El ayatolá Alireza Arafi, de 66 años, fue nombrado este domingo como el tercer miembro del consejo interino que liderará el país tras la muerte del líder supremo de Irán, Ali Jameneí, informó este domingo la Asamblea de Discernimiento de Conveniencia del Sistema.
Arafi, un jurista del Consejo de los Guardianes que inició su formación religiosa desde muy joven, cuando con apenas 11 años se trasladó a la ciudad de Qom, principal centro de estudios del islam chií en Irán, y cuya carrera ha estado marcada por el patrocinio del mismo Jamenei, asume junto al presidente de Irán, Masud Pezeshkian, y el jefe del Poder Judicial iraní, Golamhosein Mohseni Eyei.
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El tercer miembro del consejo es clérigo y jurista chií que actualmente ejerce como presidente del Centro de Gestión de los Seminarios Islámicos del país, miembro del Consejo de Guardianes desde 2019, encargado de examinar candidatos electorales y leyes aprobadas por el parlamento, y segundo vicepresidente de la Asamblea de Expertos para el Liderazgo, según la página de la Asamblea de Discernimiento.
El ayatolá Alireza Arafi fue nombrado como el tercer miembro del consejo interino de Irán. Foto:Redes sociales
Fue presidente de la Universidad Internacional Al-Mustafa entre 2008 y 2018. Asimismo, en mayo de 2022, Arafi realizó una visita privada al papa Francisco.
«A los 66 años, Alireza Arafi encarna el entrelazamiento entre la autoridad religiosa y la influencia política que define la estructura de poder de Irán», según medios locales.
Los repetidos nombramientos de Arafi por parte de Jamenei para ocupar puestos de alto nivel demuestran que una gran confianza en sus habilidades burocráticas. Arafi ha demostrado que comparte la misma mentalidad que Jamenei sobre la trayectoria futura de la República Islámica
Arafi, una figura cercana al mismo Jamenei
Fuera de los círculos clericales iraníes, su nombre no ha sido especialmente conocido. Sin embargo, el Middle East Institute (MEI) subrayó en un perfil publicado en 2020 que su trayectoria merece atención, ya que toda su carrera ha estado marcada por nombramientos directos del entonces líder supremo, Ali Jamenei, y que incluso figura entre los posibles candidatos a sucederlo.
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Nacido en 1959 en Meybod, en la provincia central de Yazd, Arafi procede de una familia clerical. Su padre, el ayatolá Mohammad Ibrahim Arafi, fue presentado por los medios estatales como cercano al fundador de la República Islámica y primer líder supremo, el ayatolá Ruhollah Jomeini. Sin embargo, el instituto apunta que esa supuesta cercanía habría sido exagerada tras la llegada de Jamenei al liderazgo en 1989, posiblemente como parte de un esfuerzo por reforzar las credenciales revolucionarias del hijo.
El ayatolá Alireza Arafi durante una visita al papa Francisco, en 2022. Foto:Redes sociales
Es una figura que desde muy joven fue puesta en el camino a ejercer altos cargos de poder. A los 11 años se trasladó a Qom para hacer sus estudios religiosos, iniciados bajo la tutela de su padre.
Allí fue alumno de figuras que más tarde ocuparían puestos destacados en el sistema surgido tras la revolución de 1979. Con el tiempo obtuvo el rango de muytahid, experto en jurisprudencia islámica y filosofía, y se le atribuye dominio del árabe y del inglés, además de la publicación de más de una veintena de libros y artículos.
Su ascenso comenzó realmente tras el nombramiento de Jamenei como líder supremo. En 1992, con solo 33 años, fue designado líder de la oración del viernes en su ciudad natal, «una edad muy temprana para un cargo así y una clara muestra de la confianza que Jamenei depositaba en él», señala el MEI.
El ayatolá Alireza Arafi durante una visita al papa Francisco, en 2022. Foto:Redes sociales
Desde entonces, Jamenei lo fue promoviendo a cargos cada vez más claves. En 2015 lo nombró líder de la oración del viernes en Qom y, un año después, responsable de todos los seminarios religiosos del país. En 2019 ingresó en el poderoso Consejo de Guardianes, órgano clave con capacidad de veto sobre leyes y candidaturas.
Un capítulo central de su carrera fue su presidencia de la Universidad Internacional Al-Mustafa entre 2008 y 2018, una institución concebida para formar clérigos chiíes y difundir la ideología oficial iraní.
«A los 66 años, Alireza Arafi encarna el entrelazamiento entre la autoridad religiosa y la influencia política que define la estructura de poder de Irán
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Ideológicamente alineado con Jamenei, defiende el carácter “revolucionario, político e internacional” de los seminarios y respalda el fortalecimiento militar del país y a la Guardia Revolucionaria.
Para el Middle East Institute, su trayectoria ilustra el perfil de un burócrata clerical cuidadosamente cultivado durante décadas por Jameneí. Un tecnócrata religioso, pero sin base política propia independiente, cuyo ascenso ha dependido del patrocinio del líder supremo.
«Los repetidos nombramientos de Arafi por parte de Jamenei para ocupar puestos de alto nivel —y a menudo estratégicamente delicados— demuestran una gran confianza en sus habilidades burocráticas. Además, según la mayoría de las opiniones, Arafi ha demostrado que comparte la misma mentalidad que Jamenei sobre la trayectoria futura de la República Islámica», señala el MEI.
Por ello, Arafi se cuenta entre los posibles sucesores a Jamenei y, si bien aún no hay un claro favorito, la cercanía del clérigo al antiguo líder supremo le otorga una clara ventaja. Medios iraníes le definen como el cruce entre la autoridad religiosa y la influencia política que define la estructura de poder de Irán, pero reportes indican que carece de lazos con las Fuerzas Armadas.
Medios estatales reportaron la congregación de miles de personas. Foto:EFE
El artículo 111 de la Constitución iraní establece que al líder supremo de la República Islámica lo nombra «en el menor tiempo posible” la Asamblea de Expertos, un cuerpo formado por 88 clérigos que se elige en las urnas cada cuatro años, la última vez fue en las elecciones de marzo de 2024.
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La elección del líder requiere la mayoría de los votos de los representantes presentes en la sesión, es decir, la mitad más uno.
Sin embargo, la propia congregación para elegir al sucesor representa todo un riesgo, pues implicaría reunir a los 88 clérigos en un mismo lugar, lo que expone claras vulnerabilidades ante un posible ataque por parte de Israel o Estados Unidos que termine por sepultar la posibilidad de elegir un nuevo líder supremo.
















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