 el Ministerio de Cultura le entregó al MAMBO 2.000 millones de pesos. Este año, el ministerio le entrega 250 millones de pesos. Ahí es cuando yo invito a las personas a que abracen el museo y entiendan los significados que las coyunturas implican para hacer sostenibles las instituciones. Tanto la junta directiva como yo estamos actuando con mucha seriedad y compromiso por la sostenibilidad y el futuro de este museo. Pero eso implica ser realistas. Esa es la parte que nadie ve y es muy fácil cuestionar cuando tú no conoces el nivel del reto interior.
Las instituciones culturales tienen que luchar mucho por sobrevivir…
Me gustaría resaltar que, de las deudas que he heredado, ya hay dos canceladas con bancos y otra cancelada con un proveedor; eran deudas anteriores y ya se han saldado. Yo soy una persona muy clara en esto: creo que las instituciones tienen alma. El rol de Gloria Zea en el Museo de Arte Moderno de Bogotá fue muy importante y muy especial. El rol de Claudia Hakim en el Museo de Arte Moderno de Bogotá fue muy importante y muy especial. Yo no podría haber aceptado el museo si no sintiera que está lleno de oportunidades y que este país lo necesita y se lo merece, y si no me hubiera entrevistado con una junta directiva de primer nivel, absolutamente comprometida no solo con su tiempo, sino con su generosidad financiera y sus relaciones. Yo siento que están dadas las condiciones para que esos problemas estructurales se resuelvan definitivamente y que, en unos años, podamos decir que tenemos un museo para siempre, que es el nombre del ‘endowment’.
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