Andrea Echeverri tiene 60 años, es famosa por su irreverencia y por ser un símbolo de la rebeldía y del rock bogotano. La vocalista de Aterciopelados no ha cambiado, pero ese ímpetu detrás del que se esconde una mujer tímida y talentosa, fue el que le valió para afrontar un agresivo cáncer de mama que acabó con la recesión total de sus pechos a finales de 2024. De esa experiencia nació ‘La teta pirata’, una canción que va de la oscuridad a la luz, como lo que ella ha vivido en este tiempo.
“Uno se cuestiona: ‘¿Qué hice? ¿Por qué me dio esto? ¿Qué me falta por hacer?’ Y ese ‘¿Qué hice?’ es lo más horrible; porque entonces la gente empieza a decir que es porque has guardado mala energía. ¿Cómo lo van a culpar a uno de eso? Claro, uno se siente reculpable. ¿Qué me comí? ¿Qué emoción me tragué? ¿Qué mala energía produzco? Esa parte es bien heavy”.
Pese a la dureza del diagnóstico, quedaba el otro lado, el de la esperanza, “de una valoras el tiempo que estás acá, a los que te apoyan, te ayudan a vivir todos los días, la familia, los amigos. Y la música también, la cerámica en mi caso, porque también uno ponerse a chillar: ¡Estoy enferma! Pues no. Todo eso es muy terapéutico, puedes ocupar la mente en hacer una cosa súper linda de la que te sientes orgulloso. Esa misma artesanía la tiene la música, y es lo que nos sostiene acá a los músicos”.
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El primero en enterarse fue su compañero de canto y luchas, Héctor Buitrago. Estaban en Cali, en la COP 16, a punto de salir a un concierto cuando la llamó su médico: los exámenes salieron mal. “Yo estaba asustada, mareada y vulnerable, le agarraba el bracito a Héctor, me sentía como una viejita. Pero cuando salí al show, chao. Tenía que poner la cabeza en lo que estaba cantando”, recuerda.
Héctor y Andrea han pasado juntos por todas las emociones posibles, han grabado diez álbumes de estudio y dos discos en vivo; han ganado cuatro Grammy Latinos y han sido nominados en dos oportunidades en los Grammy anglo, convirtiéndose en la primera agrupación colombiana en lograr una candidatura en los premios más importantes de la música mundial.
Sus canciones beben de la estética ‘punketa’ y roquera de la Bogotá de los 90 y con los años ha incorporado ritmos latinoamericanos, experimentaciones y sonidos ancestrales, así como letras de empoderamiento femenino, conciencia ambiental, diversidad y memoria. Bolero Falaz, Florecita Rockera, Maligno, El Estuche, Baracunatana, Cosita Seria, Luz Azul, Sortilegio, Rompecabezas y su debut musical Mujer gala se convirtieron en himnos del rock en español latinoamericano.
Héctor y Andrea se juntaron para hacer música desde 1990. Foto:César Calderón
Los Aterciopelados ensayan en Bogotá, en Almendra Récords: en octubre harán su primer concierto en el Movistar Arena para celebrar los 30 años de ‘La pipa de la paz’, uno de sus discos insignes, que les mereció su primera nominación al Grammy anglo. En un descanso, nos atienden para hablar de su sentimiento al volver a tocar canciones que habían quedado en el pasado, de su exitoso y reciente presentación en el Tiny Desk (el famoso formato de NPR Music) y, por supuesto, de ‘La teta pirata’, el resultado artístico del cáncer que le diagnosticaron a su vocalista.
Andrea, cuando le dicen que tiene cáncer y que deben hacer la recesión completa, ¿es el momento en el que nace ‘La teta pirata’?
Andrea Echeverri: No, fue cuando me operaron. La escribí como una catarsis y la archivé, porque estábamos montando Genes rebeldes (su último álbum, nominado al Grammy latino 2026). También salió la oportunidad de ir al Vive Latino, en México. Pasaron cosas chéveres. Al tiempo me la encontré y dije: ‘es que es muy linda, tiene futuro’. Se la dimos a Juan Pablo Villamizar e hizo un arreglo súper hermoso. Y mi hija, Milagros, hizo el video. Ahí salen unas piezas de cerámica y unos textiles que también diseñé pensando en que si ya no tengo tetas, pues, me hago las mías.
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¿Y el vestido? Que son un montón de tetas colgando…
Andrea Echeverri: Ese vestido era viejo. Fíjate que es como si yo me hubiera estado preparando para esto, casi que toda la vida. El sombrero de tetas también es viejísimo. Es que como nunca fui tetona, pues, yo jugaba un poco con eso. A veces pareciera que las chicas solamente somos culos y tetas; y no, somos más que eso. La teta tiene significados múltiples: mujer, maternidad, sensualidad, cosificación y cirugías. Muchas cosas alrededor, muy hermosas y muy heavies (pesadas).
¿En qué momento decide que va a estrenar la canción y a revelar lo que había vivido?
Andrea Echeverri: Al comienzo no me pararon muchas bolas, pero la oía y pensaba que estaba como chévere; y por esos días ya estábamos empezando a hablar del concierto de La pipa de la paz, entonces tocaba sacarla ya. Hace un año hicimos el video de Apocalipsis, que fue hecho todo con inteligencia artificial, y esa cosa a mí me da mucho miedo… yo estaba enferma en ese momento, así que empecé a pensar: ‘¿por qué no voy a decir que me quitaron las tetas?’ Además todo cuadra: ‘mira la esencia, no las apariencias’ (dice el coro de El estuche), todo encaja en esa lucha mía de antidiva, porque las chicas no somos una cosa, ni un objeto de deseo, somos personas que se enamoran, que tienen hijos, que les dan teta, que se enferman, que se vuelven viejas. Es parte de esa misma historia que he venido contando de ser una mujer real. Y luego Juan Pablo nos mandó esa belleza. Todo quedó lindo, en lo visual y la canción como tal. Vivirá sola, como una pieza única.
