La Sociedad Hidroituango se creó a finales del siglo 20 en Antioquia con un propósito claro: modernizar la estructura de rentas colonial de la época en el departamento y generarle riqueza a la Gobernación desde una mirada de autonomía fiscal. Básicamente se creó como una herramienta para moldear el desarrollo de Antioquia. Esa es la premisa de esta historia.
Entre los años 2008 y 2011 se estructuró el plan de lo que sería uno de los proyectos estratégicos más importantes de la historia, no solo del departamento de Antioquia, sino del país: la hidroeléctrica de Ituango.
En el marco de dicho proyecto, en 2011 Empresas Públicas de Medellín (EPM) y la Sociedad Hidroituango S.A.S. firmaron un contrato de Construcción, Operación, Posesión, Mantenimiento y Transferencia de la obra en Ituango, o por sus siglas en inglés Boomt.
Hidroituango puso en operación la primera turbina en diciembre del 2022 Foto:EPM
Se trató de un proceso de contratación directa en el cual se acordaba que EPM operaría a Hidroituango por los próximos 60 años y retornaría a potestad total de la sociedad en el año 2061.
En el contrato se establecieron una serie de acuerdos en cuanto a la operación del proyecto clave para el país en materia de generación de energía que, en cuanto a la proyección y el avance de la obra en la época, avanzaban acorde al plan.
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La emergencia de 2018
Sin embargo, en mayo de 2018 el río Cauca se represó por varios días, lo cual no solo superó las capacidades del proyecto por el bloqueo de los túneles de desviación de la presa de Hidroituango, sino que puso en riesgo crítico a las comunidades río abajo.
En ese sentido, EPM se vio en la obligación de tomar una decisión determinante: inundar la casa de máquinas, que avanzaba en su millonario proceso de construcción para evacuar el agua y así evitar que se rebosara el límite de la represa, lo cual se habría traducido en una tragedia sin precedentes en los 12 municipios río abajo y además, habría causado daños irreversibles para uno de los proyectos clave del país.
Así quedó la casa de máquinas de Hidroituango tras su inundación como medida de contingencia. Foto:EL TIEMPO.
Esta decisión salvó miles de vidas y comunidades, pero, representó pérdidas millonarias para el proyecto, además de un retraso imprevisto en la entrada en operación predefinida en el contrato Boomt entre EPM y la Sociedad Hidroituango.
Dicho incumplimiento contractual fue demandado por la Sociedad Hidroituango S.A.S. en 2020 a raíz de las pérdidas que había generado el retraso en la entrada en operación del proyecto. Para dar panorama de la magnitud de la acción jurídica, la demanda presentada tenía más de 70 pretensiones.
Esta fue presentada ante el tribunal de arbitramento de la Cámara de Comercio de Medellín, que falló a favor de Hidroituango. Sin embargo, EPM contrademandó argumentando que esta corte no aplicó en su fallo las reglas interpretativas del Tribunal de Justicia de la Comunidad Andina.
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El billonario pleito
El proceso entró en un laudo y, mientras eso ocurría, la sociedad instauró una nueva demanda contra EPM por alrededor de 2.5 billones de pesos, sin embargo, esta fue reformada y el requerimiento económico ascendió hasta los 7.5 billones de pesos.
Durante el proceso, EPM solicitó que se realizara un cálculo ponderado al respecto de la remuneración a la que tendría derecho la Sociedad Hidroituango en función del incumplimiento contractual. Finalmente, el laudo arbitral se inclinó a favor de Hidroituango y el tribunal condenó a EPM a pagar más de 780.000 millones.
Aparte del laudo arbitral donde se condena a EPM a pagar los 780.000 millones de pesos. Foto:EL TIEMPO.
Sin embargo, de manera paralela a lo jurídico, desde 2023 comenzó una negociación discreta entre las cabezas de ambas compañías: John Maya Salazar, el gerente de Empresas Públicas de Medellín, y Alejandro Arbeláez Arango, quien para esa época se encontraba recién posesionado como gerente de la Sociedad Hidroituango.
Los gerentes tenían un objetivo claro, común y real: no resolver todo el pleito jurídico, sino llegar a un acuerdo que representara un gana-gana para ambas compañías y para el departamento de Antioquia.
