El mundo del vino es movido. Pasan cosas permanentemente. Y, claro, también hay ‘revoluciones’. Por eso, y a raíz de una noticia que ya les contaré, hoy vamos a hablar de una rebelión en el cava que empezó en 2017. Pocos apostaban por ella, pero se ha venido consolidando a punta de excelencia.
Como suele suceder con las revoluciones, esta también nació de una profunda crisis. En este caso, por la identidad y calidad del espumoso insignia de España.
Lo que hay detrás de esto es la convicción de que el cava es un espumoso de clase mundial y que puede competir sin problema alguno con el champagne si deja el camino del volumen y se concentra en la excelencia con un fuerte acento en las largas crianzas.
Si bien el cava tiene sus orígenes en la zona vitivinícola del Penedès (Cataluña), con el municipio de Sant Sadurní d’Anoia como corazón indiscutido del mismo –las primeras botellas se hacen allí en 1872–, la D. O. Cava se extiende a lo largo de siete regiones tan disímiles como pueden ser Extremadura y el País Vasco. En síntesis, una identidad de origen poco clara a la que se sumaba una preponderancia de las apuestas por el volumen y los ‘precios competitivos’.
Eso generó un cisma y el nacimiento de una ‘república independiente’ llamada Corpinnat. Seis bodegas de renombre en el Penedès –Gramona, Llopart, Nadal, Recaredo, Sabaté i Coca y Torelló– se retiran de D. O. y fundan la Asociación de Viticultores y Elaboradores Corpinnat (Avec). Un nombre muy poco ‘sexi’, pero con un significado muy profundo, pues ‘Cor’ es corazón en catalán, Pinnae es la raíz latina de Penedès, que significa peña o roca, y ‘Nat’ es nacido.
Todo un grito de reivindicación de un origen indiscutible, pero también de una gran apuesta por la calidad que se distingue por varias reglas: solo uvas del corazón del Penedès, viticultura 100 por ciento ecológica, cosecha manual, crianza mínima de 18 meses (el doble que el grueso de los cavas), el vino hecho en un 90 por ciento con variedades históricas de la región y las bodegas sometidas a una auditoría externa tres veces al año.
Lo que hay detrás de esto es la convicción de que el cava es un espumoso de clase mundial y que puede competir sin problema alguno con el champagne si deja el camino del volumen y se concentra en la excelencia con un fuerte acento en las largas crianzas.
Hace unos años tuve la oportunidad de participar en un ejercicio que me dejó claro que esto no es un delirio sino una realidad. Fue una cata a ciegas con dos botellas de Gramona y tres champagne de indiscutible renombre. El resultado, producto de las calificaciones de un panel de conocedores, fue que los cavas de Gramona –productor excelso– quedaron en las posiciones 1 y 3.
Toda esta historia viene a que a inicios de este mes Juvé & Camps, una bodega con más de 100 años de historia, gran prestigio y una facturación de 27 millones de euros en 2025, dejó la D. O. Cava para unirse a Corpinnat, que ya suma 22 miembros y planea llegar a 30 en el 2027.
Y la declaración de la gente de Juvé & Camps no deja duda sobre la motivación de la decisión. “Consideramos que ha llegado un momento en el que podemos colaborar a posicionar los espumosos de larga crianza del Penedès a nivel mundial y contribuir a que este territorio sea visto en el mundo como una gran región vitivinícola de espumosos”, dijo Meritxell Juvé, cuarta generación de esta familia viticultora y cabeza de la bodega.
¡Salud por los que apuestan por la calidad y por un nuevo y gran futuro para el cava!
Víctor Manuel Vargas Silva
Editor Jefe de la Edición Domingo de EL TIEMPO
En instagram: @vicvar2
LEA TAMBIÉN
















Deja una respuesta