Investigadores en cronobiología, medicina del sueño y ciencias sociales analizan por qué muchas personas sienten somnolencia después del mediodía, cuánto debería durar la siesta y en qué casos puede ser un indicador de problemas de descanso.
Las explicaciones se basan en el funcionamiento del ritmo circadiano, los efectos de la digestión tras la comida y la organización de los horarios laborales en la vida cotidiana.
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La Real Academia Española define la siesta como “el tiempo después del mediodía, en que aprieta más el calor”. Aunque suele relacionarse con costumbres culturales, especialistas señalan que también responde al funcionamiento del organismo humano y a los ciclos naturales de descanso.
La digestión después de la comida puede intensificar la sensación de cansancio en la tarde. Foto:iStock
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El reloj biológico de la tarde
La cronobióloga María Ángeles Bonmatí explica que el organismo humano presenta una predisposición natural a descansar durante la tarde. “Estamos fisiológicamente predispuestos a la siesta”, afirma. Según indica, la disminución de energía que muchas personas experimentan en las primeras horas de la tarde está relacionada con el ritmo circadiano, ya que a esa hora del día “suele bajar”.
Cuando esta caída de alerta coincide con el periodo posterior a la comida, el cansancio puede intensificarse. Bonmatí señala que “esa somnolencia suele potenciarse debido al proceso de digestión”.
Los especialistas coinciden en que la duración del descanso es un factor clave. Bonmatí lo resume así: “Se recomienda que la siesta no dure más de 30 minutos”. Advierte que dormir durante más tiempo “podrían interferir con el sueño nocturno”. Para explicarlo utiliza una metáfora: “la siesta le da la vuelta momentáneamente al reloj de arena y reduce de manera transitoria esa necesidad por dormir”.
Especialistas recomiendan que la siesta tenga una duración máxima de 30 minutos. Foto:FOTO: ISTOCK
Desde la medicina del sueño, el doctor Javier Albares señala que este descanso no debe considerarse una solución improvisada. “La siesta no debería entenderse como un parche, sino como una herramienta fisiológica”.
El especialista recuerda que el ser humano presenta una estructura natural de sueño dividida en dos momentos. Según explica, “tiene una tendencia natural bifásica al sueño: un gran bloque nocturno y un pequeño descenso de alerta tras la comida”. En algunos casos, una siesta breve puede contribuir a mejorar la memoria y el rendimiento cognitivo.
En contraste, una necesidad prolongada de dormir durante la tarde puede estar asociada a problemas de descanso. Albares advierte que “la necesidad de una siesta larga” puede indicar una alteración del sueño. El neurólogo Alejandro Iranzo coincide con esa interpretación y señala que cuando se “alarga demasiado la siesta, dos o tres horas”, suele ser porque “se ha dormido poco y de mala calidad”.
Dormir siestas demasiado largas puede afectar el descanso durante la noche. Foto:iStock
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Entre el estereotipo y la organización del tiempo
El investigador Xavier Medina señala que el descanso después del mediodía combina factores fisiológicos y sociales. Según explica, la siesta es “una respuesta fisiológica y corresponde a una adaptación cultural en relación con situaciones climáticas concretas”. Añade que, más que una característica nacional, “siempre ha sido un estereotipo, algo utilizado en nuestra contra”.
En algunos países del norte de Europa y en empresas tecnológicas, el descanso breve durante la jornada laboral se ha incorporado como estrategia para mantener el rendimiento. Bajo el concepto de “Strategic Napping”, algunas compañías han habilitado espacios de descanso tras observar que el nivel de alerta disminuye durante la tarde.
El sociólogo Manuel Javier Callejo relaciona esta práctica con la organización del tiempo de trabajo. “la siesta la hace quien puede”, afirma. Según explica, no responde necesariamente a una cuestión cultural, sino a las jornadas extensas. “La gente no duerme una siesta por identidad”, señala, sino porque madruga y “la jornada se hace larguísima”.
El sueño humano suele ser bifásico: un bloque nocturno y una caída de alerta en la tarde. Foto:iStock
La investigadora Josefa Ros Velasco también analiza la percepción social del descanso. En contextos donde se prioriza la productividad continua, detenerse puede generar sensación de culpa. Sin embargo, afirma que “Si decides conscientemente echarte la siesta, no estás perdiendo el tiempo, estás ocupándolo de manera significativa”. También enfatiza: “Tu tiempo es tuyo”.
Ros Velasco añade que el descanso elegido no debe confundirse con el aburrimiento. “Aburrirse es doloroso, descansar si lo has elegido es placentero”.
En términos prácticos, la recomendación más extendida entre especialistas es mantener la siesta breve, con una duración aproximada de entre 20 y 30 minutos y realizarla lo suficientemente temprano para no afectar el descanso nocturno. Aunque el descenso de energía durante la tarde está documentado por la ciencia, la decisión de dormir o no depende de las rutinas y necesidades de cada persona.
Agencia EFE
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*Este contenido fue reescrito con la asistencia de una inteligencia artificial, basado en información de EFE, y contó con la revisión de la periodista y un editor.
















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