La buena fortuna, el azar o las coincidencias parecen arropar a Jaime Bayly. Tres meses antes de que el escritor publicara Los genios (2023), la novela sobre la trompada que Mario Vargas Llosa le propinó a Gabriel García Márquez en 1976, Isabel Preysler daba por terminado su matrimonio con el Nobel de Literatura peruano. En aquel momento, la prensa especuló sobre la ruptura amorosa de la socialité española y el escritor; y la novela de Bayly sobre la ruptura de la amistad legendaria entre los escritores del boom latinoamericano encontró miles de lectores en América y España.
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Y en enero de este año, en vísperas de la publicación de Los golpistas (Galaxia Gutenberg), sobre el intento de golpe de Estado a Hugo Chávez en abril de 2002, Donald Trump intervino Venezuela y capturó a Nicolás Maduro. “A pesar de que lo critico asiduamente, Trump me ha hecho una promoción inestimable. La verdad es que aplaudí con entusiasmo la captura de Maduro”, dice Bayly.
¿Por qué sintió ganas de escribir Los golpistas?
Yo escribo novelas para tratar de entender por qué ocurren las cosas. Me pasé media vida tratando de entender por qué Vargas Llosa le dio un puñetazo a García Márquez en un teatro mexicano, y de esa curiosidad surgió mi novela Los genios. Y me he pasado los últimos 20 años tratando de entender por qué el golpe que le dieron a Hugo Chávez en abril de 2002 triunfó el primer día y fracasó al tercero, por qué los golpistas se arrepintieron, y por qué permitieron que Chávez volviera al poder. He entrevistado a muchos venezolanos en este tiempo: a políticos, escritores, periodistas, actores, cantantes, humoristas. Y a menudo les preguntaba por qué fracasó el golpe contra Chávez.
¿Y cuáles eran las respuestas?
Curiosamente, pocos sabían responder esa pregunta. Ellos no se lo explicaban y yo tampoco. Chávez me resultaba un personaje fascinante, no el dictador latinoamericano clásico, sino el dictador que era ante todo un animador de televisión. Yo lo entrevisté antes de que llegara al poder. Quería venir a Miami. Los gringos no le dieron la visa. Grave error. Chávez cultivó luego ese rencor minucioso contra ellos… En mi programa, los exabruptos de Chávez solían tener un espacio estelar. Poco a poco fui armando el rompecabezas en los últimos 20 años, hasta que sentí que ya podía contar la historia de por qué Chávez salvó la vida en aquel golpe fallido en abril de 2002 y por qué los conspiradores se achantaron como unos amateurs y permitieron su regreso al poder.
Todos los protagonistas del libro han sido, son o devienen golpistas. ¿Podría contar algo sobre la elección del título?
El título original era Cabrones de mala entraña. Pero luego pensé que todos los cabrones son de mala entraña y que no convenía comenzar la trama con insultos. Prefiero que el lector insulte a quien quiera, incluyendo al autor. Luego pensé en Los genios del mal, tratando de estirar el éxito de Los genios a secas. Después comprendí que Fidel Castro era un genio del mal, pero Chávez, siendo malo, no era genial. Al final resultó evidente que, como en la novela todos son golpistas, los de izquierda y los de derecha, los militares y los curas, los empresarios y los sindicalistas, entonces el título más exacto era Los golpistas. Chávez era un golpista, un dictador, cuando le dieron el golpe fallido de 2002, y quienes lo derrocaron eran también unos golpistas que carecían de una mínima astucia para sostenerse en el poder.
El dictador Nicolás Maduro y su antecesor, Hugo Chávez. Foto:GDA
Por momentos, su novela parece una comedia de enredos, con situaciones absurdas e hilarantes. ¿Por qué cree que ese golpe terminó fracasando a pesar de haber sido ‘exitoso’ el primer día?
El golpe contra Chávez fracasó porque los golpistas fueron unos amateurs. No tenían un plan. Capturaron a Chávez, lo obligaron a renunciar y enseguida se preguntaron: ¿y ahora qué hacemos con él? ¿Lo fusilamos? ¿Lo mandamos a La Habana? ¿Le damos cadena perpetua? No sabían qué hacer.
Tampoco sabían quién debía asumir el Gobierno. Fueron improvisando. En tres días, el golpe se desintegró por la idiotez de los conspiradores. Permitieron que se juramentara como presidente un empresario, Pedro Carmona, apoyado por los curas, que carecía de legitimidad. Luego el empresario humilló a los golpistas porque no les concedió los cargos que ellos deseaban. Entonces ocurrió algo insólito: tras darle un golpe a Chávez, le dan un golpe a Carmona. Y se convencen de que Chávez debe volver al poder. Lo que equivalía, por supuesto, a suicidarse políticamente.
