El regreso de Mauricio Toro al Congreso no ocurre en el mismo país que dejó. A tres meses de iniciar un nuevo periodo legislativo -que irá del 20 de julio de 2026 hasta el 2030-, el ambiente político está atravesado por balances de gobierno, tensiones sobre seguridad y una ciudadanía cada vez más escéptica frente a sus instituciones.
Reelegido en las últimas elecciones, Toro vuelve después de un paréntesis en el que dirigió el Icetex, con una mirada menos ingenua sobre el ejercicio del poder y más consciente del desgaste que implica.
En entrevista con la Escuela de Periodismo Multimedia EL TIEMPO, Toro habla desde la experiencia de haber pasado por el Congreso y por el Ejecutivo, en un momento en el que, según él mismo plantea, la política corre el riesgo de quedarse en el ruido y no en las soluciones.
Toro se posesionó como presidente en septiembre de 2022. Foto:Instagram: @maurotoroo
Volver después de perder no es lo mismo que llegar por primera vez. Hoy, ¿con qué mentalidad vuelve al Congreso?
La experiencia le va dando a uno elementos para entrar más pausado. Uno llega la primera vez con una cantidad de proyectos que son difíciles de sacar adelante, se dispersan muchos esfuerzos. Creo que llego con más experiencia y conocimiento para saber en qué puntualmente me tengo que enfocar. Exactamente qué debates tenemos que dar, los temas que profundamente desde mi corazón tenemos que lograr conversar en Colombia. La experiencia le permite a uno saber en qué no desgastarse tanto y en qué no perder tiempo, y sobre todo resistir el trote del Congreso de la República. Entonces llego repotenciado. Me sirvieron las vacaciones de cuatro años para repensarme muchas cosas y llego con muchos sueños.
Desde afuera, ser congresista se ve como poder y visibilidad. ¿Cómo es un día suyo?
Dios mío, la gente no sabe lo que hay detrás de esto. La gente dice “qué vagos, que no trabajan”, y hay algunos que no, claramente, pero también hay gente valiosa. Un día de una persona juiciosa implica llegar temprano a reuniones, preparar expedientes, antes físicos, ahora en iPad, y participar en debates. El Congreso tiene dos tipos de discusión: comisiones y plenaria. Todos los proyectos tienen que pasar cuatro debates: dos en Cámara y dos en Senado. Pero además hay mucho trabajo en territorio: ir a barrios, municipios, recoger insumos para los proyectos de ley, reuniones, medios, viajes. Es demasiado trabajo. También está lo humano. A uno se le restringen espacios de vida cotidiana. Si lo ven en una fiesta dicen que está gastando impuestos. Entonces la vida cambia mucho en términos de libertades. Hoy digo que me lo voy a tomar con más calma, siendo quien soy, pero con mucho afán de sacar proyectos adelante.
¿Sigue presente su perfil de innovación y emprendimiento? ¿Considera importante la presencia de perfiles técnicos en los gobiernos?
Es muy importante que lleguen más ciudadanos del sector privado a lo público, porque hay una visión distinta. Muchas decisiones se toman desde un escritorio en Bogotá sin ver la realidad del día a día del ciudadano. Voy a seguir con mi ADN emprendedor, sacando proyectos de ley que respondan a la ciudadanía y que sean propuestos por la ciudadanía. Tuve una iniciativa que quiero traer y la anuncio de una vez aquí porque no le he contado a nadie: se llama ‘Mauro, te invito a un tinto’ o ‘Venga le cuento’: se trata de invitar personas al Congreso a contarme ideas para cocrear proyectos de ley. Ese es el espíritu: crear las leyes que Colombia necesita desde las necesidades reales. Voy a seguir con ese ADN innovador que me ha traído de vuelta.
Mauricio Toro, representante a la Cámara por Bogotá. Foto:X: @MauroToroO
¿Cree usted que cambió su visión de la política una vez llegó al Congreso?
