El entierro de Antony González Alvear, un joven de 17, bachiller recién graduado, se convirtió en una multitudinaria manifestación de dolor y rabia el pasado domingo en el corregimiento de Punta Canoa, en el norte de Cartagena.
“Me uno a la familia, lo que queremos es claridad de los hechos y justicia. Se que la convivencia en esa comunidad se ha ido llevando en algunos momentos bien y en otros no, pero al ver la muerte de un menor es muy duro”, señaló el alcalde de Cartagena, Dumek Turbay, sobre los hechos que rodearon la muerte del menor de la comunidad de Punta Canoa dentro de una cancha de golf del exclusivo club Karibana.
Vestidos de blanco y entre globos que buscaban el cielo, los habitantes de esta población afro despidieron a «uno de sus hijos», cuya vida se extinguió tras recibir un disparo de un vigilante dentro del complejo privado.
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víctima de Punta Canoa Foto:Archivo particular
“Hemos estado mejorando el clima de convivencia y espero esta semana visitarlos y plantear un camino de acuerdos de cómo será el día después para estos dos espacios (comunidad y Club Karibana). Esperamos que las autoridades nos digan en realidad lo que pasó”, agregó el burgomaestre.
El sepelio del menor fue una de las manifestaciones de duelo más grandes registradas en la zona norte de la ciudad en los últimos años.
La muerte, ocurrida el pasado viernes 17 de abril, ha reabierto la herida de una convivencia históricamente frágil entre las comunidades nativas y los desarrollos inmobiliarios de lujo que se expanden hacia la vía que conduce a Barranquilla.
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El relato del hermano
“Fuimos a buscar bolitas porque allá todo el mundo va. Y estábamos buscando y viene el vigilante, insultándonos, diciendo malas palabras, le respondimos que no estábamos robando ni haciendo nada malo, y que por qué venía con esa actitud. Se fue y llegó al rato con el supervisor. Se bajan de la moto y el supervisor saca el revólver. Nosotros ya nos íbamos cuando escuché el tiro; volteo para atrás y veo a mi hermano tirado en el lago, lo saco y está botando sangre por la boca, yo lo movía y lo llamaba», señaló el hermano de la víctima, también menor de edad.
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Versiones encontradas
Los hechos que rodearon la muerte de Antony son hoy objeto de una investigación técnica y forense. Sin embargo, los relatos que emergen desde el campo de golf y desde el corregimiento parecen narrar dos realidades.
Según denuncian los habitantes de Punta Canoa, Antony y su hermano menor se encontraban cerca de un cuerpo de agua, dentro del club, buscando bolas de golf para revender —una práctica común entre los jóvenes de la zona—. Aseguran que fueron atacados sin mediar palabra. El hermano sobreviviente relató además que los vigilantes presuntamente intentaron amarrarlo, pero logró escapar para alertar a la comunidad.
A través de un comunicado, el exclusivo complejo presentó su versión de los hechos.
«Se presentó un incidente cuando dos personas armadas ajenas al club ingresaron al campo de golf y, al ser conminadas por el vigilante para retirarse, se generó un altercado en el que resultó herida una de ellas, quien fue trasladada de inmediato al hospital, donde desafortunadamente falleció», señala uno de los apartes del comunicado presentado por la administración del club Karibana.
Según su versión, al ser conminadas a retirarse, se generó un enfrentamiento en el que resultó herida una de ellas.
El club enfatiza que ellos mismos trasladaron al joven a la Clínica Serena del Mar, donde lamentablemente llegó sin signos vitales.
El club busca dialogar con la comunidad
El campo de golf es uno de los más afamados de Latinoamérica. Foto:Adriana Garzón
La respuesta inicial de la comunidad tras la muerte del menor fue de indignación total. Las vías de hecho y los daños causados dentro de las instalaciones de Karibana requirieron la intervención del antiguo ESMAD (hoy UNDEMO) para contener la furia de los pobladores que exigen justicia.
En un gesto de duelo y buscando bajar los niveles de confrontación, el Club Karibana tomó medidas simbólicas y operativas como levantar la bandera a media asta en señal de solidaridad y la suspensión de actividades y servicios del club.
También convocaron a los gestores de comunidad para entablar un diálogo que permita establecer normas de convivencia que eviten la repetición de hechos violentos.
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Los habitantes de Punta Canoa aseguran que no es la primera vez que se presentan agresiones hacia menores que ingresan al predio en busca de materiales deportivos perdidos.
Mientras el ente investigador determina si el disparo fue en legítima defensa o un acto de fuerza desproporcionada, Punta Canoa llora a un joven que no llegó a iniciar su carrera profesional, y Cartagena se enfrenta nuevamente al espejo de su profunda desigualdad social.
Además, te invitamos
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Documental de la periodista Jineth Bedoya. Foto:
Cartagena
















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