En el Caribe colombiano, el canto de un ave no siempre es sinónimo de libertad. Muchas veces, es el eco de un delito que desangra la biodiversidad del país.
En cumplimiento de su deber, la Corporación Autónoma Regional del Canal del Dique (Cardique), en articulación con la Fuerza Pública, logró el rescate de 70 aves silvestres que permanecían en cautiverio en el casco urbano de Turbaco, Bolívar.
Este operativo no es un hecho aislado, sino un golpe directo a una de las estructuras de economía ilegal más persistentes de la región: el tráfico de fauna silvestre, un flagelo que se alimenta de la tradición malentendida de tener ‘animales de compañía’ que pertenecen, por derecho evolutivo, al bosque.
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La biodiversidad no se negocia ni se doméstica. Cada ave que permanece en cautiverio es un eslabón menos en la cadena de vida de nuestros ecosistemas
Ángelo Baccidirector de Cardique.
Un frente unido contra el tráfico ilegal
Golpe al tráfico de aves en Turbaco, Bolívar Foto:Cardique
La intervención, denominada como una acción contra el comercio ilícito, contó con un despliegue institucional con participaron la Policía de Carabineros, el Batallón de Infantería de Marina N.º 13 y la Guardia Ambiental.
El operativo tuvo un matiz particular: la entrega voluntaria. Bajo la premisa de que la educación es tan poderosa como la sanción, las autoridades permitieron que varios ciudadanos entregaran las especies en cautiverio sin enfrentar procesos penales inmediatos. Esta estrategia busca romper la cadena de demanda desde la base, concienciando al ciudadano de a pie sobre la ilegalidad de su ‘mascota’.
«La biodiversidad no se negocia ni se doméstica. Cada ave que permanece en cautiverio es un eslabón menos en la cadena de vida de nuestros ecosistemas», sentenció Ángelo Bacci, director de Cardique.
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Las víctimas del Bosque Seco Tropical
Golpe al tráfico de aves en Turbaco, Bolívar Foto:Cardique
Entre los 70 ejemplares recuperados se encuentran protagonistas esenciales del Bosque Seco Tropical, un ecosistema críticamente amenazado en Colombia. Las especies rescatadas incluyen:
Canarios y Azulejos: Codiciados por su plumaje y canto.
Mochuelos y Pirras: Aves rapaces y de bosque que cumplen roles de control biológico.
Pericos: Víctimas recurrentes del tráfico por su capacidad de imitar sonidos humanos, lo que facilita su errónea «domesticación».
Estas aves no son adornos son ingenieras ecosistémicas. Su función principal es la dispersión de semillas, un proceso vital para la regeneración natural de los bosques que protegen las cuencas hídricas de la región.
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El camino hacia la libertad: El Centro de Atención y Valoración (CAV)
Tras el rescate, el destino de estas aves es el Centro de Atención y Valoración de Fauna Silvestre (CAV), operado mediante un convenio entre Cardique y el EPA Cartagena. Allí, un equipo interdisciplinario de biólogos y veterinarios enfrenta una tarea titánica:
Valoración médica: Tratar desnutrición, alas recortadas y enfermedades parasitarias contraídas en cautiverio.
Rehabilitación conductual: Enseñarles nuevamente a buscar alimento y a temer a los depredadores (incluidos los humanos).
Evaluación de liberación: Determinar si el individuo es apto para volver a su hábitat o si el daño causado por el hombre es irreversible.
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El Caribe, epicentro de una crisis ambiental
El tráfico de fauna en la región Caribe es un problema de dimensiones trasnacionales. Según datos de las autoridades ambientales, esta zona es un corredor estratégico debido a su conectividad. Sin embargo, la ley colombiana es clara: la tenencia y comercialización de fauna silvestre es un delito ambiental que puede acarrear penas de prisión y multas millonarias.
El llamado de Cardique es unánime: la comunidad debe pasar de ser espectadora a ser aliada de la conservación. Denunciar el tráfico es la única forma de garantizar que el futuro del territorio no sea un silencio sepulcral en los bosques, sino el vuelo libre de sus especies.
Además, te invitamos a
ver nuestro documental:
Documental de la periodista Jineth Bedoya. Foto:
Cartagena
















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