Sí, cambia todos los días. Hay veces que uno se desilusiona y otras que retoma la esperanza. Es un electrocardiograma de emociones. Uno entiende la crueldad del ejercicio político cuando se convierte en un ‘show’ y no en propuestas reales. Se señala al otro, pero ¿dónde está la discusión de los problemas de la ciudadanía? Creo que no podemos seguir permitiendo que esto sea un espectáculo que no responde a las necesidades reales. También aprendí a tender puentes. Una cosa es lo que se ve en televisión y otra lo que pasa en horas de debate. Todos tienen algo de humanos y hay que recurrir a eso para construir y agredirnos menos.
Como congresista y miembro de la población LGBTIQ+, ¿ha sentido estigmas o barreras dentro del Congreso por compartir su identidad?
Llegué prevenido, pensando que iba a ser un ambiente muy difícil, pero al inicio no fue así. Todo cambió cuando empecé a impulsar proyectos como el de eliminar las terapias de conversión. Ahí entendí que sigue siendo un Congreso conservador, homofóbico, que discrimina. No pudimos sacar adelante ese proyecto porque hay quienes creen que somos enfermos y necesitamos una cura. No estamos pidiendo más derechos que nadie, sino los mismos. Hoy el Congreso sigue sin entenderlo. La lucha va a seguir, aunque hayamos retrocedido en representación.
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¿Cómo percibe usted la unión entre las redes sociales y la política?
Siento que es una relación tóxica. Debería no ser tan importante para que la política vuelva a la calle. Hay personas elegidas que nunca han recorrido un territorio y hacen propuestas desconectadas de la realidad. Pero las redes son el único mecanismo para llegar a muchas personas. Entonces son un mal necesario. El problema es que se vuelven un espacio de agresión: gente que no te conoce te ataca y destruye. Se convirtieron en un ring de boxeo. A uno le toca tener fuerza para resistir. Es una relación dulce-amarga, pero necesaria.
¿El a la otra persona detrás de la pantalla fue lo que lo motivó a proponer la regulación de las plataformas digitales?
Más allá que yo haya propuesto, porque no propuse yo directamente regulación en las redes sociales, sí debería haber una reglamentación a todos los sistemas digitales. Es decir, crear un ejercicio que permita unas normas mínimas de uso de esas redes sociales, de esas plataformas, donde todas las personas tengan garantías y derechos. Hay que debatir hasta dónde va el derecho de destrozar, de alguna manera, a otros sin información. Yo no estoy de acuerdo con la prohibición del uso de redes para menores de edad, porque creo que igual las van a usar y que las redes también son un mecanismo para educarse. Esos debates hay que darlos, no hay que ‘enclosetar’ temas porque el Congreso se acostumbró fue al ‘no hablemos de eso’.
Mauricio Toro, expresidente del Icetex, junto al exministro de Educación, Alejandro Gaviria. Foto:Ministerio de Educación
¿Qué balance hace del gobierno actual?
Todos los gobiernos tienen aciertos y desaciertos. En mi paso por el Icetex logramos reducir tasas, aumentar colocación y mejorar condiciones. Eso fue positivo. También hay cosas buenas en el gobierno: reducción de pobreza, desempleo, inflación controlada. Pero la paz total fue un fracaso: pérdida de control territorial y debilitamiento de la fuerza pública. Hay problemas de transparencia y preocupación por el endeudamiento fiscal. Se han hecho cosas buenas y malas, y el próximo gobierno deberá aprender de ambas.
Para cerrar, ¿ya decidió por quién va a votar en las próximas elecciones?
Es una discusión que el partido está teniendo. He sido fajardista, he votado por Sergio Fajardo, creo en su forma de ver el país, aunque como candidato le falta emoción. Espero que sea una de las opciones en primera vuelta, pero no hay decisión aún. Se tomará colectivamente y, por eso, todavía no tengo una decisión. Vamos a ver qué pasa.
MARÍA ALEJANDRA MORENO FLÓREZ
Escuela de Periodismo Multimedia EL TIEMPO / Redacción Política
















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