La historia de Mildred es la de miles de madres solteras en este país; sin embargo, en el documental ‘El juego de la vida’, de Mario Andrés Ruiz es de admirar. Con cuatro hijos, perdió su casa cuando una falla geológica, literalmente, se tragó a Gramalote (Norte de Santander). Sin nada más que lo que tenían puesto, tuvieron que irse a vivir con su madre que los acogió.
Desde ese primer encuentro con la cámara, Mildred transmite su valentía. Durante catorce años, la película- que se estrena en los cines del país el 7 de mayo- acompaña su vida y la de sus hijos como parte de un proyecto que nace desde las estadísticas de la pobreza en Colombia (a partir de la Encuesta Longitudinal sobre la dinámica de los hogares colombianos, de la Facultad de Economía, de la Universidad de los Andes), pero que se transforma, e incluso involucra a su autor, en un poderoso relato emocional en el que las decisiones, luchas e intentos por salir adelante no siempre significa progresar.
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«Yo creo que el motor fueron mis hijos, siempre han sido ellos», cuenta Mildred en una charla con EL TIEMPO. «Dios no me dio un buen papá para mis hijos, pero les dio una buena mamá y ellos son muy buenos muchachos», agrega.
El de Mildred es uno de los cinco relatos que sigue el documental que pone el foco en las trayectorias de vida en Colombia: cómo el punto de partida marca las oportunidades, pero no define por completo lo que cada persona logra hacer con ellas.
En el caso de Mildred, la venta de comidas rápidas y la preparación de platos para eventos especiales, la ayudó a salir adelante; pero su tesón no se detuvo ahí, después de volver a su tierra natal luego de que el pueblo fue reubicado y reconstruido, decidió dejarlo todo para viajar a Bogotá y emprender una nueva vida, haciendo labores administrativas en el MinTIC, donde tuvo que aprender lo má básico en sistemas y excel. Hoy, es una de las funcionarias más queridas en el Ministerio de las Culturas.
Donny Juan Pablo Lozano Leal, el hijo de Mildred, que se convirtió en rapero y productor musical. Foto:Roger Triana
¿Cómo es su relación con Gramalote hoy en día?
Estoy muy pendiente, estoy en los grupos, lo que puedo colaboro, hay mucha gente que quiero, uno no puede perder las raíces; entonces tengo ganas de ir en diciembre y enero, a ver si visito también mi casa, la tengo arrendada, pero lo ideal es acomodarme un poquito más y dejarla sin arrendar, solo para que vayamos de vez en cuando. Es completamente seguro que no voy a volver a vivir en Gramalote, por ahora no.
Una de las lecciones lindas de la película es no olvidar nunca de dónde se viene.
Fíjate que mis hijos no nacieron en Gramalote, ellos nacieron en Cúcuta, y a mí por un desplazamiento forzado me tocó volver a Gramalote, que fue mi tierra natal. Hoy, mis hijos me dicen: ‘mami, el tesoro más grande es habernos llevado a Gramalote, a pesar de la catástrofe, a pesar de las vivencias, ellos tuvieron una niñez muy sana y me tuvieron todo el tiempo a mí, porque uno en un pueblo está ahí siempre, entonces ellos me lo agradecen mucho. Y a Gramalote lo llevo en el alma, en el corazón, en mis raíces.
¿Cómo es su relación con Andrés (el director), se hicieron amigos?
Claro que sí. Yo estoy muy agradecida con las oportunidades que me da la vida, y una es haber conocido a Andrés y que él siguiera haciendo el seguimiento a ese proceso de la encuesta.
El director del documental, Andrés Ruiz. Foto:Diego Pinzón
De las cosas valiosas del documental es que les pone cara a las cifras.
Y no solo eso, sino que de repente eso se hizo como una encuesta económica, sí, para medirlo, pero la realidad de Colombia es otra, la gente, digamos, entre comillas, como nos dicen, la pobreza no es simplemente estar… la gente cree que uno solo está esperando los subsidios del Estado. No, la gente del común denominador de Colombia está ahí en la lucha de surgir, de tener más esperanza, de darles lo mejor a los hijos, de ir mejorando. Claro, hay gente a la que le dan más oportunidades y no las aprovechan, como hay otros a los que no. Ese también es algo bueno en la película, porque todos tratan de manejar su situación y resolverla, y no es culpa del Estado lo que nos tocó vivir. Las cartas están echadas, uno es el que debe saber cómo jugarlas.
¿Cómo fue esa sensación de verse en la pantalla?
La verdad, al principio dije: ‘¿yo en qué me metí?’, cuando Andrés me dijo que el material iba a ser para una película. Pero después, cuando nos vimos ya que las fotos, fue súper lindo, porque uno se evalúa. Claro, para la gente es economía, para mí es una evaluación de mi vida, de la línea de tiempo; es decir, yo no me quejé, yo no le puse obstáculos a nada, a cada cosa le sacaba provecho, y el motor tan fuerte que son mis hijos para mí. He visto tres veces, la primera pues eché la lágrima, ver a mis hijos con tantas necesidades y nunca quejarse, eso también fue fuerte. Y la última vez que que la vi, empiezo a evaluarme yo, a uno nunca le enseñaron a ser mamá, es puro instinto, y yo creo que, sin desvalorizar el hombre, pero la mujer es más fuerte, más resiliente, tiene amor, tiene paciencia, tiene sabiduría, y nunca se cansa. Claro, físicamente se puede cansar, pero en el corazón no, entonces uno sigue y sigue.
¿Qué le dice a la gente que está pasando por situaciones difíciles por las que usted pasó?
Siempre digo que después de que llueve, de las tormentas y los rayos, siempre va a salir el sol, sale el arco iris. Eso nos pasó a nosotros con lo de Gramalote, porque nosotros quedamos con lo que teníamos puesto. Sí, y mi vida antes de Gramalote era una, y después de Gramalote me tocó hacer lo que nunca había hecho. Entonces el que persevera alcanza, que sigan creyendo en ellos, que amen lo que hacen, que amen a su familia, que sí, habrá problemas, líos, que todos somos diferentes, pero que hay que amarnos y que eso lo ayuda a mantenerse más unido, y el fervor en Dios. Yo creo mucho en Dios, creo en el amor, creo que lo que usted hace bien, mi Dios se lo recompensa el triple. Y pues en mi vida lo he visto, en la salud de mi hija lo he visto, en muchas cosas. Nunca es tarde para empezar, para tener sueños, creer en uno mismo. A uno no le importa lo que piense la gente, uno tiene que amarse uno para poderle dar amor y empezar a cumplir las cosas. Todo trae un proceso, que es duro, que todo no pasa de la noche a la mañana, pero se puede lograr.
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Un libro sobre la película
Durante la Feria del Libro de Bogotá, que se realiza en Corferias hasta el 4 de mayo, el cineasta Andrés Ruiz presenta un libro, editado por Intermedio, sobre el proceso de realización del documental ‘El juego de la vida’.
“He acompañado a Andrés en este proyecto durante estos últimos años. Me he dado cuenta del poder de las historias aquí contadas, de su capacidad de conmover y enseñar. Es casi un cliché decirlo de esta manera, pero el documental y el libro deberían ser vistos y leídos por quienes quieran entender (y amar) a Colombia”, dice el prólogo del libro, escritor por Alejandro Gaviria.
‘El juego de la vida’ es una crónica en primera persona sobre la desigualdad, la movilidad social y las marcas que deja el tiempo en los sueños.
SOFÍA GÓMEZ G.- REDACCIÓN CULTURA
















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