“Corran, corran,que hay otra bomba entre las alcantarillas. Cuidado con las alcantarillas”. Esa frase se escuchó segundos antes de la explosión mortal en el sector El Túnel, entre Cajibío y Piendamó, Cauca, a las 12 y 35 de la tarde del pasado sábado. A Mario Guerra, conductor de una camioneta, la bomba lo elevó hasta volcar por completo su carro: “Yo sentí que era harto tiempo, pero fue cuestión de segundos”, contó después de ser rescatado de entre la chatarra.
La alerta no llegó a tiempo y por eso el Cauca, el departamento más golpeado por la violencia de las disidencias de alias Iván Mordisco en los últimos cuatro años, llora hoy a 20 muertos. El peor atentado contra civiles desde el perpetrado en el club El Nogal en 2003, puso en evidencia la crisis del orden público en el país y suma argumentos contra la ‘paz total’, que en su primera etapa fue aprovechada por ‘Mordisco’ y su banda criminal para expandirse y consolidar su poder en el suroccidente de Colombia.
La bomba, escondida en las alcantarillas de la vía, fue accionada a la distancia a pesar de la presencia de decenas de conductores y ocupantes de los vehículos atrapados en un retén ilegal en plena vía Panamericana, la más importante del país. El saldo del ataque deja además 47 personas heridas, varias de ellas de gravedad.
La magnitud del ataque en Cajibío. Foto:Juan Pablo Rueda
No fue una acción improvisada. Los testimonios recogidos en la zona describen una secuencia que muestra la planeación previa y la intención de atacar a pesar de la presencia de civiles. Primero hubo control armado de la carretera; después, cierre del corredor vial, y luego acumulación de vehículos detenidos. La detonación ocurrió cuando decenas de civiles permanecían atrapados en el trancón; el método evidencia conocimiento del terreno, capacidad de intimidación y tiempo suficiente para ejecutar la maniobra, que viola todas las normas del Derecho Internacional Humanitario.
La Panamericana conecta el sur de Colombia con el centro: por allí se mueve toda la carga que entra y sale del puerto de Buenaventura. Como en los tiempos de las Farc, las disidencias de alias Mordisco la tienen como uno de sus objetivos principales, a pesar de los esfuerzos de Ejército y Policía por garantizar el tránsito seguro.
Ataque terrorista en Cajibío dejó 13 asesinados. Foto:AFP
La masacre de Cajibío, la 47 del 2026, como la catalogó Indepaz, fue parte de una escalada de violencia que completaba casi 36 horas de hechos contra el orden público. Se inició el pasado viernes en Cali, con el ataque con cilindros bomba contra un batallón, y sumó 26 acciones violentas en Cauca, Valle del Cauca y Nariño, entre hostigamientos, explosivos, retenes ilegales y ataques a infraestructura.
“El Cauca no puede seguir enfrentando solo esta barbarie. Estamos ante una escalada terrorista que exige respuestas inmediatas. Exigimos al Gobierno acciones contundentes, sostenidas y eficaces frente a la grave crisis de orden público que vivimos”, señaló el gobernador Octavio Guzmán minutos después del ataque y su administración decretó tres días de duelo. Ayer, las autoridades trabajaban en el restablecimiento de la vía, sobre la que podía verse sangre de las víctimas, la chatarra de los carros destruidos y las maletas despedazadas.
Ataque terrorista en Cajibío dejó 13 asesinados. Foto:AFP
Exigencias al Gobierno
El sábado, el ministro de Defensa, Pedro Sánchez, y la cúpula de la Fuerza Pública se desplazaron a Popayán tras una reunión extraordinaria de seguridad que sostenían en Palmira. En la capital caucana encabezaron un consejo de seguridad con autoridades regionales y mandos militares.
“Los responsables han sido identificados: criminales narcoterroristas de las disidencias al mando de alias ‘Mordisco’, que enlutan al suroccidente del país”, dijo el ministro, quien informó que se dispuso el despliegue de más de 13 pelotones de caballería blindados, 12 de infantería y capacidades policiales sobre la vía Panamericana, junto con dos pelotones adicionales para garantizar seguridad y movilidad. También anunció una recompensa de hasta 1.000 millones de pesos por información que permita ubicar a cabecillas como alias Farley, alias David o Mi Pez y alias Jairo Ramírez.
