El estudiante de derecho de la Universidad del Rosario, Daniel Solano, dice que todavía no sabe bien las razones que lo llevaron a escoger esa carrera. Aun así, ya cuenta en su hoja de vida con, nada más y nada menos, una sentencia de unificación de la Corte Constitucional. Entre los fallos que la justicia puede emitir en Colombia, este es uno de los más relevantes, pues está relacionado con los derechos protegidos por la Constitución y, además, funciona como una regla a seguir en todos los juzgados, tribunales y altas cortes del país.
En el caso concreto, Solano logró, a través de una acción de tutela, garantizar el derecho a la laicidad del Estado en los despachos judiciales, por lo cual cada uno de esos espacios, a nivel nacional, deberán justificar la presencia de símbolos religiosos, o directamente no podrán ubicarlos.
Esta semana, la alta corte liberó la sentencia que había sido comunicada en noviembre pasado y que había desatado un alto debate en el país. Según se lee en el expediente de tutela, la petición inicial de Solano era sacar el crucifijo católico presente en la Corte Constitucional desde 1999. A su juicio, nunca podría haber neutralidad en una sala que pareciera apegarse a una manera de pensar, en este caso la católica. Fueron tres años en los que este estudiante recibió negativa tras negativa, hasta que el caso llegó a la misma Corte Constitucional.
Aunque el crucifijo fue retirado el año antepasado, con ponencia del magistrado Miguel Polo, la alta corporación le dio la razón a Solano. Y comunicó que ella misma “se apartó de los principios de laicidad y de neutralidad en materia religiosa, porque no demostró un motivo secular importante, verificable, consistente y suficiente que justificara su exposición”. En diálogo con EL TIEMPO, Solano entrega detalles de su proceso judicial, inédito en la historia de Colombia.
Cuando usted supo del crucifijo en la Corte Constitucional, ¿Qué le incomodaba y qué derechos cree que se estaban vulnerando a los colombianos?
Debo aclarar que, como tal, no me inquieta la figura de Jesucristo afligido pendiendo en la cruz. Inclusive, encuentro desafortunada la manipulación de su imagen para adelantar campañas que hoy siguen contrariando su enseñanza de amor al prójimo. Eso sí, lo que me incomoda en extremo es la presencia de cualquier símbolo cargado de contenido moral dentro de un recinto donde se debe respetar la imparcialidad.
Genera zozobra en cualquier persona quien, al acudir a un despacho judicial para solucionar pacíficamente sus conflictos, descubre que una figura de un credo al que no pertenece está presidiendo la sala donde se tomará la decisión. Esta situación es una grave afrenta al derecho a la igualdad y el debido proceso, además del principio constitucional de laicidad.
Gracias a usted, no solo la Corte Constitucional pudo haber sacado el crucifijo de su corporación, también los despachos judiciales deberán justificar estrictamente la presencia de elementos religiosos, o de lo contrario deberán abstenerse de ponerlos. ¿Cómo lo hace sentir ello?
La carga de justificar la presencia de símbolos carentes de un elemento secular predominante es un logro para todo quien acude a la administración de justicia. Me causa tranquilidad saber que se ha dado un paso significativo para reivindicar la pluralidad cultural de nuestra gente, haciendo que los órganos del Estado sean sensibles a su deber de neutralidad religiosa.
Corte Constitucional. Foto:ANT
¿Por qué no debería haber elementos religiosos en los despachos judiciales?
Porque, insisto, en especial los jueces deben ser imparciales en las decisiones que toman. La presencia de símbolos religiosos puede apreciarse como un sesgo ideológico ya arraigado desde la génesis de cualquier providencia judicial.
En todo caso, hay escenarios en los que hay una clara motivación para mantener un símbolo religioso en un recinto estatal. Por esto jamás pensé en la insensatez de buscar la remoción del crucifijo que está en la Corte Suprema de Justicia, pues los sucesos del Palacio de Justicia en 1985 son una justificación más que suficiente.
