Si a usted, estimado lector, le plantearan el escenario de que, tras una vida tan común como cualquiera, le llegará una muerte intempestiva y dolorosa, tal vez pensaría más en tinieblas que en luces. Justamente eso es lo que vive el personaje de Iván Ilich, un alto funcionario del gobierno ruso que no sólo se enfrenta a una enfermedad terminal, sino que debe aceptar que no ha logrado nada extraordinario durante su existencia.
“La vida, una serie de sufrimientos cada vez mayores, transcurre más rápida hacia el final, hacia el sufrimiento más terrible”, escribió León Tolstói en su novela corta La muerte de Iván Ilich, que publicó en 1886 y con la que sentó las bases de la llamada prosa psicológica.
Ante tal escenario de vértigo y dolor, el pobre Ilich seguramente también pensaría solamente en tinieblas. Pero hay algo más allá de la muerte y ese es justamente el sustrato que el grupo ruso Teatro de las Naciones propone en la obra Muerte ordinaria, adaptación escénica de la novela de Tolstói que se presentará en la segunda edición del FIAV Bogotá – Festival Internacional de Artes Vivas, que se realizará del 27 de marzo al 5 de abril.
Dirigida por Valery Fokin y protagonizada por Evgeny Mironov, esta pieza representa tanto el deterioro de la salud de Iván Ilich como el renacimiento del alma que experimenta el personaje. Y es ahí cuando aparecen las luces en la historia -en la puesta en escena, la luz también tiene un protagonismo especial-.
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“Dado que Tolstói es un autor de talla mundial, creo que no se trata realmente del alma rusa, sino que más bien habla de cosas que conciernen a todas las personas de nuestro planeta. Y como también es filósofo y tiene su propio enfoque complejo de la vida, sin duda lo transmite”, asegura sobre esta novela Evgeny Mironov, quien también es el director artístico del Teatro de las Naciones y tiene además una prolífica carrera como actor de cine -ha actuado en más de 60 películas en su país-.
¿Qué despierta en usted leer cualquier página escrita por Tolstói?
No importa lo que lea de Tolstói, siempre hay dos cosas que me llaman la atención. La primera es su colosal talento como escritor. Ya sea que escriba sobre las pasiones humanas, como en Anna Karenina, o sobre el destino de un caballo, como en la novela corta Kholstomer (Strider), siempre alcanza una comprensión profunda del héroe, hasta el nivel celular. Y esto le permite hacer otra cosa que es notable: explorar grandes temas filosóficos en sus obras literarias, lo que le permite expresar su actitud hacia este mundo. En cuanto a La muerte de Iván Ilich, muchos estudiosos, especialmente los relacionados con la medicina, han señalado la precisión con la que describe el proceso de la enfermedad y la muerte. Pero Tolstói no sería Tolstói si no utilizara este tema para hablar de lo que experimenta una persona en esos momentos y del nivel casi cósmico al que se elevan sus sentimientos y emociones.
¿Cómo lograron traducir en lenguaje teatral esa prosa psicológica que inventó Tolstói con esta novela?
Fue una experiencia nueva para mí, ya que el psicologismo de Tolstói se puede expresar de diversas formas teatrales, aunque hay que hacerlo con sutileza. La intensa sinceridad que existe en La muerte de Iván Ilich exigía un enfoque diferente por mi parte como actor. Es prácticamente un monólogo, la representación tiene lugar en la cabeza del protagonista y yo lo expreso como un complejo proceso mental. Para lograrlo hay que ser increíblemente auténtico, porque todo tiene lugar en un espacio íntimo, ante los ojos del público. Nuestra producción, por cierto, exige que ellos también sean abiertos, ya que se trata de una conversación mutuamente franca. Para mí, Muerte ordinaria es sin duda una actuación experimental, en la que hay que ser genuino, auténtico, y, como dice Fokin, hay que entregarse a uno mismo. Es decir, me apropio completamente del personaje; sus pensamientos se convierten en los míos. Y en este sentido, la escuela de Stanislavski, la escuela del teatro psicológico, me ayuda por un lado, pero por el otro, creo que de alguna manera este es un método totalmente diferente.