EL TIEMPO conoció los detalles y las ‘reglas del juego’ el histórico acuerdo cuyo anuncio oficial se realizaría a principios de marzo de no ser por una situación de orden público en Ituango que interfirió con dicha agenda.
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El histórico acuerdo
Al inicio de la negociación se establecieron preceptos de actuación que se regían por los intereses iniciales de ambas sociedades: Hidroituango pretendía una remuneración y EPM buscaba conservar la administración y operación de la hidroeléctrica.
Según Alejandro Arbeláez, la clave para el éxito de esta negociación fue precisamente la voluntad de alcanzar un acuerdo que presentaron las dos partes. En ese sentido, el gerente de la Sociedad Hidroituango explicó que la negociación se desarrolló, metodológicamente, por intereses y no por posiciones, es decir, cada parte no defendió irrestrictamente tener la razón, sino los beneficios que buscaba alcanzar.
Además, la negociación se realizó enmarcada en criterios técnicos desde lo jurídico, financiero y desde lo que a la obra en sí le respecta. Lo anterior, según se lo explicó Arbeláez a EL TIEMPO, para restar especulaciones durante el proceso.
Durante el proceso, los gerentes se sentaron a revisar, desde mayo de 2024 y con la ‘bendición’ del Alcalde de Medellín y el Gobernador de Antioquia, de evaluar, diariamente, punto por punto a quién correspondía la razón.
Durante el proceso, se alcanzaron logros intermedios que se incluyeron en el documento. Para Arbeláez, el punto coyuntural fue cuando se acordó la cifra que EPM debía reconocerle a la Sociedad Hidroituango.
En ese respecto, el gerente de la Sociedad Hidroituango explicó: «He de decir que es una cifra muy importante, sobre todo para el bien de Antioquia, porque en su magnitud permite que Hidroituango comience a recibir remuneración, la que posteriormente se derivará en que los ingresos recurrentes de la sociedad como propietaria se direccionen de manera específica a financiar dos megaproyectos estratégicos para el departamento de Antioquia».
Alejandro Arbeláez Arango, gerente de la Sociedad Hidroituango S.A.S. Foto:Cortesía.
En cuanto al apartado financiero, se pactó que una parte significativa de la cifra de la conciliación se llevará a lo que se denomina ‘menor valor de la inversión’ y otra fuera transferida a la Sociedad.
En esencia, el pago se determinó a través de una fórmula en la que, para determinar el valor final que EPM debe reconocerle mensualmente a la Sociedad, se le deducen costos de la inversión que realizó en la hidroeléctrica y de las ventas de energía del proyecto. Así, el remanente es el pago mensual a Hidroituango.
EL TIEMPO conoció que, actualmente la Sociedad Hidroituango está recibiendo aproximadamente 37.500 millones de pesos mensuales, que tal como lo reportó la sociedad a inicios de 2026, se traducen en ingresos operacionales anuales del orden de los 450.000 millones de pesos.
Tras más de un año de negociaciones discretas y fuera de focos, el 14 de noviembre de 2025 se firmó el acuerdo de conciliación entre las partes. Este fue llevado de manera inmediata al tribunal de arbitramento que estaba resolviendo, simultáneamente, el laudo jurídico entre EPM y la Sociedad Hidroituango para que este evaluara en materia de rigor, solidez y equilibrio si la conciliación alcanzada era procedente y resolutiva.
Finalmente, en plenas navidades, el 22 de diciembre de 2025 se aprobó el acuerdo conciliatorio tras 18 meses de negociaciones.
Aparte de la conciliación, en el proceso entre EPM, Hidroituango, la Gobernación de Antioquia y la Alcaldía de Medellín, se definió un componente clave para la inversión de las ganancias generadas por medio de la Hidroeléctrica: el Fondo Horizontes.
Fondo Horizontes se representó con una intervención a la obra del maestro Francisco Antonio Cano. Foto:Cortesía.
A través de esta figura se apalancará la construcción de dos megaproyectos estratégicos para Antioquia: el Ferrocarril de Antioquia y el Plan Maestro de Acueducto y Alcantarillado, que iniciará en el Urabá, el primero, pensando en la competitividad de la región y el segundo en la dignidad de sus habitantes.
NICOLÁS TAMAYO ESCALANTE
Periodista de Nación, en Medellín.
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