El obsesivo, incondicional y entregado amor de Florentino Ariza y Fermina Daza se convirtió en la única conexión de Iván Onatra con Colombia, durante los meses de intercambio estudiantil en los que sintió que los más de 20 grados bajo cero del invierno canadiense lo iban a empujar al abismo: “Tenía 15 años, estaba en Calgary, en la mitad de la nada”.
El diseñador gráfico y fotógrafo bogotano lo cuenta mientras recorre, señala y explica las 224 fotos urbanas estalladas en color, intercaladas con 14 frases dichas por Gabo sobre Nueva York-entre 1950 y 1997- e impresas en los 88 paneles que componen la exposición ‘Macondo York’.
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No hay rascacielos sino letreros que relatan la ciudad, otras maneras de contar su espíritu y energía vibrante, tomas hechas entre 2011 y 2024: “Aunque vaya muchas veces, siempre se encontrará una ciudad diferente. Los edificios duran cien años; pero los stickers, dos meses”. La exhibición es una de las novedades de la Feria Internacional del Libro (Filbo) que se realiza en Corferias hasta el 4 de mayo, con la organización de Corferias y la Cámara Colombiana del Libro (CCL).
Onatra llegó por casualidad a la lectura de El amor en los tiempos del cólera, una novela que ni siquiera recuerda cómo llegó a Canadá en su maleta. La historia de Gabo fue lo primero que leyó del cataquero: “Me cambió la vida pues nunca había estado lejos de mis papás. Me vi muy solo, con frío, era muy oscuro, amanecía a las nueve de la mañana y oscurecía a las cuatro de la tarde. Lo único que podía hacer era leer. Ese libro fue luz y calor. Pensé en cómo era posible que alguien me hiciera sentir el Caribe, sin que yo fuera caribeño”.
Ya para entonces, la máquina de fotos que le había prestado su mamá se había convertido en una extensión de su cuerpo. A los 14, en un viaje de vacaciones de verano con sus papás y alojados en casa de una amiga, en el multirracial Queens, Iván se había enamorado de esa explosión de sensaciones, acentos, olores, sabores y luces de neón exacerbadas: “Es mi ciudad favorita desde entonces”, dice el artista que vive desde 2014 entre Bogotá, Cartagena y Nueva York.
Gabo escribió de la ciudad once años antes de conocerla en 1950. Foto:Diego León Giraldo
Siendo estudiante de secundaria del colegio La Salle, se matriculó en unos cursos libres de fotografía que dictaban en la Universidad Nacional. Era el más joven. Tomaba fotos sin descanso y sin intención clara. Al terminar el colegio cursó diseño gráfico en la Tadeo Lozano. Durante 15 años se encargó de la imagen del Hay Festival, de Cartagena.
Ya instalado en su pequeño apartamento de Hell’s Kitchen, en Manhattan y a pocos metros de Times Square, hace dos años supo de un taller que dictaría la Feria del Libro de Nueva York en asocio con la Fundación Gabo: ‘Narrar Nueva York desde la mirada de Gabo’ pretendía que los alumnos investigaran si había alguna relación entre el escritor y la ciudad. Iván descubrió una frase que encajaba con sus percepciones y las fotos que llevaba años acumulando. Ese fue el germen de un libro que lanzó el año pasado y que ya se complementa con la expo que está colgada en la Filbo.
“Fueron cuatro días de escritura, bajo la dirección de Felipe Restrepo Pombo. No soy escritor ni periodista, pero me llamó la atención porque sentí que tenía algo que contar. Dos meses después encontré que esas palabras dichas por el Nobel encajaban con lo que yo quería transmitir”.
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“Nueva York, siempre tan desigual y siempre tan originalmente americana”, escribió en 1950 Gabriel García Márquez sobre la gran ciudad, once años antes de visitarla. Onatra pensó que esa sencilla frase describía de manera atemporal lo que él mismo sintió en ese primer viaje del verano adolescente y lo que redescubre cuando se monta en alguna de las líneas del metro y se va hasta la última parada, viendo rostros, expresiones, retratando grafitis, afiches rotos, paredes descascaradas o el letrero en alguna prenda de vestir.
“Gabo comenzó a escribir sobre Nueva York en los años 50 -añade-; antes de conocer la ciudad en el 61, cuando vivió como seis meses. Era corresponsal de Prensa Latina. Viajó con Mercedes, su esposa, y con su primogénito, Rodrigo, que tenía dos años. Al poco tiempo recibió amenazas y salieron en bus hacia el sur, con 200 dólares que al poco tiempo se les acabaron. García Márquez le escribió a Plinio Apuleyo, quien le pudo enviar 150 para continuar su escapada. Llegaron a México con solo 20 dólares. Con el tiempo regresó varias veces, incluso fue profesor invitado en la Universidad de Columbia”.
