El sector cafetero, columna vertebral de la economía rural en Colombia, enfrenta una crisis de seguridad que amenaza la estabilidad de miles de hogares. Un reciente estudio del Politécnico Grancolombiano revela que la extorsión contra los productores de café experimentó un crecimiento superior al 70 por ciento entre los años 2014 y 2023, consolidándose como uno de los desafíos más críticos para las más de 550.000 familias que dependen de este grano.
La investigación detalla que la naturaleza misma de la actividad caficultora ha facilitado el accionar de grupos armados y bandas criminales. «El ingreso estable, la circulación de dinero en efectivo y la baja bancarización crean condiciones ideales para la imposición de cobros ilegales, afectando directamente a productores, cooperativas y transportadores rurales», señaló Jaime Wilches, profesor investigador del Politécnico Grancolombiano, en declaraciones recogidas por el portal Asuntos Legales.
Las fases del fenómeno criminal en el campo
El análisis histórico del delito muestra que la extorsión no ha tenido un comportamiento lineal, sino que ha mutado conforme a los cambios en el conflicto interno y la realidad nacional. Tras una leve disminución entre 2014 y 2016, el fenómeno registró un repunte marcado a partir de 2017, periodo que coincide con la reconfiguración de los grupos armados tras el proceso de paz con las Farc.
Caficultores. Foto:Banco de Bogotá
Aunque durante el año 2020 se presentó una caída temporal debido a las restricciones de movilidad por la pandemia, la tendencia se revirtió rápidamente. Entre 2021 y 2023, la tasa de extorsión sufrió un incremento acelerado del 43 por ciento, lo que evidencia la capacidad de adaptación de las redes delictivas en las zonas de cultivo.
Convergencia de tasas entre municipios
Uno de los hallazgos más alarmantes del estudio es que la diferencia en la frecuencia de este delito entre los municipios cafeteros y los que no lo son se ha reducido drásticamente. Mientras que en 2015 la tasa de extorsión en zonas cafeteras superaba en un 52 por ciento a la de otras regiones, para el año 2023 esa brecha se desplomó al 9 por ciento.
Cafeteros. Foto:Jaiver Nieto. EL TIEMPO
«Esta convergencia indica que el fenómeno dejó de estar concentrado en zonas típicamente vulnerables y alcanzó una distribución casi homogénea en el país, incluyendo ciudades y regiones sin tradición cafetera», explicaron los investigadores del Politécnico Grancolombiano.
Departamentos y economías ilícitas bajo presión
El estudio identifica una relación peligrosa entre la presencia de cultivos de coca y el aumento de la extorsión, sumando en promedio 3,5 puntos adicionales a la tasa del delito donde coexisten ambas economías. Esta sinergia permite a los actores armados fortalecer su infraestructura logística y sus mecanismos de vigilancia.
Caficultoras del Cesar. Foto:Archivo Particular
El mapa delictivo del país muestra variaciones significativas:
- Zonas de mayor confluencia: Antioquia, Huila, Cauca, Nariño y sectores del Tolima concentran una alta producción cafetera junto con niveles elevados de extorsión.
- Tasas extremas: Chocó, Guaviare, Meta, Cauca y Arauca registraron en 2022 niveles de extorsión muy por encima del promedio nacional.
- Territorios estables: El Eje Cafetero tradicional se mantiene como una de las regiones con niveles más bajos y estables en la incidencia de este cobro ilegal.
La baja institucionalidad y el control económico de grupos al margen de la ley en estos territorios siguen siendo los factores determinantes para que la extorsión persista, incluso cuando otros indicadores de criminalidad muestran descensos temporales. La protección de los cafeteros en cerca de 600 municipios sigue siendo, por tanto, una tarea pendiente para las autoridades nacionales.
*Artículo desarrollado con apoyo de IA y revisado por un periodista.
















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