¿Cómo cree que se garantizaría el derecho a la libertad de cultos, pero también a la laicidad del Estado, al mismo tiempo, en este tipo de casos?
La libertad de cultos no choca con el principio de laicidad cuando los jueces comprenden que Colombia es un Estado diverso. Más bien, si las instituciones del Estado se comprometen a respetar la secularidad del Estado, evitando identificarse con figuras, símbolos o imágenes muy ligadas con un credo, entonces podrán garantizar que se le dará el mismo trato a todas las personas, sin importar el culto que profesen.
Lo que busca el principio de laicidad es que el Estado, como ente detentador de la máxima autoridad material y jurídica, no se identifique con una religión o filosofía específico para así garantizar una igualdad de condiciones para la libre adopción de un culto cualquiera. De todas formas, hay situaciones en las cuales claramente no debe entrar a predominar el carácter secular del Estado colombiano, como ocurre puertas adentro de las oficinas privadas y los espacios de trabajo personales de cada juez y magistrado.
Crucifijo que estaba ubicado en la Corte Constitucional. Foto:Corte Constitucional
¿Cómo fue el proceso de creación de la tutela y de presentación ante la justicia?
Pues eso fue cuando yo estaba en el tercer semestre de derecho.
Recién empezando…
Sí, fue empezando la carrera. Yo tenía 19 años. Y digamos que ahí lo que me movió las fibras fue un profesor de derecho constitucional, quien en alguna época fue conjuez de la Corte Constitucional. El tipo en algún momento mencionó algo del crucifijo presente en esa corporación, pero, así como de pasada. Me sembró la semilla de la duda, porque a él le inquietaba la presencia, y a mí también. Era la primera clase que yo tomaba de derecho constitucional en la carrera.
Para ser honesto, esta también fue la primera tutela que yo presenté en mi vida. A veces reviso el escrito de esa primera tutela y es algo bastante básico, no como uno redactaría una cosa hoy en día. Incluso, hoy buscaría otro mecanismo para llamar la atención de la Corte. Pero las cosas se dieron así. Y yo hice énfasis en el derecho a la igualdad.
Yo presenté la tutela en 2022. En principio la negaron por un tema de subsidiariedad. Me respondieron que primero debía presentar un derecho de petición a la Corte. Entonces, hice eso y la Corte me respondió que no iba a sacar el crucifijo. En ese entonces estaba de presidenta de la Corte, la que ahora es decana acá de la Universidad del Rosario, Cristina Pardo, que ella es de una línea conservadora.
Cuando la Corte me dice que no, ahí inicio ya el proceso de tutela fuerte ante la Corte Suprema de Justicia. En las dos instancias también me dijeron que no. Y después una magistrada de la Corte Constitucional la escogió para revisión, para que luego decidiera el magistrado Miguel Polo.
¿Por qué estudia derecho?
Yo todavía me pregunto lo mismo. Es que yo quería estudiar muchas cosas. Yo pensé estudiar arquitectura. Inclusive, tengo un técnico del SENA en dibujo arquitectónico. También pensé estudiar química, pensé estudiar cine, también. Yo siempre había sido bueno en las ciencias humanas y me gusta bastante leer. Entonces, yo creo que también lo vi como una alternativa plausible, digamos y demás.
Usted ni siquiera se ha graduado y ya cambió las reglas de este país a través del Derecho. ¿Cómo se siente?
Me emociona. De todas maneras sí quisiera seguir trabajando en asuntos que tengan, pues, repercusiones para poblaciones vulnerables del país. Para grupos como los que están internos en centros penitenciarios, por ejemplo. Me conmueven este tipo de logros, pero no quisiera que eso fuera como una manera de quedar satisfecho o conforme.
Daniel Solano, estudiante de la Universidad El Rosario. Foto:Jhoan Sebastian Cote Lozano
¿Qué decirles a todos los magistrados de las altas cortes, incluyendo Corte Suprema y Corte Constitucional, que le negaron la tutela en instancias anteriores?
