Casi 16 años después de una tragedia que tenía, como finalmente pasó, todo para convertirse en película, la justicia colombiana acaba de cerrar definitivamente y sin ninguna conclusión de fondo el proceso por la muerte del estudiante de la Universidad de los Andes, Luis Andrés Colmenares.
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Una noche de farra y disfraces que termina, después de un altercado con mucho trago de por medio, con un joven de una familia acomodada muerto en las aguas de un caño en el norte de Bogotá. Dos de sus amigas y el exnovio de una de ellas, también de alta extracción social, fueron señalados por la Fiscalía como supuestos responsables de asesinato y de encubrimiento.
Pruebas y testigos dudosos y una valoración de los mismos que la Corte Suprema califica como “irrazonable” por cuenta de la Fiscalía terminaron convirtiendo esa lamentable muerte en uno de los mayores misterios, y también descréditos, para la justicia colombiana en las últimas décadas.
Laura Moreno y Jessy Quintero, absueltas en caso Colmenares. Foto:Rodrigo Sepúlveda / Archivo EL TIEMPO
La absolución definitiva de Laura Moreno y Jessy Quintero por la muerte de Luis Andrés –que es resultado de la decisión de la Corte Suprema de Justicia de no casar el fallo que en el mismo sentido había dictado el Tribunal de Bogotá– recoge y pone en evidencia las liviandades con la que el primer fiscal del caso y quienes lo sucedieron propiciaron la cadena de especulaciones y de abiertas falsedades sobre la tragedia que golpeó a la familia Colmenares Escobar en la madrugada del 31 de octubre del 2010.
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Hoy, la única certeza en el caso es que Luis Andrés murió ahogado. Si se golpeó accidentalmente después de saltar hacia el caño del parque del Virrey y quedó inconsciente boca abajo sobre el escaso espejo de agua, o si fue víctima de una golpiza y luego abandonado a morir, son especulaciones que, con las pruebas que hay en el proceso, no se pueden validar. Pero lo que sí ha quedado descartada es la responsabilidad de las dos jóvenes en los delitos que les imputó la Fiscalía.
La Corte llama a la responsabilidad en el manejo del enorme poder que la ley confiere a los fiscales: “La formulación de cargos infundados también puede generar falsas expectativas en las víctimas, sobre todo cuando se trata de hechos tan trágicos (…) A su turno, en el afán de crear una falsa ilusión de ‘hacer justicia’, sin vocación de prosperidad, deja de lado la realización de los actos de investigación pertinentes para dilucidar si los hechos revisten las características de un delito. Lo anterior, con notables repercusiones en los derechos de los procesados, pero también de las víctimas y la sociedad en general”.
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Un mensaje clave en un país en el que la impunidad campea, pero en el que los ‘falsos positivos’ judiciales no son tampoco aves exóticas.
JHON TORRES
Editor de EL TIEMPO
En X: @JhonTorresET
















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