La madrugada en que la creciente del río Mendihuaca, en el Magdalena, hizo colapsar el puente de la Troncal del Caribe no solo se llevó una estructura de concreto. También alteró el ritmo económico de uno de los corredores turísticos y comerciales más importantes del Caribe colombiano.
Ese tramo de carretera conecta a Santa Marta con La Guajira y sirve como puerta de entrada hacia destinos como el Parque Tayrona, Palomino, Buritaca y varias poblaciones que viven del turismo y del comercio asociado a la vía.
Antes del colapso, por ese punto circulaban más de 4.000 vehículos al día, entre automóviles particulares, buses de turismo, transporte intermunicipal y camiones de carga.
Las cifras equivalían a un flujo constante: cerca de 170 vehículos cada hora y casi tres vehículos por minuto.
Era, en palabras de comerciantes y transportadores, la arteria económica del norte del Magdalena. Hoy el panorama es otro.
Desde que el puente desapareció bajo la fuerza de la creciente provocada por el reciente frente frío en la Sierra Nevada, el tránsito quedó reducido a un paso provisional construido con un pedraplén.
Por allí ahora circulan entre 1.500 y 2.000 vehículos diarios, lo que representa una reducción de entre el 50 y el 65 % del flujo vehicular habitual.
El golpe silencioso a la economía
La disminución del tráfico no solo se mide en cifras de movilidad. Se refleja también en los ingresos de cientos de negocios que dependen del paso constante de viajeros por la carretera.
El cierre del puente de Mendihuaca afectó el turismo y golpeó la economía. Foto:Gobernación Magdalena
Según estimaciones de la Cámara de Comercio de Santa Marta para el Magdalena, el corredor turístico entre Guachaca, Mendihuaca, Buritaca y Palomino concentra buena parte de la actividad económica asociada al turismo de naturaleza en la región.
Hoteles, hostales, restaurantes, operadores turísticos y pequeños vendedores dependen directamente de ese flujo.
“Cada carro que deja de pasar es un cliente menos para muchos negocios”, explica Carlos Silva, comerciante del sector de Guachaca.
“Nosotros vivimos de la carretera. Cuando el tráfico baja, el impacto se siente de inmediato en las ventas”.
La Cámara de Comercio de Santa Marta ha advertido que el corredor turístico de la Troncal del Caribe genera miles de empleos directos e indirectos y dinamiza actividades como el transporte, la agricultura y el comercio local.
Por eso, la reducción del flujo vehicular ha tenido un efecto inmediato en la economía.
Comunidades que viven del movimiento de la vía
El impacto también se siente en las comunidades que habitan a lo largo del corredor.
Se estima que unas 60.000 personas dependen directa o indirectamente del dinamismo económico generado por esta carretera.
Entre ellas están agricultores que transportan sus productos hacia Santa Marta, transportadores que movilizan pasajeros y pequeños emprendimientos turísticos que surgieron al calor del crecimiento del turismo en la Sierra Nevada.
Los trabajos para habilitar la nueva estructura avanzan a buen ritmo. Foto:Gobernación
“Antes veíamos pasar carros todo el día. Ahora el movimiento es mucho menor”, explica Rosa Martínez, líder comunitaria del sector de Mendihuaca.
“Para muchas familias esto significa menos trabajo, menos ventas y más preocupación”.
Los transportadores de carga también han tenido que adaptarse a las nuevas condiciones.
El paso provisional funciona bajo un sistema de pare y siga, con circulación controlada y restricciones para vehículos pesados.
Eso obliga a algunos transportadores a buscar rutas alternas más largas, esperar largas filas para cruzar y fragmentar sus encomiendas.
Una solución provisional en medio de la urgencia
Ante el riesgo de que la región quedara completamente aislada, las autoridades en plenas elecciones legislativas habilitaron el pedraplén que hoy permite mantener la conexión, aunque con limitaciones.
Pero la verdadera solución en el corto plazo es la instalación de un puente militar provisional, que permitirá recuperar parte de la movilidad mientras se construye una estructura definitiva.
Miles de viajeros suelen movilizarse por esta carretera para visitar el Parque Tayrona, las playas de La Guajira y las comunidades costeras del norte del Magdalena.
La carrera contra el tiempo por salvar la temporada turística
En municipios y corregimientos cercanos al río Mendihuaca la expectativa es que el calendario se cumpla.
Los empresarios turísticos saben que la Semana Santa puede marcar la diferencia entre una temporada perdida o un respiro económico tras semanas de incertidumbre.
“Necesitamos que el puente esté listo antes de que lleguen los turistas”, dice Luis Mendoza, operador turístico en Palomino. “Si la movilidad mejora, el turismo vuelve. Pero si el acceso sigue limitado, muchos visitantes preferirán otros destinos”.
Por esa razón, la Gobernación del Magdalena también anunció que, una vez se restablezca la movilidad, se impulsará una campaña de promoción turística para recuperar la confianza de los viajeros.
Roger Urieles, para EL TIEMPO Santa Marta. En X @rogeruv
















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