La inflamación crónica puede desarrollarse de forma silenciosa en el organismo y mantenerse activa durante largos periodos sin síntomas evidentes.
De acuerdo con entidades como la Clínica Mayo y los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH), este proceso se asocia con mayor probabilidad de enfermedades cardiovasculares, algunos tipos de cáncer y trastornos autoinmunitarios, y puede estar relacionado con hábitos cotidianos.
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Distintas organizaciones médicas como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Escuela de Salud Pública de Harvard han señalado que ciertos comportamientos diarios pueden contribuir a mantener una respuesta inflamatoria constante en el organismo, incluso cuando no hay una enfermedad aguda evidente.
El sedentarismo y la falta de actividad física elevan marcadores inflamatorios en el organismo. Foto:iStock
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Hábitos cotidianos vinculados a la inflamación
1. Vida sedentaria
Permanecer sentado durante largos periodos sin actividad física frecuente se asocia con un aumento de la inflamación. Este patrón reduce el gasto energético, dificulta la circulación y puede favorecer la liberación de sustancias inflamatorias. La OMS ha indicado que la falta de movimiento habitual se relaciona con niveles elevados de marcadores inflamatorios y mayor riesgo de enfermedades como diabetes tipo 2 y afecciones cardiovasculares.
2. Mala postura
El uso prolongado de dispositivos electrónicos o trabajar en posiciones inadecuadas puede generar tensión constante en músculos y articulaciones. Según la Asociación Americana de Fisioterapia, esta situación puede derivar en inflamación leve y dolor persistente en zonas como cuello, espalda y hombros, además de limitar el movimiento y alterar el equilibrio muscular.
3. Sueño insuficiente o irregular
Dormir menos de seis horas o mantener horarios variables de descanso puede afectar el sistema inmunitario. La National Sleep Foundation y la revista Sleep han señalado que la privación de sueño se asocia con aumento del cortisol y elevación de la proteína C reactiva, vinculada a procesos inflamatorios.
Dormir pocas horas o con horarios irregulares altera el sistema inmune y aumenta la inflamación. Foto:iStock
4. Estrés crónico
La exposición prolongada a situaciones de tensión laboral, personal o económica activa de forma sostenida la respuesta de alerta del organismo. La American Psychological Association ha indicado que niveles elevados de cortisol durante largos periodos pueden debilitar el sistema inmunitario y mantener la inflamación, con posibles manifestaciones como cefaleas, alteraciones del sueño o del apetito.
5. Consumo elevado de azúcar añadido
La ingesta frecuente de bebidas azucaradas, postres industriales o alimentos procesados puede provocar aumentos rápidos de glucosa en sangre. Este proceso se asocia con la liberación de compuestos inflamatorios y con un mayor riesgo de resistencia a la insulina y diabetes tipo 2, según la Organización Mundial de la Salud y la Harvard Medical School. También puede alterar la microbiota intestinal.
6. Dieta basada en ultraprocesados
Una alimentación con alto contenido de carbohidratos refinados, grasas trans, azúcares añadidos y aditivos suele aportar poca fibra y antioxidantes. Publicaciones como The Lancet y la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición han señalado que este patrón puede afectar la salud intestinal, la sensibilidad a la insulina y aumentar la inflamación sistémica.
7. Consumo frecuente de alcohol
El consumo habitual de alcohol se asocia con inflamación sistémica debido a su metabolismo en el hígado. La Fundación para la Investigación y Educación sobre el Alcohol (AIEF) ha señalado que la descomposición del alcohol produce acetaldehído, un compuesto que puede generar estrés oxidativo y daño celular, además de alterar la flora intestinal.
El consumo frecuente de alcohol puede favorecer procesos inflamatorios en el organismo. Foto:iStock
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Inflamación crónica y medidas preventivas
La inflamación crónica se define como una activación persistente del sistema inmunitario que, a diferencia de la inflamación aguda, puede dañar tejidos y células con el tiempo. Este proceso se ha relacionado con enfermedades cardiovasculares, cáncer y trastornos autoinmunitarios, según la Fundación Española del Corazón y la Cleveland Clinic.
De acuerdo con la Clínica Mayo y la OMS, mantener actividad física regular, una alimentación equilibrada, buen descanso, control del estrés y adecuada hidratación puede contribuir a reducir su impacto.
*Este contenido fue escrito con la asistencia de una inteligencia artificial, basado en información de conocimiento público divulgado a medios de comunicación. Además, contó con la revisión de la periodista y un editor.
















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