¿Pudo ese golpe restaurar la libertad y la democracia en Venezuela? Sí. ¿Qué debió hacer Carmona? No disolver los poderes públicos, jurar en el Congreso, complacer a los jefes militares conjurados, enviar a Chávez a La Habana y convocar a elecciones limpias en tres meses, sin que él pudiera ser candidato. Pero la clave era contentar a los golpistas, no desairarlos, y en eso careció de olfato, de astucia, de clarividencia.
El golpe contra Chávez fracasó porque los golpistas fueron unos amateurs. No tenían un plan. Capturaron a Chávez, lo obligaron a renunciar y enseguida se preguntaron: ¿y ahora qué hacemos con él?
Hablemos de esa entrevista a Chávez candidato en 1998, cuando no pudo viajar a Miami, pese a sus deseos de visitar el país y llevar a su familia a Disney.
Así es. Yo creo que los gringos se equivocaron gravemente al negarle la visa de turista a Chávez. A Chávez le prohibieron entrar al país por golpista. ¿Era un golpista? Desde luego. Pero había pasado dos años en la cárcel por ser golpista, y luego había sido indultado, y cuando nosotros pedimos la visa para Chávez para entrevistarlo en Miami, ya era el favorito para ganar las elecciones presidenciales. Debieron darle la visa. Chávez y su familia habrían descubierto la superioridad moral del capitalismo de Miami sobre el comunismo de Cuba.
Pero los gringos, al humillarlo, lo arrojaron a los brazos de Fidel. Y Chávez no era un comunista ortodoxo. Y Fidel, mucho más astuto, un dictador profesional, un genio del mal, lo sedujo, le dijo que era su heredero natural para comandar la revolución en América, lo colonizó mentalmente y lo convirtió en un muñeco hablantín y dispendioso de su parque temático de la maldad.
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En esa entrevista televisiva, Chávez se mostró capitalista, moderado, demócrata. Dijo que Cuba era una dictadura y criticó a Fidel Castro. ¿Le creyó?
No le creí del todo. Yo sabía de buena fuente que era cercano a Fidel. Y que Fidel le había dicho: “olvídate de dar más golpes militares, Hugo, funda un partido, presenta tu candidatura y vas a ganar por paliza”. El consejo de Fidel era cínico y eficaz: para ganar las elecciones debes seducir al pueblo, y para seducirlo debes dar la imagen de ser un caballero honorable, moderado, tolerante, reflexivo, un auténtico demócrata. Fidel, el gran titiritero, le escribió el guion, y Chávez, marioneta graciosa y persuasiva, lo ejecutó con maestría.
Yo debí ser más severo en aquella entrevista. Pero no estábamos cara a cara. Como no le dieron la visa, la charla fue vía satélite, él desde Caracas. Debí decirle: “si fuera venezolano, no votaría por usted”. Claro que tampoco le dije: “yo votaría por usted”. Expresé mi desconfianza ante sus promesas moderadas, dado su pasado de golpista militar. Pero el tono de la charla fue amable y, por eso, cuando triunfó meses después, me invitó a su juramentación. Elegí no ir. Ya entonces, mis amigos mejor informados me decían que Chávez tenía que elegir entre ser amigo de Bill Clinton o ser amigo de Fidel y Raúl Castro. Antes de juramentarse como presidente, ya había elegido, por supuesto.
Meses después de la victoria de Chávez, Planeta, la editorial que publicaba sus libros, lo invitó a Caracas para presentar uno de ellos y dar entrevistas. Usted fue y lo criticó en los programas de radio y televisión. ¿Qué pasó cuando estaba a punto de salir de Venezuela?
Todavía había libertad de prensa en Venezuela. Y, como suele ocurrir, hablamos mucho más de política que de libros. Y a mí no me disgusta hablar de política. Entonces, critiqué a Chávez duramente, estando en Caracas. Dije que era un aprendiz de dictador y que su modelo era la Cuba comunista de Fidel. Dije que cambiar la Constitución y permitir la reelección eran formas tramposas y abusivas de ejercer el poder. Dije que iba por mal camino.
Después supe que a él no solo le molestaron mis críticas, sino que no le pidiese una entrevista. Es que él vivía para las cámaras. No me perdonó ese agravio.
La tarde en que volvía a Miami, unos agentes militares me detuvieron, revisaron mis maletas y me sometieron a un interrogatorio perfectamente idiota, cuyo propósito era amedrentarme y, de paso, hacerme perder el vuelo. Yo no soy un hombre valiente. Consiguieron ambas cosas. Estaba aterrado. Me dijeron: “Si regresa y vuelve a traer drogas, irá preso”. Yo no había llevado drogas. Era una manera de decirme: “La próxima vez, si pasa por Caracas, encontraremos drogas en su equipaje”.
