Las librerías independientes en Colombia atraviesan un momento de tensión. El aumento de costos, la competencia digital y los cambios en los hábitos de consumo han obligado a replantear un modelo que durante décadas parecía estable.
Las cifras de la Cámara Colombiana del Libro confirman que el panorama no es sencillo. El 78,6 por ciento de las librerías señala como uno de sus principales problemas la competencia con plataformas en línea, mientras que el 79,6 por ciento habla de bajos márgenes de ganancia y el 76 por ciento, de altos costos de operación. A esto se suman el precio de los libros (68,8 por ciento), la piratería (68,4 por ciento) y las campañas de descuentos de editores y distribuidores (58,2 por ciento). El diagnóstico es claro: el modelo tradicional está bajo presión.
Estadísticas. Foto:Página web oficial Cámara Colombiana del Libro
La fragilidad no es solo estadística. Ana María Aragón, presidenta de la Asociación Colombiana de Librerías Independientes (ACLI), confirmó que entre sus afiliadas cerraron Posdata, en Cúcuta, y en Bogotá, Mr. Fox y Hojas de Parra. Los factores, explicó el gremio, fueron principalmente el costo del alquiler y lo que califican como “competencia desleal en la cadena del libro”.
Frente a ese escenario, algunas librerías han optado por reinventarse.
Comunidad y tecnología como respuesta
EL TIEMPO habló con Wilborada 1047, ubicada en Bogotá, un espacio que ha apostado por convertirse en algo más que un punto de venta.
“Una librería hoy no puede limitarse a vender libros. Tiene que ser un lugar de encuentro”, explicó Alberto Gómez, director de libreros. Por eso el espacio funciona como centro cultural, organiza eventos y maneja una base de datos de miles de clientes apoyada en herramientas tecnológicas.
Alberto Gómez, director de libreros Wilborada 1047. Foto:Samuel Rosales
Sobre la digitalización, Gómez es claro: “No vemos la tecnología como enemiga. La usamos para entender mejor a nuestros lectores y fortalecer la comunidad”.
Esa apuesta no es aislada. Según la Cámara Colombiana del Libro, el 64 por ciento de las librerías realiza presentaciones de libros; el 44 por ciento organiza talleres y el mismo porcentaje mantiene clubes de lectura activos. Un 36 por ciento programa firmas de autores y un 34 ciento actividades de lectura para niños. Incluso conciertos (16 por ciento), exposiciones de arte (8 por ciento) y seminarios (7 por ciento) hacen parte de la oferta cultural.
Estadísticas. Foto:Página web oficial Cámara Colombiana del Libro
La librería, en este modelo, deja de ser solo comercio y se convierte en experiencia.
El valor del librero frente al algoritmo
EL TIEMPO habló también con Librería El Callejón, ubicada en Bogotá, que ha fortalecido sus clubes de lectura y el vínculo con lectores jóvenes.
Librería El Callejón. Foto:Cortesía
“Nosotros no podemos competir con los descuentos de las plataformas, pero sí podemos ofrecer conversación, criterio y cercanía”, señaló Diego Beltrán, dueño de la librería.
En su librería funcionan tres clubes de lectura activos y buena parte del público es joven, lector de fantasía y narrativa contemporánea. “Hay un mito de que los jóvenes no leen. Sí leen, pero buscan espacios donde puedan compartir esa lectura”, afirmó.
Sobre la inteligencia artificial y los algoritmos de recomendación, Beltrán es escéptico: “Un algoritmo puede sugerir títulos similares, pero no reemplaza la conversación con un librero que conoce a su comunidad”.
Especialización como identidad
EL TIEMPO habló con Sebastián Aldana, fundador de Librería La Dacha, ubicada en Bogotá, especializada en literatura rusa y del Este europeo.
Sebastián Aldana, dueño de La Dacha. Foto:Samuel Rosales
Su modelo no compite por volumen sino por identidad. “Nosotros apostamos por la curaduría. El lector que viene aquí busca algo específico, una conversación distinta”, explicó.
La Dacha combina su catálogo con programación cultural frecuente. “Si solo vendiéramos libros, sería muy difícil sostenernos. Las actividades crean comunidad y esa comunidad sostiene la librería”, dijo Aldana.
Un sector creativo bajo presión
Las cifras muestran un sector tensionado por variables económicas difíciles de controlar. Los testimonios revelan creatividad y adaptación.
El alto costo de operación, los márgenes reducidos y la competencia digital presionan el modelo tradicional. Pero la respuesta no ha sido uniforme. Algunas librerías han optado por especializarse; otras por ampliar su agenda cultural; otras por integrar herramientas tecnológicas para conocer mejor a sus lectores.
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La reinvención no garantiza inmunidad frente a los cierres -como los ya registrados en Cúcuta y Bogotá-, pero sí revela que las librerías independientes están lejos de resignarse.
En un mercado dominado por la inmediatez y el descuento, estas apuestan por algo menos medible: la construcción de comunidad.
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Samuel Amisadai Rosales Rosales – Redacción Cultura
















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