A mediados de enero pasado, a través de la concejala Camila Gaviria, se conoció que dos docenas de mujeres denunciaron a un reconocido urólogo de la capital de Antioquia quien, de acuerdo con los reportes, habría abusado sexualmente y de manera sistemática de ellas por más de una década.
En su momento, al respecto del conglomerado de denuncias conocidas, la edil afirmó: «Las mujeres merecemos espacios seguros, sobre todo en las consultas médicas. Hago un llamado a la justicia para que este caso se resuelva pronto y estas mujeres que han sido víctimas puedan frenar la situación y que no le ocurra a otras mujeres. No estamos solas, alcemos la voz«.
En esa misma época, el urólogo recibió una suspensión de las labores profesionales por seis meses en medio de las investigaciones que se adelantaban en su contra.
Y en los últimos días, el especialista fue capturado por unidades de la Policía Nacional en un parqueadero del sur de Medellín, luego de que un fiscal del Centro de Atención Integral a Víctimas de Abuso Sexual (Caivas) lograra asociar un patrón delictivo tras recibir, de manera formal, al menos 20 denuncias.
Durante las audiencias concentradas, la Fiscalía General de la Nación le imputó el delito de acceso carnal o acto sexual abusivo en persona puesta en incapacidad de resistir.
Aunque el procesado no aceptó los cargos, el material probatorio fue suficiente para que el togado considerara que el médico representa un peligro para la sociedad y las víctimas, ordenando su reclusión inmediata.
En ese sentido, un juez de control de garantías dictó medida de aseguramiento en centro carcelario contra el médico urólogo Posada Peláez, señalado agresor serial que utilizaba su investidura y su consultorio privado para someter sexualmente a sus pacientes.
Con precisión, los expedientes en contra de Posada indican que el urólogo recibía a las mujeres en consulta, donde presuntamente realizaba comentarios e insinuaciones de carácter íntimo para luego solicitarles que usaran una bata médica. Una vez en estado de indefensión, el chequeo se transformaba en abuso y sometimiento sexual.
Sin embargo, la magnitud de este escándalo podría ser mucho mayor a lo expuesto inicialmente en el boletín judicial. Reportes periodísticos adicionales indican que el número de víctimas potenciales podría ascender a 50 mujeres, quienes habrían sufrido vejámenes similares durante años en sus consultas privadas. Los relatos de las sobrevivientes coinciden en el uso de maniobras de manipulación y tocamientos inapropiados bajo la excusa de procedimientos médicos legítimos.
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Los indignantes testimonios
Algunas de las mujeres que fueron víctimas de Posada relataron los vejámenes de los que fueron objeto en el podcast ‘Vos Podés’.
En el episodio, que tiene una extensión de más de una hora, al menos cuatro mujeres que fueron pacientes y víctimas del urólogo relataron lo que ocurrió al interior de sus consultorios en dos prestigiosas clínicas de Medellín.
«Yo estudié con él en el colegio, tuvimos una amistad de más de 30 años. Fui a una consulta por temas urinarios y me hizo un tacto vaginal«, narró una de las víctimas.
La mujer continuó: «Me empezó a decir que apretara sus dedos con los músculos de la vagina, que si tenía orgasmos. Me indicó que me desnudara y me puso a caminar de un lado a otro y él estaba sentado mirándome. Después, en un espejo grande que tenía en el consultorio, se paró detrás de mí, me tocó los senos y me preguntó quién me había hecho la cirugía de implantes».
Otra víctima relató el abuso del que fue víctima por parte de Alberto Posada: «A mí me dio una infección urinaria, no pude decirle a mi mamá que la tenía porque no tenía esa confianza en mi casa y yo había escuchado el nombre de Posada en la casa como urólogo de mi papá. Desde mi ignorancia entendí que este especialista era quien trataba este tipo de problemas».
Esta víctima ahondó en su desgarrador relato: «Yo fui a consulta y primero me hizo unos exámenes por la infección, pero luego me dijo que iba a revisar que no tuviera un problema sexual, me empezó a meter los dedos en la vagina y a decirme que apretara. Esto se empezó a convertir en una situación incómoda y me dijo ‘yo creo que tienes un problema’, ‘¿esto te excita?’, yo estaba petrificada y le dije que no, y empezó a tocarme los senos, y yo me acuerdo que lo veía parado frente a mí, me decía que era un examen normal, que no me tenía que preocupar, ‘yo me estoy controlando’, yo dije, este señor me está violando, no era capaz de responderle. Esto duró muchos minutos. Para mí fueron eternos. Él estaba excitado y yo lo noté en el pantalón».
Otra de las mujeres ofreció su historia: «Yo ingresé a Las Vegas por cálculos en los riñones y él me atendió. En esa oportunidad, no pude sacar los cálculos porque estaban muy arriba, entonces hubo una segunda cita en su consultorio, normalmente mi mamá me acompañaba y ese día no pudo, yo confié en que iba a ser una cita rápida».
La víctima narró: «Me realizó una evaluación física, me pidió que me desnudara y me acostara en la camilla con una bata. De un momento a otro me empezó a hacer un tacto vaginal, pero me dijo que cerrara los ojos, que sintiera, me preguntó que si me excitaba, me indicó que moviera la pelvis, me cuestionó sobre la posición sexual que más me gustaba… yo estaba en shock».
Esta misma mujer dio más detalles sobre lo que vivió: «Yo tenía la bata solo hasta la cintura, luego me hizo el ademán de alzármela completa para taparme la cara porque me quería revisar unos lunares en el pecho que lo tenían preocupado. Yo me negué. Llegué a la casa, le conté a mi hermano, que estaba estudiando medicina, y me dijo que esas cosas no eran normales«.
La última de las víctimas que rindió su testimonio en el podcast comenzó relatando: «Mi mamá me dijo que conocía a uno de los mejores urólogos de la ciudad. Pedí una cita y cuando entré a la consulta me indicó que me tenía que hacer un procedimiento con anestesia local, no recuerdo el nombre, pero era con un tubo metálico que tenía una camarita para ver todo el funcionamiento renal».
La mujer añadió: «Cuando hicimos ese procedimiento, fue muy incómodo. Él me había dicho que tenía que llevar un espejo para que él me mostrara dónde tenía la uretra. Ya en la consulta y con el espejo de frente como que me escarbaba, ahí particularmente no hubo nada que hizo que me sintiera mal. Me dijo que me iba a mandar unos exámenes para que revisemos«.
En su relato, la mujer contó lo que le ocurrió en esa siguiente cita: «Cuando volví me dijo que me quitara toda la ropa, que me pusiera una bata y me acostara en la camilla del consultorio. Estando acostada, me introdujo un dedo y me empezó a decir: ‘muévete para arriba, para este lado, para el otro’… un montón de cuentos, pero yo no sentía que fuera anormal, mi mamá estaba sentada a un metro de nosotros«.
La víctima continuó: «Durante el tacto, él me hablaba sobre la importancia del piso pélvico, de fortalecerlo, hacer Kegel, yo tenía control cada ocho días«.
Finalmente, la mujer rememoró lo que ocurrió en la última consulta que tuvo: «Me introducía el dedo, me ordenaba que me moviera, tanto era lo que hacía y decía que yo dije ‘yo creo que este señor tiene una erección‘».
Las mujeres que rindieron su versión en el podcast denunciaron que los abusos que sufrieron tuvieron lugar a finales de los años 90 e inicios de los 2000, cuando tenían alrededor de 20 años de edad.
NICOLÁS TAMAYO ESCALANTE
Periodista de Nación, en Medellín.
















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