El estrecho de Ormuz sigue cerrado y la frágil estabilidad pactada en una tregua entre Irán y Estados Unidos solo duró 24 horas, obligando a unas nuevas negociaciones que iniciarán hoy en Pakistán.
Lo que el pasado viernes se percibía como un avance diplomático con el anuncio de la reapertura del estrecho de Ormuz se ha transformado en una jornada de hostilidades navales y una escalada retórica que pone en duda la viabilidad de las negociaciones de paz previstas en Islamabad.
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Ayer Trump anunció que la Armada estadounidense atacó y se apoderó de un buque de carga de bandera iraní que intentó atravesar el bloqueo naval. “Hoy, un buque de carga de bandera iraní llamado Touska, de casi 900 pies de largo y con un peso similar al de un portaaviones, intentó burlar nuestro bloqueo naval, y no les salió nada bien”, escribió el mandatario estadounidense en Truth Social.
Esta acción complica aún más el escenario. El eje del conflicto se ha desplazado de la esperanza de un acuerdo a un ultimátum abierto por parte de la Casa Blanca, mientras Teherán endurece su postura en el mar en respuesta al persistente bloqueo.
Trump también utilizó su red para amenazar con una devastación total de la infraestructura civil y energética de la República Islámica si el Gobierno iraní no acepta de inmediato los términos de un acuerdo que él calificó como “justo y razonable”.
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El mandatario fue explícito al señalar que, de fracasar las conversaciones pautadas para hoy, el ejército estadounidense tiene órdenes de destruir “todas y cada una de las centrales eléctricas y todos y cada uno de los puentes de Irán”, asegurando que el país “caerá rápido y fácil”.
Bajo la consigna de que “se acabó hacerse el bueno”, el presidente estadounidense justificó esta posible ofensiva como una respuesta necesaria a lo que considera una violación total del alto el fuego por parte de Irán.
Esta reacción de Washington surge tras los incidentes reportados el sábado en el estrecho de Ormuz. Según denuncias internacionales, las fuerzas iraníes habrían abierto fuego contra un buque francés y un carguero del Reino Unido.
La situación en el mar se agravó ayer cuando la Guardia Revolucionaria de Irán obligó a dos petroleros con banderas de Botsuana y Angola a dar marcha atrás mientras intentaban transitar por la zona.
Teherán ha defendido estas acciones como una medida de “control estricto” necesaria para contrarrestar el bloqueo marítimo que Estados Unidos mantiene sobre los puertos iraníes, un cerco que la Cancillería persa no ha dudado en tildar de “ilegal, criminal y un crimen de guerra”.
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En este clima de máxima tensión, la celebración de la segunda ronda de negociaciones en Islamabad pende de un hilo.
Aunque la Casa Blanca confirmó que una delegación de alto nivel –encabezada por el vicepresidente J. D. Vance, el enviado especial Steve Witkoff y Jared Kushner– se dirige a Pakistán para reanudar los contactos este lunes, la respuesta de Teherán no ha sido favorable. Medios vinculados a la Guardia Revolucionaria han sugerido que Irán no enviará a sus representantes a la mesa de diálogo mientras siga el bloqueo.
Para el Gobierno iraní, el mantenimiento de las sanciones constituye una violación previa del acuerdo de tregua, lo que anula cualquier perspectiva de que las negociaciones puedan ser fructíferas en las condiciones actuales.
El panorama se complica aún más por la posible extensión del conflicto hacia el estrecho de Bab el Mandeb. El presidente de Yemen, Rashad al Alimi, advirtió ayer que el apoyo de Irán a los rebeldes hutíes representa una amenaza directa al transporte marítimo, sugiriendo que Teherán podría intentar un doble cierre de ruta estratégicas.
Mientras tanto, en el terreno diplomático europeo, la tensión también escala; el presidente español, Pedro Sánchez, ha propuesto romper el acuerdo de asociación de la UE con Israel, lo que ha generado una respuesta del gobierno israelí y añade otra capa de complejidad a una crisis que ya involucra a múltiples potencias globales.
















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