Es domingo 19 de abril en Bogotá y miles de personas llenan el recinto para ver el concierto de Milo J. Cuando las luces se apagan, por un momento la ciudad deja de sentirse presente. Los primeros sonidos que ocupan el espacio no responden al golpe del trap ni a los graves esperados, sino a algo más antiguo: cuerdas, violines, flautas y percusiones que remiten a una tradición que puede resultar ajena, pero no distante.
Esta presentación no inició con una descarga de energía, sino con una declaración de identidad. Un año después de su última visita a la ciudad, Milo J volvió desde otro lugar: ya no solo como figura del circuito urbano argentino, sino como autor de La vida era más corta, un álbum que explora y reinterpreta las raíces del folclore de su país.
Camilo Joaquín Villarruel apareció en el escenario con un traje completamente marrón y un elemento en la espalda que simulaba un cuchillo. La imagen, cargada de simbolismo, acompañó la apertura del concierto con ‘Bajo de la piel’, una canción atravesada por la idea de la traición, las heridas del pasado y la construcción de la identidad, ejes recurrentes del álbum.
Desde los primeros minutos, el espectáculo se alejó del golpe inmediato del trap para instalarse en una atmósfera distinta. No había cadenas, ni joyas, ni marcas visibles: había instrumentos en vivo, una puesta en escena y una narrativa que dio estructura al inicio del show.
“Mostrémosle un poco de argentinidad a Colombia”, dijo el artista mientras recogía del suelo una bandera de Colombia que le fue entregada por los fanáticos. La reacción fue inmediata: aplausos y gritos recorrieron el recinto, donde familias, parejas y grupos de amigos seguían el comienzo del concierto.
El folclore argentino se tomó el escenario.
La banda que acompañó a Milo J asumió el protagonismo y dio paso al desarrollo del espectáculo con un solo de percusión. A partir de allí, el concierto avanzó con temas como ‘Solificán12′ y ‘Lucía’.
Milo cantó en compañía de su orquesta. Foto:@manu_uribe_foto
Milo J introdujo en este momento canciones en las que mezcla sonoridades tradicionales argentinas con algunas más modernas. En ‘Ama de mi sol’ aparece la voz de Nicki Nicole, cuya intervención conecta el universo del folclore con el lenguaje más contemporáneo de la música urbana argentina. Más adelante, en ‘Lucía’, hace presencia la voz de Soledad Pastorutti, quien refuerza el vínculo con la tradición más reconocible del género, en una canción que es un homenaje íntimo a la abuela del artista. En ‘Bajo de la piel,’ mientras tanto, se suman los coros de Yami Safdie, un cruce de sonidos de distintas generaciones que dibuja bien las raíces de la música de este país.
En medio de los aplausos, el cambio de momento lo marcó el propio Milo J cuando salió del escenario por unos minutos y regresó dejando atrás el vestuario marrón con el que había iniciado el concierto y vistiendo una camiseta de la selección Colombia.
“Es la del Pibe Valderrama”, dijo el cantante en referencia a la prenda utilizada por la selección en el Mundial de Italia 1990 mientras señalaba con una sonrisa el dorsal ‘10’. El público aplaudió el gesto y coreó el nombre de Milo J. Sin embargo, esta no era la única sorpresa que había para este tramo del evento, pues justo cuando comenzó a sonar el inicio de ‘Cuando el agua hirviendo’, apareció en el escenario la mexicana Silvana Estrada como artista invitada.
Milo J vistió la camiseta del Pibe Valderrama edición Italia 1990. Foto:@manu_uribe_foto
El encuentro con Estrada dio paso a una de las partes más emotivas de la noche. El público cantó en coro mientras ambos artistas compartían el escenario y se abrazaban al finalizar la interpretación. Esta colaboración se dio luego de que Silvana Estrada compartiera en TikTok un cover de la canción de Milo J. Desde allí, se dio una conversación entre ambos artistas que terminó convirtiéndose en una presentación conjunta en Bogotá.
Un tramo marcado por la emotividad.
Desde ese momento, el ambiente cambió por completo: Milo J interpretó ‘Niño’, ‘Llora Llora’, ‘Gil’, ‘Olimpo’ y ‘MAI’. El show bajó en intensidad escénica, pero ganó en carga emocional, pues en el público se pudieron observar personas con los ojos encharcados de lágrimas al cantar las letras de estas canciones.
Aprovechando la emotividad, y con un telón blanco que descendió sobre el escenario, el artista abrió un espacio más cercano al homenaje que al espectáculo. Interpretó como solista ‘Luciérnagas’, canción que interpreta originalmente con Silvio Rodríguez, y más adelante ‘Jangadero’, donde revive un fragmento de la legendaria Mercedes Sosa. En este último tema, su voz se quebró en varios momentos, lo que provocó los aplausos del público apoyando al artista.
Milo J interpretó canciones emotivas como ‘MAI’ y ‘Olimpo’. Foto:@manu_uribe_foto
De vuelta al trap: un cierre marcado por la euforia.
Tras ese momento de introspección, el concierto volvió a acelerar. Las luces cambiaron, el ritmo se endureció y el escenario recuperó la energía del trap con la que el artista inició su carrera.
‘Fruto’ fue la canción que inauguró el momento final del concierto. El público empezó a saltar, Milo calentó los motores y los clásicos con los que el argentino se hizo famoso volvieron a sonar en el Movistar Arena: su sesión con Bizarrap, ‘Rara vez’ y ‘Milagrosa’, la canción con la que se hizo famoso.
Entonces llegó la provocación final: “¿están cebados? Si todo el público salta, canto otra más”, dijo Milo J ante los gritos de todos los presentes. El lugar entero saltó al unísono y el cierre llegó con ‘No hago trap’. En la localidad de platea, los más jóvenes del público se organizaron para formar varios pogos y la energía alcanzó su punto más alto de la noche. El contraste con los momentos anteriores fue absoluto: de las lágrimas al estallido.
GABRIEL ÁVILA
PERIODISTA EL TIEMPO
















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