Les diría que soy un respetuoso absoluto de la autonomía judicial y las decisiones que razonablemente toman los jueces por una lectura permitida de algún escenario jurídico, con los insumos que tienen en ese momento. Entiendo que, según los lineamientos jurisprudenciales anteriores a la reciente sentencia de unificación, no estaban claramente definidos los criterios para saber cuándo un símbolo o elemento religioso en órganos del Estado pudiera atacar el principio de laicidad. Precisamente, la postura por la que optaron los magistrados demostró la urgencia de una sentencia de unificación para los casos en que un objeto religioso se encuentre visiblemente en una institución estatal.
¿En qué más está enfocando sus estudios?
Estoy en noveno semestre. Me queda el semestre de practica y me graduó. En este momento sí me sigue llamando bastante la atención todo el tema del constitucional. Inclusive ahorita estoy como en una clínica de tierras que tiene el consultorio de la universidad. Además, trabajo con la Fundación Acción Interna en una demanda que, esperemos, flexibilice la Ley de Utilidad Pública (la que permite a mujeres que cayeron presas por marginalidad cumplir su pena haciendo trabajo comunitario).
Y, ¿sobre laicidad del Estado?
He pensado en la Fuerza Pública. Porque, así como me inquieta que haya un símbolo religioso en un recinto judicial, creo que me incomoda también bastante que, por ejemplo, que los miembros de la Fuerza Pública tengan que rendirle culto a alguna figura o que incluso los obliguen a hacer oraciones en tal hora o en cierto día. Quisiera que, precisamente por esta sentencia de unificación y los argumentos que están ahí, lograr darle un alcance mucho más amplio en Colombia.
Imágenes referentes al catolicismo. Foto:iStock
Me gustaría que se extendiera a entidades públicas en general. Por ejemplo, yo soy de Duitama (Boyacá) y allá en el Consejo Municipal tienen también un Cristo. De a poquito podemos ir propiciando la laicidad del Estado y lograr secularizar a Colombia todo lo que se pueda.
En la tutela usted argumenta que es ateo. ¿Cuál ha sido su recorrido espiritual e intelectual para llegar a ese punto?
Desde hace ya varios años he considerado al ateísmo como una apuesta arriesgada para la consciencia de cualquier persona. Aun así, más que una postura repelente de creencias religiosas y filosóficas, he visto en el ateísmo la oportunidad de maravillarme por la riqueza cultural del ser humano a lo largo de los siglos. No creo que el ateísmo sea una devoción plena al materialismo que se desinteresa por el misterio de la fe.
Al contrario, se trata de dejarse cautivar por nuestro potencial natural de creer más allá de la certeza de lo sensorial. En el ateísmo he procurado encontrar la emancipación de un único dios determinista, anhelando un mundo en el que las personas confíen en la voluntad creadora que llevan dentro de sí.
¿Qué le han dicho en la universidad?
Trato de mantenerme en el anonimato lo máximo posible. Por ahí saben cómo mis amigos más cercanos. A veces hago publicaciones en Instagram o pongo estados de WhatsApp, o algo así. Tampoco busco encasillarme como simplemente el abogado que tumbó el crucifijo de la Corte y ya. Este tema tiene repercusiones muy grandes en todo el país, ¿sí? En temas de enseñanza, de la independencia y la imparcialidad de los jueces.
Sin embargo, me gustaría también trabajar en temas que tengan, pues, repercusiones mucho más materiales y físicas, o inclusive económicas en ciertos grupos de la población, sobre todo vulnerables. Me motiva un sueño de paz en una Nación sumida en la inútil violencia de quienes comparten la misma tierra; un sueño en el cual el Derecho tiene el potencial de dignificar existencias históricamente ignoradas. Espero seguir, al igual, haciendo la vigilancia ciudadana que corresponda. Ese es uno de los deberes que debería tener cualquier ciudadano, pero en especial los que son abogados y estudian derecho.
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Jhoan Sebastian Cote Lozano
jhocot@eltiempo.com
@SebasCote95 en X
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