Una investigación basada en datos de adultos de mediana edad y mayores en Estados Unidos examinó cómo la dieta MIND influye en el envejecimiento cerebral.
El análisis evaluó hábitos alimentarios, estudios de resonancia magnética y factores de salud a lo largo de varios años para determinar su relación con la pérdida de tejido cerebral y el riesgo de neurodegeneración.
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La dieta Mind, diseñada a partir de la combinación de la dieta mediterránea y un enfoque para reducir la presión arterial, ha sido objeto de análisis por su posible impacto en la salud cerebral. Un estudio de la Escuela de Salud Pública TH Chan de Harvard, publicado en la revista ‘Journal of Neurology Neurosurgery & Psychiatry’, sugiere que este patrón alimentario podría estar asociado con una reducción en los cambios estructurales vinculados al envejecimiento del cerebro.
Los resultados indican que una mayor adherencia a esta dieta se relaciona con menor pérdida de materia gris, una región clave en funciones como la memoria, el aprendizaje y la toma de decisiones. Asimismo, se observó una menor expansión de los ventrículos cerebrales, un indicador de atrofia asociada al envejecimiento.
La dieta Mind combina patrones mediterráneos y control de presión arterial en adultos. Foto:iStock
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Alimentos recomendados y restricciones en la dieta Mind
El modelo alimentario Mind propone el consumo regular de los siguientes grupos de alimentos:
1. Verduras de hoja verde.
2. Otras verduras.
3. Bayas.
4. Frutos secos.
5. Cereales integrales.
6. Pescado.
7. Legumbres.
8. Aceite de oliva.
9. Aves de corral.
10. Consumo moderado de vino.
También establece la reducción en la ingesta de:
1. Mantequilla o margarina.
2. Queso.
3. Carne roja.
4. Pasteles y dulces.
5. Comida rápida frita.
Según el estudio, este patrón dietético ya había sido relacionado con mejor salud cognitiva, aunque su efecto específico sobre la estructura cerebral no estaba completamente definido.
El estudio midió cambios en el cerebro mediante resonancias realizadas por años. Foto:iStock
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Seguimiento a largo plazo y resultados del estudio
El análisis incluyó a 1.647 participantes con una edad promedio de 60 años al inicio. Todos formaban parte de la cohorte del Estudio del Corazón de Framingham y fueron evaluados durante un período medio de 12 años. Los participantes completaron cuestionarios alimentarios en distintos momentos y se sometieron a resonancias magnéticas cerebrales entre 1999 y 2019.
Durante el seguimiento, se registraron reducciones en el volumen total del cerebro, así como en la materia gris, la materia blanca y el hipocampo. Paralelamente, se observó un aumento del líquido cefalorraquídeo y de los volúmenes ventriculares.
Los investigadores identificaron que cada incremento de 3 puntos en la puntuación de adherencia a la dieta Mind se asociaba con una pérdida más lenta de materia gris, equivalente a un 20% menos de deterioro relacionado con la edad y un retraso de aproximadamente 2,5 años en el envejecimiento cerebral.
De igual forma, se observó una expansión más lenta del volumen ventricular, con una reducción equivalente al 8% en la pérdida de tejido y un retraso estimado de un año en el envejecimiento cerebral.
Los participantes no tenían demencia ni accidentes cerebrovasculares al inicio. Foto:iStock
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Impacto de alimentos específicos en el cerebro
Entre los alimentos analizados, las bayas y las aves de corral se asociaron con una progresión más lenta de los cambios estructurales. En contraste, un mayor consumo de dulces y comida rápida frita se relacionó con un deterioro más acelerado del hipocampo.
«Las fuentes de proteínas como las aves de corral pueden reducir el estrés oxidativo y mitigar el daño neuronal»
«Por el contrario, los alimentos fritos y la comida rápida, a menudo ricos en grasas poco saludables, grasas trans y productos finales de glicación avanzada, pueden contribuir a la inflamación y al daño vascular»
El estudio también reportó resultados inesperados, como la asociación entre un mayor consumo de cereales integrales y cambios estructurales menos favorables, así como una relación entre el consumo de queso y una menor tasa de deterioro en algunas regiones cerebrales.
Se analizaron alimentos como bayas, verduras, pescado y aceite de oliva frecuente. Foto:iStock
Limitaciones del estudio y conclusiones
Los autores señalan que se trata de un estudio observacional, por lo que no permite establecer relaciones de causa y efecto. Además, los cuestionarios alimentarios pueden presentar sesgos de memoria y no se descartaron completamente factores como cambios en la dieta, predisposición genética o deterioro cognitivo leve al inicio del estudio.
La población analizada estaba compuesta mayoritariamente por personas blancas, lo que limita la generalización de los resultados a otros grupos.
Europa Press
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*Este contenido fue reescrito con la asistencia de una inteligencia artificial, basado en la información publicada por Europa Press, y contó con la revisión de la periodista y un editor.
















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