Gabriel García Márquez, nobel de literatura colombiano. Foto:Hernán Díaz
El libro se presentó en Ámsterdam, Barcelona, Atenas, Osaka, México y Guadalajara. Este año se lanza en Panamá, Madrid, Cáceres, Lisboa y Santo Domingo. En cuanto a la exposición, ya se vio en el Hay Festival de Cartagena y se colgará en el Festival Lea de Atenas y la isla de Chios (Grecia); en ULibro, de Bucaramanga, y la Fil Nueva York: “Es muy fácil de mover, pues se imprimen las fotos en cada sitio y se adaptan al espacio”, explica el artista.
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¿Qué relación hay entre Nueva York y el realismo mágico?
Cuando caminas todas las ciudades del mundo, los letreros, las calles, las alcantarillas, el andén, el metro, las vitrinas te van contando, te van describiendo una filosofía urbana, que sin decir mucho lo dice todo. En la última frase del libro y la exposición, García Márquez dice que la fotografía ha adquirido un poder de evocación y síntesis que terminará por convertirla en la mejor testigo de la historia. Sus palabras siguen teniendo absoluta vigencia.
Cuando él escribió por primera vez de NY tenía 23 años y no la conocía…
Esa es la magia. Me llamó la atención que se atreviera a escribir sobre una ciudad que no conocía y que lograra capturar esa esencia que perdura. Todas las frases que acompañan las fotos están certificadas por la Fundación Gabo. Me aterraba poner en su boca algo que nunca hubiera dicho, ahora que hay tanto fake y a tantos artistas se les adjudican cosas que ni pensaron.
En su caso, aparte del taller, ¿cuál fue el germen para contar?
Yo tenía un proyecto de realismo mágico, que he venido investigando a través de los letreros de los lugares a los que viajo. Cuando llegó la oportunidad, acoplé lo que se pedía en los cursos con lo mío.
Gabo comenzó a escribir sobre Nueva York en los años 50. Foto:Mauricio Moreno. ELTIEMPO
Es una especie de tejido visual y tipográfico…
Después de la primera frase, en la que Gabo habla de una Nueva York desigual y tras revisar archivos y encontrar una foto donde un hombre tenía esa palabra en una camisa, lo demás se fue engranando. Todas las fotos tienen que ver con una frase alrededor. Es muy importante, por ejemplo, cuando en 1979 dijo: “En Nueva York hablo de entrada español y todo el mundo me entiende”. Eso aplica para finales del siglo pasado, para estos tiempos y el futuro; porque es una ciudad bilingüe, hispana, multirracial y pluricultural.
¿Qué cree que encantó a Gabo de Nueva York?
Creo que hubo una relación de amor y odio. Por un lado el impacto con el neón, el ruido, la vida nocturna; la capacidad de la gente en una ciudad que bulle y que tiene historias para contar en cada esquina; lo que revela que es también un Macondo. Por otro lado, tener que salir corriendo por las amenazas.
¿Alguna escena que califique como realismo mágico de la que haya sido testigo?
Por ejemplo la foto de un hombre de espalda, viendo pasar el tren a toda velocidad y en su camiseta se lee “¿Cuál es la prisa?”; la de una guitarra rota insertada en una caneca y marcada como AC/DC o una calcomanía que dice “Cuidado con el perro” y está toda mordida.
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Para algún ‘gabólogo’ se podría tratar de un atrevimiento o incluso una traición…
Él fue el punto de partida para esta propuesta. Creo que los nuevos artistas no debemos escribir como él lo hizo sino utilizarlo como punto de partida para construir nuestras propias historias, en un lenguaje personal. Esta es una propuesta gráfica que cuenta las vivencias de un artista, en este caso Gabo. Es un homenaje a lo que escribió y ver cómo sus palabras siguen siendo vigentes.
Se siente una clara intención de impactar a las nuevas generaciones, tan visuales…
No solo porque muchos de las nuevas generaciones no leen de la manera tradicional sino también porque no sabían que él vivió en Nueva York. Siempre se le relaciona con México, Madrid, París, Cuba, Colombia, Aracataca. Es también una manera de contar cómo esa relación cobra más vida cuando el año en que muere, en 2014, el 5 de junio, lo declaran el Día de García Márquez en Nueva York, por su legado literario y la fuerte relación que tuvo con la ciudad.
¿Hacer el libro y armar la exposición le reveló algo distinto de esa ciudad?
Me volví más obsesivo con mirar la calle. Quiero hacer una trilogía, de la que ya tengo la segunda parte, que vamos a lanzar el próximo mes en la Feria del Libro de Madrid, y es de (Federico García) Lorca en Nueva York.
DIEGO LEÓN GIRALDO
ESPECIAL PARA EL TIEMPO
















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