El Pacífico colombiano no solo ha sido sinónimo de abandono, violencia o marginalidad. También —aunque pocas veces se cuente— fue territorio de riqueza. Sobre esa contradicción se levanta Cenizas doradas, la nueva novela de William Vega Fernández, que marca su regreso a la Feria Internacional del Libro de Bogotá tras siete años de silencio editorial.
La apuesta es ambiciosa y apunta a narrar la historia de abundancia de la región. “Tras un largo silencio de siete años, presento ahora esta novela con un tema inédito en Colombia y es narrar la la poderosa Barbacoas en el pacñifico sur colombiano, una provincia que fue un referente de riqueza y poderío económico social y político, luego postrada a través de dos siglos por situaciones de otro orden que la dejó en una situación de marginalidad, pero de la que empieza a recupersrse de una manera esperanzada, de ahí el nombre de la novela, después de todo gran incendio, viene un renacimiento”, dice el escritor.
Nacido en Buenaventura, Vega Fernández ha construido una obra que insiste en mirar hacia territorios históricamente excluidos del relato nacional. Con Cenizas doradas reafirma esa búsqueda y la complejiza al situar lo que cuenta en Barbacoas, antiguo enclave minero del suroccidente colombiano, donde el oro definió durante siglos las jerarquías sociales, las tensiones políticas y las fracturas humanas.
William Vega Fernández Foto:Cortesía
La novela se mueve entre las dos fuerzas de la memoria y la pérdida. Sus personajes —atravesados por la culpa, el deseo y las decisiones irreversibles— habitan un mundo donde el pasado no termina de irse y el futuro apenas se insinúa. En ese vaivén, la historia plantea una pregunta central: ¿es posible reconstruirse después de haberlo perdido todo?
Pero más allá de su dimensión íntima, el libro también es una intervención en la narrativa del país. Vega propone mirar el Pacífico desde otro ángulo.
“Fue muy importante escribir esta novela porque realmente es la primera sobre el Pacifíco sur colombiano, especialmente de esa zona de Barbacoas que narra unos episodios y unas épocas de vida descinocidas por la inmensa mayoría de los colombianos. En esa historia se representan muchos pueblos del mundo, por eso mi sentir es que es una novela que puede alcanzar, sin mayores pretenciones, tintes de universalidad porque es una novela desde la marginalidad, pero contada desde la abundancia y esa riqueza no solo material, sino cultural”.
Esa tensión —entre marginalidad y abundancia— atraviesa toda la obra. Cenizas doradas es, en palabras del propio autor, una novela de amores que naufragan en océanos de codicia, opulencia y miseria. Un relato donde lo humano se define en medio de fuerzas históricas que superan a sus protagonistas, pero no los anulan.
El rigor histórico con el que está construida la novela permite entender las dinámicas de Santa María de la Nueva Toledo del Puerto de las Barbacoas en su época de esplendor.
William Vega Fernández Foto:Cortesía
Esta nueva publicación se suma a una trayectoria consolidada, en la que destacan títulos como Los hombres de Rahel, La demencia de la diosa y Misa perversa, obras que conforman su reconocida “Trilogía Fémina”. En todas ellas, Vega da voz a territorios y personajes que permanecían fuera de los grandes relatos, rescatando una oralidad y una identidad que rara vez ocupan el centro de la literatura nacional.
El impacto de Cenizas doradas ya empieza a sentirse en el ámbito crítico. El escritor y analista Julio César Londoño la describe así: “La nueva novela de William Vega, es una historia antigua contada con una prosa ágil y moderna, que no afecta el color de las cosas viejas. Vega tiene la fluidez y la gracia del mejor Gabo, pero las atempera con un pulso firme y un voz muy propia. Con un lenguaje rico y terso, esta novela nos brinda todos los alimentos que necesita el espíritu”.
Más que una novela histórica o un retrato regional, Cenizas doradas se proyecta como una obra con vocación universal. Porque, aunque parte de un territorio específico, sus conflictos —la ambición, el amor, la pérdida, la esperanza— son reconocibles en cualquier lugar del mundo.
Redacción Cultura
















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