El escritor colombiano Yeiro Múñoz reconstruye a la Cali en su época más violenta, minada por el narcotráfico y la violencia. ‘El mensaje perdido’ es una novela sobre crimen, pero también acerca de esas culpas del pasado que regresan para atormentar a sus protagonistas.
La nueva novela del autor, nacido en Bogotá y criado en Cali, avanza como una investigación íntima: no solo de los hechos, sino de la memoria, las decisiones y los vínculos rotos.
«Es el resultado de un proceso largo de maduración, de búsqueda de una voz propia y de la necesidad de narrar ciertas obsesiones que me han acompañado desde hace tiempo», cuenta Muñoz en una entrevista a la que tuvo acceso EL TIEMPO.
‘El mensaje perdido’ ya está disponible en las librerías de todo el país tendrá participación en las principales ferias del libro en Colombia y México.
¿Su novela tiene algo de autobiográfica?
Excluyendo el asesinato que presencie en la ciudad de Cali en los años ochenta, podría decir que como ocurre con muchas novelas, hay elementos autobiográficos, pero no en un sentido literal. Más que contar mi vida, lo que hago es tomar emociones, experiencias y atmósferas que sí me pertenecen. Cali, por ejemplo, no es solo un escenario: es una vivencia personal transformada por la ficción. Lo autobiográfico está en la sensibilidad, en la mirada del mundo, más que en los hechos
¿Cómo surgió la idea de escribir este libro?
La idea nació de una imagen que hace parte de una escena lamentable que presencie cuando era pequeño, un asesinato de un hombre cuando salía de un edificio cerca de mi colegio. Esa figura mental me estuvo rondando desde aquella época, y precisamente ese suceso es el eje nuclear de la novela. El mensaje perdido que en la narración se refiere al papel cifrado que pertenecía al muerto, se convierte en una obsesión para el adolescente Santiago Lobo y empieza una búsqueda incesante por descifrar su significado. A partir de ahí apareció el manuscrito dentro de la novela, y con él, una estructura que mezcla investigación, memoria y ficción.
¿Quién es el Gordo García en la historia y en la vida de Santiago Lobo?
El Gordo García es un personaje clave porque actúa como puente entre distintos mundos: el pasado y el presente, lo real y lo simbólico. Él representa esa lealtad ingenua de la adolescencia, esa amistad que uno cree eterna. Su importancia radica en que ayuda a revelar capas de la historia que de otro modo permanecerían ocultas.
El escritor colombiano Yeiro Muñoz presenta su novela ‘El mensaje perdido’. Foto:Cortesía
¿Por qué la novela se desarrolla en Cali y Nueva York?
Me interesaba crear un diálogo entre dos tiempos y dos espacios que, aunque distintos, están profundamente conectados. Cali representa el origen, la memoria, lo emocional; Nueva York, en cambio, es el presente, la distancia, la reinterpretación de lo vivido. Esa tensión entre pasado y presente permite que el lector vaya armando la historia como un rompecabezas. Además, el vínculo entre estas dos ciudades, se genera, porque el crimen en Cali nunca fue un fenómeno aislado. Siempre ha estado conectado con mafias en grandes ciudades donde se materializan los negocios oscuros y precisamente Nueva York que es considerada la capital del mundo pertenece a esta descripción.
¿Cuáles son esos elementos sobrenaturales que se presentan en la novela?
Hablando de un personaje mítico de la ciudad y clave en la novela como lo es Buziraco, podría decir que es la sombra colectiva de la ciudad. No lo tomé como un mito religioso sino como un símbolo del mal que se repite. En la novela, su presencia es más psicológica que sobrenatural: es la voz del miedo que susurra en las calles, el rastro de lo que Cali quiere olvidar, pero no puede. Los elementos sobrenaturales u “ocultos” funcionan como una extensión de la realidad. En América Latina, lo mágico o lo inexplicable no necesariamente está separado de la vida cotidiana. Estos personajes y situaciones no están ahí solo para generar misterio, sino para cuestionar qué entendemos por realidad y hasta qué punto la memoria puede deformarla o ampliarla.
¿Qué influencias ha tenido como escritor?
Hay influencias diversas. Empezando por el cine, especialmente en la forma de construir escenas y atmósferas, repasé las películas de Martin Scorsese; como ‘Taxi Driver’, ‘Goodfellas’, ‘Mean Streets’. También tomé referencias de la obra cinematográfica de Brian de Palma: ‘Scarface’, ‘Carlitos Way’, ‘Los Intocables’, ‘Body doublé’. En lo literario, me interesan las obras que juegan con estructuras fragmentadas o con relatos dentro de relatos, de autores como Eduardo Sacheri, Javier Cercas, Ignacio Martinez Pison, Pablo Ramos, Sergio Olguin, Claudia Piñeiro, Vivian Gornik y John Banville y en cuanto a la música, me sirvió para marcar el ritmo narrativo y ahí estuvo presente la salsa de Hector Lavoe, Ruben Blades, Willie Colon y Roberto Roena.
¿La novela podría considerarse también un tributo a la salsa?
Sí, de alguna manera lo es. La salsa no es solo música en la novela, es una forma de entender la vida, el ritmo de las ciudades y las relaciones humanas. Tanto Cali como Nueva York tienen una tradición salsera muy fuerte, y quise que esa energía atravesara la narración. La música funciona casi como un hilo invisible que conecta los escenarios.
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