En el FIAV Bogotá, la obra se presentará en un formato casi ceremonial -cada función es para unos 250 espectadores-. ¿Qué aporta esta puesta en escena tan íntima a la experiencia del público?
Uno de los trucos de dirección de Valery Fokin en esta producción es mantener las luces del auditorio encendidas. Dado que la representación comienza con una despedida ritual del personaje principal, el público debe sentir que no está en un teatro, sino en una ceremonia real; desde los primeros minutos, debe convertirse en participante del proceso. Esto acorta el camino del actor hacia el público. Debemos unirnos y hablar de un tema que nos preocupa a todos.
Iván Ilich está profundamente preocupado por su vida supuestamente desperdiciada y por la proximidad de la muerte. ¿Cómo desarrolló este personaje?
Nadie puede aceptar un diagnóstico fatal. Y el personaje principal, Iván Ilich, no es una excepción. Para mí era importante mostrar, por un lado, el proceso de comprensión de que ha ocurrido algo irreparable, luego el rechazo de la situación —la sensación de injusticia, agresividad, luego epifanía— y, al final, Tolstói da esperanza a toda la humanidad de que finalmente habrá esa luz. Y en este sentido, para mí, Muerte ordinaria es una obra muy positiva, porque nos da esperanza a todos.
¿Por qué eligieron a Valery Fokin para dirigir esta producción?
Valery Vladimirovich Fokin y yo hemos trabajado juntos muchas veces y habíamos estado pensando mucho en un nuevo material. La idea de llevar a escena La muerte de Iván Ilich fue suya. Cuando releí esta obra, al principio me sentí aprensivo, ya que no entendía cómo transmitir en el escenario un nivel de revelación tan alto, que exige una gran responsabilidad y dedicación por parte del actor. Pero como admiro mucho al director y somos amigos, deposité toda mi confianza en él. Dedicamos tiempo a explorar esta obra y a buscar la forma de nuestra producción con gran alegría y placer.
Usted también ha interpretado a otros personajes emblemáticos, como Tío Vania de Chéjov e incluso todos los personajes de ‘Hamlet’ en la obra que el Teatro de las Naciones estrenó en 2013 bajo la dirección de Robert Lepage. ¿Qué ha representado para usted darles vida a estas creaciones inmortales?
Sí, realmente soy un artista afortunado. He trabajado con grandes directores como Bob Wilson, Alvis Hermanis, Eimuntas Nekrošius, Declan Donnellan, Thomas Ostermeier y Robert Lepage. Y el material literario con el que he trabajado también es magnífico: Shakespeare, Dostoyevski, Chéjov, Gogol, Tolstói… Todo ello me ha ayudado a explorarme a mí mismo, tanto como artista, por supuesto, como persona, como ser humano. Porque cada encuentro, cada reunión con grandes autores y grandes directores es una oportunidad y una forma de descubrir algo nuevo dentro de mí mismo.
Antes de su muerte, Iván Ilich experimenta una especie de renacimiento de su alma. ¿Qué significa representar un descubrimiento tan trascendental en cada función?
Muerte ordinaria es un caso muy especial. Cada representación es diferente. No sé cómo voy a llegar al final en cada ocasión. Tengo que ganarme ese final. Para ver la luz al final del túnel, tengo que recorrer un camino bastante difícil como actor. Y, lo que es crucial para los actores rusos que actúan con el corazón, cuanto más sinceramente lo recorro, más impactante será el final. Cuando todo sale bien, «adquiero una apariencia diferente», como dice un compañero actor. Yo no lo controlo, pero sí, a veces ocurre. Al fin y al cabo, Muerte ordinaria es una actuación/confesión para mí. Y a veces sales de la confesión convertido en otra persona.
Cuándo y dónde- funciones en el FIAV
‘Muerte ordinaria’ se presentará del 3 al 5 de abril en el Teatro Colón. Calle 10 # 5-32. El FIAV Bogotá realizará su segunda edición del 27 de marzo al 5 de abril y presentará más de cien obras de 18 países. Más información en www.fiavbogotá.com.
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