Mientras Los golpistas salía de la imprenta, Trump desplegó una operación militar en Venezuela, extrajo y capturó a Maduro, dijo que gobernaría ese país, criticó a la líder opositora María Corina Machado y elogió a Delcy Rodríguez, presidenta a cargo. ¿Cuál es su mirada de lo que pasó el 3 de enero y de lo que está pasando ahora en Venezuela?
A pesar de que lo critico asiduamente, Trump me ha hecho una promoción inestimable. La verdad es que aplaudí con entusiasmo la captura de Maduro. Así como me pareció una operación brillante y moralmente inobjetable que Obama ordenase invadir Pakistán de madrugada para dar de baja a Bin Laden, me pareció que Trump también acertó en grande al enviar a sus mejores soldados en helicóptero a invadir Caracas un par de horas y capturar al dictador Maduro.
Es lo único bueno que ha hecho Trump en su primer año. Después me parece un desastre, un mitómano, un racista, un impresentable. Pero la captura de Maduro era necesaria. Lástima que no arrestaran también a Cabello. Ahora el peligro es que la luna de miel entre Trump y Delcy Rodríguez se extienda dos o tres años. Eso sería terrible.
Trump me parece un desastre, un mitómano, un racista, un impresentable. Pero la captura de Maduro era necesaria. Lástima que no arrestaran también a Cabello.
Nicolás Maduro fue capturado el 3 de enero de 2026 y llevado ante un juzgado de Nueva York. Foto:EFE.
Usted ha ejercido la libertad plena en todos los aspectos de su vida. ¿Qué supone ser un libertario?
Sí, yo defiendo la libertad. Pero no vale ser libertario solo en la economía. Carece de mérito a estas alturas ser un capitalista y un defensor del libre mercado. Trump no lo es, porque es un mercantilista y un enemigo del libre comercio y del libre mercado. Yo también soy un defensor de la libertad en asuntos más espinosos e íntimos. Respeto la libertad de las mujeres que desean interrumpir un embarazo; la libertad de las minorías sexuales para tener los mismos derechos que las mayorías sexuales; la libertad de los individuos para creer en cualquier confesión religiosa o no creer en ninguna, y por eso el Estado debería ser rigurosamente laico y no favorecer con exenciones y prebendas a una determinada religión o cofradía; la libertad de las personas adultas para intoxicarse, si así lo desean; la libertad de los ciudadanos para escapar de países que no son libres y buscar refugio en otros que sí lo son.
Por eso no me considero un libertario que, como muchos de los derechistas que ahora están en boga, se manifiesta contra el aborto, los gays, los inmigrantes, los ateos, los drogadictos. Yo defiendo la libertad de las mujeres que abortan, de los individuos que cambian de sexo, de las parejas del mismo sexo que desean casarse y adoptar niños, de los inmigrantes sin papeles, de los ateos, de los drogadictos.
Javier Milei es quizás la figura política latinoamericana que más pregona el libertarismo. ¿Es Milei un libertario?
Milei es un libertario en la economía: clásico, ortodoxo, de la escuela austríaca, bien educado, que ha leído a Mises, a Hayek y a Friedman, rasgo notable en un político. Pero en temas de moral individual, como el aborto legal y los derechos de las minorías sexuales, no me parece un libertario coherente.
El presidente argentino Javier Milei Foto:EFE
¿Y frente a ese rasgo, cómo describe el liderazgo de Milei?
Hechas las sumas y las restas, Milei ha sido un buen presidente. Su tarea más urgente era sanear la economía y lo está haciendo bien. Me hubiera gustado que cumpliera su promesa de dolarizar del todo. No se animó, una lástima. No es perfecto, ningún político lo es. No me gusta nada cuando insulta a periodistas, insinuando sin pruebas que son corruptos. Tampoco me gusta cuando adula a Trump y lo presenta como el salvador del mundo libre. Pero, si comparamos a Milei con los dos Fernández, quiero decir con Cristina y Alberto, creo que Argentina ha dado un gran paso hacia la libertad y la modernidad.
Hechas las sumas y las restas, Milei ha sido un buen presidente. Su tarea más urgente era sanear la economía y lo está haciendo bien
Usted vive en EE. UU. desde hace tres décadas. ¿Siente que ese país ha dejado de ser una democracia con un personaje como Trump en la presidencia?
EE. UU. todavía es una democracia. Lleva 250 años siendo una democracia invicta. Nunca un golpe de Estado. El único golpe fallido fue el de Trump en enero de 2021, cuando se resistía a entregar el poder. Trump es un peligro, una amenaza, un aprendiz de dictador. Es un hombre deshonesto, tramposo, que miente sin culpas ni remordimientos, y que es perfectamente capaz de amañar las elecciones para que los suyos sigan en el poder. Estoy orgulloso de no haber votado por él en ninguna de sus tres postulaciones.
Astrid Pikielny – Para La Nación (Argentina)
















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