Van 23 días de abril y la frase popular que dice que ‘en abril, lluvias mil’ no se ha podido aplicar en Bogotá. Por el contrario, lo que se ha presentado es un déficit de precipitaciones.
De hecho, ya ha corrido un mes y una semana de la primera temporada húmeda en la región Andina y el agua lluvia ha escaseado.
De acuerdo con el Instituto Distrital de Gestión de Riesgo y Cambio Climático (Idiger), en esta temporada de lluvias lo que se ha presentado es un “déficit de precipitación entre el 20 por ciento y el 60 por ciento”.
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Este es un comportamiento diferente al reportado en los dos primeros meses del año. Entre enero y febrero, cuando se esperaba una temporada de menos lluvias, se presentó un aumento por encima de los promedios históricos.
“Enero – febrero (temporada de menos lluvias): eventos atípicos de exceso de precipitación de hasta un 160 por ciento por influencia de sistemas sinópticos regionales”, señaló el Idiger.
Ante la actual reducción de lluvias y la alerta que dio el Ideam hace unas semanas sobre la probabilidad de un fenómeno d e El Niño en el segundo semestre de 2026, en particular desde septiembre, el Instituto Distrital de Gestión de Riesgo emitió lineamientos preventivos.
Guillermo Escobar, director del Idiger Foto:Idiger
“Ante la posible ocurrencia del fenómeno de El Niño durante el segundo semestre de 2026, de acuerdo con análisis de centros internacionales de predicción climática que advierten sobre un eventual calentamiento del océano Pacífico ecuatorial (…), el Distrito mantiene seguimiento permanente y ha activado acciones de preparación para mitigar posibles impactos en la capital”, señaló el Instituto.
En ese contexto, la entidad expidió la Circular 06 de 2026 con orientaciones dirigidas a las instituciones del Sistema Distrital de Gestión de Riesgos y Cambio Climático.
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El documento establece medidas enfocadas en la prevención de incendios forestales, el fortalecimiento de los sistemas de monitoreo hidrometeorológico, la actualización de planes de emergencia y la verificación de la capacidad de respuesta operativa.
También contempla ejercicios de simulación ante escenarios asociados a altas temperaturas, estrés hídrico y eventuales emergencias tecnológicas.
La entidad explicó que el fenómeno de El Niño altera los patrones normales de precipitación y circulación de los vientos, “lo que en Colombia suele traducirse en una reducción de las lluvias, especialmente en las regiones Andina y Caribe”.
planta de tratamiento Tibitoc Foto:Acueducto de Bogotá
En el caso de Bogotá, según el Idiger, esto implica niveles de precipitación por debajo de los promedios históricos.
El Idiger indica que de acuerdo con los análisis que ha efectuado para el Distrito Capital sobre el comportamiento de las lluvias bajo la influencia de un evento de Niño Típico, lo más probable es que se presenten las alteraciones más probables de la precipitación para el segundo trimestre y tercer trimestre del año.
En el trimestre de julio, agosto y septiembre, la entidad indica que en un evento típico de El Niño los modelos indican que puede darse un déficit de precipitación en gran parte del norte de la ciudad, y en el trimestre octubre, noviembre y diciembre se puede presentar déficit de lluvias en parte del sur de la capital.
Cabe recordar que la segunda temporada de lluvias del año para la región Andina es, precisamente, entre mediados de septiembre y mediados de diciembre. Es decir que, de consolidarse el fenómeno climático, podrían presentarse una reducción de las precipitaciones en el centro del país.
El director del Idiger, Guillermo Escobar, señaló que, pese a las anomalías recientes, la ciudad aún se encuentra en temporada de lluvias. Incluso, dijo que , «no se puede descartar la ocurrencia de precipitaciones en los próximos meses”. No obstante, consideró que “debemos seguir en alerta y tomando todas las precauciones”.
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Así las cosas, el Distrito reiteró el llamado a la ciudadanía y a las entidades a mantenerse informadas a través de los canales oficiales y a adoptar medidas de prevención frente a posibles escenarios de riesgo asociados tanto a déficit de lluvias como a eventos extremos.
Frente a ese panorama, el Instituto indicó que hizo siete recomendaciones interinstitucionales y acciones estratégicas “ya se vienen implementando para mitigar los posibles impactos de este evento en la capital”.
Embalse de Chuza Foto:Mauricio Moreno
Esas acciones son: uno, el fortalecimiento de la educación ambiental para prevenir incendios forestales por malas prácticas; dos, la actualización y socialización de los Procedimientos Operativos Estandarizados (POE), al igual que los Planes de Emergencia y Contingencia y demás instrumentos para la atención de emergencias asociadas a los escenarios de riesgo que se puedan materializar en la temporada.
Tres, seguimiento al funcionamiento de los sistemas de monitoreo hidrometeorológico y ambiental, asegurando la recepción y difusión oportuna de alertas; cuatro, revisión y actualización de los inventarios de recursos humanos, técnicos y logísticos disponibles para la respuesta, acorde a la tipología de riesgo que se pueda materializar.
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Cinco, ejercicios de simulación y simulacro orientados a escenarios de incendios forestales, afectaciones por estrés hídrico y emergencias tecnológicas asociadas a altas temperaturas; seis, garantizar la operatividad de los mecanismos de coordinación interinstitucional y la disponibilidad de canales de comunicación para la activación del Puesto de Mando Unificado (PMU).
Séptimo, establecer estrategias de comunicación del riesgo dirigidas a la ciudadanía, con mensajes preventivos sobre uso eficiente del agua, manejo de residuos, prevención de incendios y autocuidado frente a altas temperaturas.
De acuerdo con las mediciones de la capacidad de los embalses que realiza la CAR Cundinamarca, los embalses del Agregado Norte (Neusa, Sisga y Tominé) se encuentran en un 56,31 por ciento.
Estos embalses están localizados en la región Andina, que podrá verse afectada con menos lluvias si se consolida un fenómeno de El Niño en el segundo semestre del año.
Del Agregado Norte depende actualmente la planta Tibitoc, que capta y trata las aguas del río Bogotá. Esta planta, cuya modernización y actualización se encuentra en la fase final, tiene capacidad para abastecer a la mita del consumo de Bogotá y los municipios.
El otro sistema clave para la capital del país y la Sabana es Chingaza, con los embalses de Chuza, en límites de Cundinamarca y Meta, y San Rafael, en el municipio de La Calera. Esa agua es tratada en la planta Francisco Wiernes, que actualmente está en obras de ampliación.
Según el último reporte de la CAR, ese sistema se encuentra en un 42,47 por ciento. Chuza, en particular, se encuentra en un 27,25 por ciento de la capacidad.
No obstante, cabe recordar que al cumplirse el año del final del racionamiento, la gerente de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá, Natasha Avendaño, señaló que se espera que el impacto de El Niño “no sea tan grande”, por cuanto se localiza en la cuenta de la Orinoquia y depende del comportamiento de esa región y de la Amazonía.
Además dijo que “hoy tenemos una situación completamente diferente a la que teníamos cuando arrancamos con el racionamiento en 2024 (comenzó el 11 de abril y terminó un año después) y es que la planta de Tibitoc tiene capacidad para abastecer a cerca del 50 por ciento de la ciudad”.
GUILLERMO REINOSO RODRÍGUEZ
Editor de Bogotá
En X: @guirei24
















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