Antes de Leo, Carmen, Salvo Patria, Domingo, Celele, El Chato, Manuel, Afluente –por nombrar algunos de los símbolos de la nueva cocina colombiana–, antes de que el discurso del fogón nacionalista fuera norte, antes del auge de las cocinas regionales, antes de que los productos pacíficos y amazónicos fueran tendencia, antes de que el concepto de sostenibilidad fuera ley, antes de todo eso, Minimal ya lo había dicho y hecho.
Se cumplen 25 años del local que nació en Chapinero Alto (Bogotá) con una declaración de principios bajo el brazo: “Aquí valoramos lo nuestro”. Pionero en algo que hoy parece casi un lugar común, el orgullo por lo nuestro, Minimal apostó desde el primer día por el ingrediente colombiano y el recetario popular.
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Bajo la dedicación de Antonuela Ariza, Eduardo Martínez y Manuel Romero, este fue el primer restaurante en meterse a fondo en las selvas, costas, ríos, lagos y montañas del país, honrar a sus comunidades y servir en sus platos productos –y maneras de prepararlos– que no eran usuales.
Un restaurante (con tienda de diseño) que ha sabido sostener en su carta platillos fantásticos como su arrullos, que son unos frutos de mar en leche de coco, curry verde y copoazú sobre cocadas; o sus rollos Palmira, de plátano maduro, queso costeño, aguacate y chicharrón; o su explosivo jamón curado de pirarucú amazónico acompañado de piña asada y mayonesa de ají verde; o sus exquisitas vainas de arvejas, habas y habichuelas con mantequilla de tucupí (salsa de la yuca brava); o su sensacional mute de maní, habas, fríjol verde y papa criolla (plato del Putumayo), que es una de las sopas más ricas y exóticas del país.
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De sus fuertes, clásicos como su terrina de morrillo de res braseado en tucupí, con yuca frita, farofa y hormiga limón; o su infaltable pesca fresca del Pacífico; o su gustosa ensalada de remolachas, zanahorias encurtidas sobre yogur y kéfir.
Y de sus postres, una torta de almojábana con dulce de guayaba y helado de vainilla chocoana y un inigualable ‘tres leches’ de mambe, bañado en frutos amarillos, sencillamente espectacular.
Minimal –palabra que viene de ‘hacer el menos mal posible’– siempre ha sido arraigo, dignidad, curiosidad, amor propio y audacia. Cada entrada, cada fuerte, cada guarnición dice algo más que “esto está rico”. Habla de indígenas, afros y mestizos, de la complejidad cultural de Colombia, de geografía, de biodiversidad y de la mágica proeza de cada ingrediente.
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En sus 25 años, este restaurante no solo ha cocinado platos sabrosos (y a buenos precios), sino que, receta a receta, ha dignificado la cocina colombiana.
Minimal –desde ya un clásico– no es solo un proyecto auténtico, también es un centro de pensamiento de país. Su discurso siempre ha sido muy lindo y poderoso. Recomendado. Felices 25.
Minimal.
Transversal 4.ª bis n.º 56A-52. WhatsApp: 316 278 6878.
















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