Luego del cáncer, ¿cambió la percepción que los demás tenían de usted?
Andrea Echeverri: Todos estaban súper atentos, y me paraban máximas bolas, porque a veces no me paran bolas, he de decir (se ríe), pero en ese momento sí y aunque estaba en medio del drama eso me gustó; pero se les pasa y ya lo ven a uno como normal, saludable, y ya se les olvida (bromea).
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El Tinydesk
Hace un par de semanas estrenaron su concierto en el Tiny Desk.
Héctor Buitrago: tuvimos que darle vueltas y finalmente logramos consolidar un repertorio, esa fue la parte más difícil, no encontrábamos qué canciones, y teníamos que hacer unos arreglos especiales por las características del formato, que no tiene micrófono, en el que se sienten ciertos arreglos y otros no. Y al final logramos tener el set list definitivo, creo que salió muy chévere.
Andrea Echeverri: yo sufrí porque resulta, esto no lo sabe nadie y pues de pronto a nadie le importa, pero el cantante no tiene micrófono, eso que se ve ahí adelante es un micrófono que te graba, más no te amplifica, entonces yo llevo treinta y pico de años aprendiendo a usar un micrófono y de pronto te dicen: ‘tú vas sin micrófono’. Sufrimos mucho, ensayamos como un mes, así sin micrófono, y eso es un esfuerzo un poco mayor vocalmente hablando. Pero sobre todo muy diferente, y es que no es que yo con el micrófono cante pasitico, igual, yo me desgañito, pero es una sensación muy ajena, entonces cuando me enteré, entré en crisis. Hasta dije: ‘¿para qué dijimos que sí?’ Al final es como meterse en el mood de ‘todo se ve super relajado, natural, pero no estoy oyendo un culo’, así.
El Tiny Desk tampoco tiene postproducción.
Héctor Buitrago: Eso es importante, porque ahora, todo lo afinan y lo procesan. No, aquí no hay autotune, ni ninguna de esas cosas, nunca hemos usado eso. Aquí empezamos y acabamos a los 25 minutos.
Andrea Echeverri: Y nos equivocamos… ¿en el rapeo?
Héctor Buitrago: No. En la coreografía, pero no se notó. Menos mal fue solo en la coreografía (risas).
Foto:César Calderón
‘La pipa’ y el Movistar
Hablemos ahora del concierto en el Movistar Arena: ya pasaron 30 años de La pipa de la paz.
Héctor Buitrago: Ya se pasaron treinta años y algunas de esas canciones no las habíamos vuelto a mirar hace mucho tiempo, incluso, ahora que las hemos estado ensayando, las revisamos de nuevo y, en mi caso, las recordaba diferente. Cuando la escucho, digo: ‘esta canción está muy buena’. Las habíamos dejado en el olvido, así que es muy chévere poder montarlas otra vez, darles una nueva versión, un nuevo empaque, actualizarlas, porque nos recuerdan también que éramos atrevidos, con las armonías, con los cambios. Es curioso porque creo que El Dorado (que cumplió 30 años en 2025) lo recordábamos más, supongo yo, porque en esa época de La pipa de la paz todo era muy vertiginoso, estábamos viajando mucho, ya todo había estallado. Ahora, tenemos el tiempo para volver a revisar sus canciones, cambiarles el tono, el tempo, estamos en ese proceso, nos falta mucho, jugar con ellas, crecer con ellas, los arreglos, los invitados, todo lo que queremos presentar allá en el Movistar el 30 de octubre.
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Andrea Echeverri: Es que con El Dorado el plan era riguroso, fue más angustioso, porque todo el tiempo fue una presión, y con La pipa no, entonces es más rico, estamos más relajados, ha fluido chévere, y nos hemos acordado de cosas; por ejemplo, cuando salió, algún periodista dijo que era el disco con más ‘No’ que había escuchado, y es verdad: “no dañaré mi silueta con un bebé, no quiero sentar cabeza, no se me acerque de mi don, no necesito, no más de darle a ese gatillo para disparar”. Era un momento de rebeldía, y no es que yo ya esté mansita, pero era un momento de verdad, de mucha rebeldía femenina por parte mía en un ambiente muy machista, porque yo me la pasaba en giras de 80 hombres.
¿Van a grabar ese concierto del Movistar?
Héctor Buitrago: No. Haremos unos cuatro o cinco sencillos con invitados, que los iremos sacando como para ir calentando el concierto.
Andrea Echeverri: Esto para nosotros es muy importante, y es que a veces la gente piensa, ellos ya están consagrados, ellos ya no sé qué, y no ven que uno está aquí en una lucha, y digamos que hacer el Movistar también es un riesgo. No es como un concierto más, o como un escenario más, sino una prueba de verdad que la gente si lo quiere a uno, o no. Entonces, a lo bien, compren boleticas, porque, es como defender unas cosas, apoyar las músicas que uno cree que valen la pena ser apoyadas.
SOFÍA GÓMEZ G. – REDACCIÓN CULTURA
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