El debate económico sobre qué tanto crecerá la economía colombiana ya no está en 2025, la discusión está ahora en 2026, y el consenso del mercado apunta a un crecimiento moderado, sin que este sea un giro estructural.
En su más reciente Informe de Política Monetaria, el Banco de la República redujo su proyección de crecimiento para este año a 2,6 por ciento, desde 2,8 por ciento estimado en un comienzo.
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Dicho ajuste refleja una economía que aún muestra dinamismo en la demanda interna, pero que enfrenta presiones inflacionarias, tasas de interés altas y un entorno de elevada incertidumbre fiscal y externa.
El Emisor advierte que la demanda continúa por encima de la capacidad productiva, lo que mantiene una brecha del producto positiva durante 2026. Ese exceso de demanda, sumado al incremento del salario mínimo de 23,2 por ciento —hoy bajo revisión— y al deterioro fiscal, obligó a endurecer la postura monetaria: la tasa de interés fue elevada en enero hasta 10,25 por ciento.
En el frente privado, las proyecciones son similares. BBVA Research, por ejemplo, anticipa un crecimiento de 2,8 por ciento, con mayor dinamismo en el primer semestre por el impulso del consumo y una moderación en la segunda mitad ante condiciones financieras restrictivas e inflación persistente. La construcción podría aportar gradualmente, especialmente en obras civiles y vivienda No VIS, aunque el ciclo electoral introduce ruido, dicen los analistas de la entidad.
Este año el sector contructor podría recuperar algo del terreno perdido en años anteriores. Foto:Raúl Arboleda / AFP
Más cauteloso es Credicorp Capital, que revisó su estimación de 2,7 a 2,5 por ciento, al advertir que el aumento del salario mínimo y las tasas podrían enfriar la actividad hacia el cierre del año.
El equipo de Investigaciones Económicas de Bancolombia advirtió que el resultado reciente del PIB deja un “sesgo negativo” sobre la proyección de 2026, que hoy ubican alrededor de 3,2 por ciento, pero con riesgos a la baja. Consideran que ese avance dependerá en buena medida del impulso fiscal, mientras el sector privado enfrenta mayores costos de financiamiento e incertidumbre electoral. Desde el banco subrayan que, sin una recuperación clara de la inversión, especialmente en construcción y edificaciones, el crecimiento potencial podría verse afectado en el mediano plazo.
Para el sector empresarial, el mensaje es menos optimista. María Claudia Lacouture, presidenta de AmCham Colombia, sostiene que el crecimiento reciente “no es estructural ni sostenible” si sigue apalancado en consumo y gasto público.
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“Necesitamos pasar de intermediación a transformación: reindustrializar, agregar valor, innovar e internacionalizar. Hoy vemos más maquillaje que cirugía”, afirmó.
Desde la academia, los analistas de la Corporación Universitaria Iberoamericana advierten que, en un entorno de costos laborales más altos y financiamiento costoso, la prioridad debe ser la estrategia empresarial: diferenciar productos, evitar competir como materias primas y buscar nuevos mercados, incluso fuera del país.
El panorama, en síntesis, es de crecimiento sin euforia. La economía avanzaría en 2026, pero con un motor todavía dependiente del gasto y con una inversión que sigue siendo el eslabón más débil. Sin un repunte estructural de ese componente, el techo de expansión seguirá siendo limitado, precisan los consultados.
















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