La muerte de Juan Pablo Arango, un tatuador de 45 años de la ciudad de Medellín, luego de haber sido reportado como desaparecido, se conoció el pasado 9 de marzo, luego de que su cuerpo fuera hallado en avanzado estado de descomposición al interior de su apartamento en el sector de La Inmaculada.
‘Pogo’, como era reconocido en la industria del tatuaje a nivel nacional, era un tatuador de la ‘vieja guardia’ con una trayectoria que inició en el año 1996.
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Juan Pablo Arango, reconocido tatuador de Medellín conocido como Pogo. Foto:Redes sociales.
La muerte de ‘Pogo’ y los hallazgos
Su cuerpo fue descubierto en el cuarto piso del edificio de la calle 12 con la carrera 73 en el que vivía, luego de que varios de los vecinos del conjunto residencial reportaron un fuerte olor que emanaba desde el interior de la propiedad.
En efecto, tras la denuncia, uniformados de la Policía y funcionarios del CTI hicieron presencia en el inmueble donde encontraron el cuerpo de ‘Pogo’, quien había sido denunciado como desaparecido por sus familiares algunos días atrás.
A pesar de que actualmente se adelantan las investigaciones para determinar las causas del fallecimiento del reconocido tatuador, hubo una parte de esta historia que llamó la atención del ojo público.
‘Pogo’ fue hallado sin vida en su apartamento de este sector de La Inmaculada, en Belén. Foto:Google Maps
Al interior del apartamento donde fue hallado el cuerpo de ‘Pogo’, los forenses encontraron restos de otros cuerpos humanos y elementos de uso privativo de las fuerzas públicas.
Los elementos encontrados entre las pertenencias de Arango fueron dos chalecos antibalas y dos chalecos reflectivos de la Policía, seis chalecos arnés multipropósitos, una chaqueta camuflada, tres guerreras del Ejército, una gorra del CTI de la Fiscalía, una gorra del Gaula de la Policía, cinco gorras de la Policía, dos uniformes completos de la Policía, una chaqueta de la Sijín y otra de la Dijín. Además, las autoridades hallaron un pequeño arsenal compuesto por un rifle de copas, una escopeta calibre .22, seis granadas de gas y una de humo, y un iniciador de tubo de choque.
Estos hallazgos, en conjunto con restos óseos como un cráneo, costillas y vértebras, dieron pie para que las autoridades de la ciudad abrieran una investigación para determinar el origen de estos elementos.
Como se adelantó, ‘Pogo’ tenía una larga trayectoria como tatuador, lo cual lo había convertido en un referente y maestro para varios artistas más de la ciudad y del país, uno de ellos es Daniel Rozo, uno de los tatuadores más reconocidos de la capital de Antioquia en la actualidad.
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‘Pogo’ tenía una extensa trayectoria como tatuador. Foto:Redes sociales.
En las últimas horas, Rozo se refirió a la muerte de ‘Pogo’ y los hallazgos realizados por las autoridades al interior de su apartamento, con el objetivo de dar un poco de claridad al respecto de las inquietudes derivadas de estos elementos.
Oficio y afición
«Conocí al Pogo por allá en el 2009. Yo estaba en el último año de colegio, tenía 17 años y estaba loco por tatuarme. Un amigo del colegio me contó que conocía al mejor tatuador de Belén, que era amigo de su hermano, y que me podía llevar si yo quería», inició relatando Rozo.
El tatuador continuó: «Fuimos varios compañeros a tatuarnos ese día después de salir del colegio, obviamente sin permiso. Cuando llegamos donde el Pogo, nos encontramos con un tipo inteligente extrovertido, con ganas de hacerte reír, fan de Leonardo da Vinci, el zurdo más famoso de la historia (el Pogo también era zurdo)».
En este punto del relato surgió la que sería la primera respuesta a las inquietudes generadas por las posesiones de ‘Pogo’.
«Hace 17 años, esos restos óseos que eran un cráneo y algunos otros huesos ya estaban en su casa. La historia que recuerdo de los huesos es lo que uno podría llamar estar en el lugar correcto, en el momento correcto. Una institución se iba a deshacer de ellos, tenía algo que ver con un lugar donde se estudiaba medicina y había una morgue, donde ya no se utilizaban», explicó Rozo.
Juan Pablo Arango. Foto:Redes sociales.
A renglón seguido, añadió: «Las personas que no están relacionadas con el tatuaje o el arte no saben que tener un cráneo, hace 20 años, era muy útil como referencia para dibujar. Hoy en día tienes a disposición, en internet, bancos de fotos con millones de imágenes, hay páginas donde tienen objetos modelados en 3D para que uses el ángulo que más te guste para tus dibujos o diseños».
Además, Rozo apuntó: «En esa época no había nada de eso. Tener un cráneo te daba posibilidades infinitas para brindarle a los clientes algo único a lo hora de diseñar».
Luego, Rozo también se refirió al tema del armamento y de las prendas de uso privativo de las fuerzas públicas, remitiéndose a otra anécdota de unos años más adelante.
«En 2012 dejé la universidad y me dediqué de lleno al tattoo. Tiempo después, el Pogo me invitó a trabajar con él. Iba a abrir un local en el mall de la Caverna de Baco, en la 33. Se llamaba ‘Pogo Tattoo Studio’. Al trabajar con él, también tengo conocimiento de cómo conseguía muchas de las cosas que encontraron en su apartamento».
El tatuador explicó: «El Pogo tenía una fascinación por los objetos bélicos. Le gustaban los cuchillos, las pistolas, las ballestas; hasta tenía arco y flechas. Recuerdo que contaba muchas historias de cuando prestó servicio militar como una época que había disfrutada mucho».
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Según los allegados a ‘Pogo’, tenía una afición por los objetos bélicos, y los coleccionaba. Foto:Redes sociales.
En su relato, Rozo recordó: «Y, como si se tratara de una ley de atracción mucha de su clientela eran policías. Ellos sabían que, si algún día tenían algo interesante de su dotación como un chaleco antibalas o una granada de humo de la que pudieran prescindir, el Pogo iba a estar muy interesado en intercambiarla por un tatuaje».
En ese sentido, Rozo aseguró: «Estoy seguro de que esto no cambió con los años. La última vez que lo visité, hace un par de años, ya tenía una habitación entera en su apartamento con este tipo de objetos».
Finalmente, Daniel Rozo escribió un emotivo fragmento al respecto del por qué tomó partido en este caso: «Hago esta publicación con el fin de darle un poco de luz a la historia que se está contando. Lo que queda en este mundo no es lo que dicen las noticias, los encabezados macabros que buscan generar reacciones y mucho menos la opinión de la gente que nunca te conoció. Por ejemplo, mi camino en el tatuaje, sin Juan Pablo Arango, no hubiera sido el mismo. Y estoy muy agradecido por esa coincidencia en la vida».
Las investigaciones para determinar las causas de la muerte de Juan Pablo Arango continúan a la par que las autoridades adelantan la verificación correspondiente a todos los elementos hallados al interior de la vivienda del reconocido ‘Pogo’.
NICOLÁS TAMAYO ESCALANTE
Periodista de Nación, en Medellín.
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Imputación a Ricardo Roa. Foto:
















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