Alias Marlon Foto:Mindefensa
Sin embargo, la respuesta del Gobierno sigue generando críticas. Aunque el presidente Gustavo Petro condenó el terrorsimo en sus redes sociales y pidió “máxima persecución mundial contra este grupo narcoterrorista”, desde diversos sectores lo fustigaron porque inmediatamente después publicó en su cuenta de X las fotos de su fiesta de cumpleaños. Hasta anoche, el jefe de Estado no había hecho nuevas referencias al atentado ni se había pronunciado sobre la situación de las familias de las víctimas.
La candidata presidencial Paloma Valencia instó al gobierno Petro a “no seguir minimizando la violencia ni desarmando al Estado”. “Exigimos acción inmediata, respaldo total a nuestras Fuerzas Armadas y Policía”, dijo. Otros aspirantes a la Presidencia señalaron también la relación entre la disparada criminal en esa región y los errores de la ‘paz total’.
El ministro de Defensa, Pedro Sánchez, junto al gobernador del Cauca, Octavio Guzmán. Foto:Cortesía
Expertos en seguridad y generales en retiro consultados por EL TIEMPO señalan que lo ocurrido en Cajibío no puede entenderse sin mirar el proceso de degradación de la seguridad en Cauca, que se proyecta hacia Cali y el Valle. “Esta región no entró en crisis este fin de semana. Lleva años acumulando alertas, disputas armadas, rentas ilícitas y fragilidad institucional. Durante años, distintas estructuras armadas encontraron allí ventajas geográficas, corredores hacia el Pacífico, economías ilícitas y espacios de débil presencia institucional. El resultado ha sido una disputa prolongada por municipios, veredas, rutas y rentas ilegales”, dijo un oficial retirado.
El norte del departamento, el corredor hacia el Cañón del Micay y varias zonas rurales, se consolidó como enclave estratégico para el narcotráfico, minería ilegal y control social armado. En ese escenario, las disidencias de ‘Iván Mordisco’ se fortalecieron como uno de los actores con mayor capacidad de fuego y movilidad.
Atentado contra la Tercera Brigada de Cali, el 24 de abril de 2026. Foto:Juan Pablo Rueda / EL TIEMPO
Fallas en inteligencia
Fuentes consultadas por este diario insisten en que la inteligencia no puede medirse solo por capturas posteriores o por atribuciones después del hecho consumado. Su valor central está en detectar patrones, anticipar comportamientos y reducir probabilidades de ejecución. “Cuando se presentan acciones simultáneas en varios puntos y luego ocurre un atentado de esta magnitud, la pregunta por la anticipación se vuelve inevitable”, dijo un general en retiro.
El profesor César Niño, de la Universidad Militar Nueva Granada, señaló que lo ocurrido responde a “una debilidad estratégica de las Fuerzas Militares y, por supuesto, una capacidad reducida de anticipación por parte de la inteligencia, tanto militar como la inteligencia estratégica del país”.
En esa línea, el investigador Luis Fernando Trejo, de la Universidad del Norte, planteó que la secuencia de hechos puede estar asociada al avance de operaciones militares en el Cañón del Micay. “Usan el terrorismo en Cali con el fin de quitarle presión militar al Cauca o como advertencia: si avanzan en el Cauca, atacamos en las ciudades”.
Iván Mordisco Foto:Iván Mordisco
Otra lectura crítica planteó el experto en seguridad Hugo Acero, quien indicó que las acciones de ‘Mordisco’ apuntan a que “el nuevo gobierno lo tenga en cuenta ante posibles procesos de paz” y añadió que estas acciones también envían un mensaje de que “la ‘paz total’ fracasó”. Acero señaló además un punto estructural: “ ‘Mordisco’ y su gente saben que no están siendo monitoreados, saben que hoy el Gobierno no cuenta con inteligencia estratégica que le dé fuerza a la acción operativa de la Fuerza Pública”.
A un mes de las elecciones, la escalada violenta obedece —de acuerdo con el analista Jorge Andrés Rico Zapata– a que “estos criminales están buscando que la elección sea bajo sus intereses”. Bajo esa lógica, prevé que la violencia continúe en ascenso como mecanismo para exhibir control territorial y condicionar el voto de las comunidades.
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Cada atentado de gran escala vuelve a poner bajo examen la política de ‘paz total’. El Gobierno buscó abrir canales simultáneos de diálogo con distintos grupos armados mientras sostenía operaciones militares en zonas estratégicas.
El propósito era reducir violencia y crear condiciones de sometimiento o negociación. Pero la experiencia en territorios como Cauca ha mostrado dificultades. Fragmentación de estructuras, mandos regionales con autonomía, economías ilegales consolidadas y capacidad de recomposición armada complican cualquier intento de negociación integral.
Redacción Justicia
Justiica@eltiempo.com
















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